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Templo de San Antonio de Pádua, hoy Catedral de Texcoco.

Historia

En general se considera al convento de San Antonio de Padua, en Texcoco, como el más antiguo de la Providencia del Santo Evangelio, después de San Francisco en la Ciudad de México. Efectivamente, fue hacia Texcoco donde, desde 1523, se dirigieron los primeros franciscanos llegados a México antes de los doce: Pedro de Gante, Juan de Ayora y Juan de Tecto.

Para escribir sobre la historia del convento debemos basarnos en las crónicas escritas entre el siglo XVI y XIX, y en los numerosos documentos dispersos en los archivos de la Ciudad de México ya que , por desgracia, de los archivos del convento solo quedan seis registros de bautizos celebrados entre 1670 y 1710.

A causa de  la escasa e imprecisa información existente, es difícil  conocer los datos sobre la fundación del convento y la construcción de los edificios definitivos. El Códice franciscano de 1569 no proporciona datos interesantes; señala sólo que vivían cinco religiosos en el convento y administraban diez a doce iglesias sujetas. Nada se menciona sobre la construcción del convento y de la iglesia que ya debía estar en proceso. En efecto, tal como lo reporta George Kubler, las obras que se asignaron a los indios de Calpulalpan tuvieron que suspenderse en 1576 a causa de las grandes dificultades sociales y económicas. Al respecto, es lamentable que en la única copia que se conserva de la Relación de Texcoco, redactada en 1580 por Juan Bautista Pomar, falten exactamente las últimas respuestas del cuestionario, sobre todo las relativas a las construcciones.

En su crónica escrita antes de 1692, Fr. Agustín de Vetancurt da algunos datos sobre los nombres de los monjes, que en ese entonces eran doce, a cerca de las veintinueve dependencias de los conventos, habla de  nueve cofradías en Texcoco; pero  nada aparece sobre la fundación del convento.

El padre Vera es quien proporciona, en 1880, los mejores informes; con base principalmente en lo escrito por Fr. Toribio Motolinía y Fr. Jerónimo de Mendieta, relata los siguientes hechos: el 2 de julio de 1524, día de la festividad de la Visitación de María, los franciscanos de la Ciudad de México decidieron enviar a cuatro religiosos para fundar en Texcoco el segundo convento de la orden. El primero de Enero de 1525 se rompen los ídolos, queman los templos y se inicia la construcción del convento, que se terminaría antes de 1585.

Subsiste cierta confusión y a los propios franciscanos se les planteaban algunas incertidumbres. Al respecto consultamos un documento de finales del siglo XVII, donde un religioso, encargado de buscar archivos auténticos sobre esta fundación, lamenta no haberlo logrado, asimismo, dice que el documento más antiguo de los archivos de Texcoco es un registro de bautizos empezado en 1582. A pesar de todo lo anterior, es válido pensar que el convento se fundó en 1524.

Con respecto a la construcción de la iglesia (templo) hay escasa información. Los primeros edificios del siglo XVI, provisionales y erigidos muy pronto, fueron sustituidos por construcciones más resistentes y hechas con más esmero en el transcurso de la segunda mitad del siglo. La construcción del templo se emprendió mucho antes de 1576, fecha de la suspensión de la obra. De acuerdo con el testimonio del padre Ponce ya estaba terminada cuando él visitó el convento en 1585 y él mismo señala que es el más antiguo de la Provincia. A juzgar por los elementos esculpidos, y vueltos a emplear en la portada lateral (porciúncula)  durante la reconstrucción del siglo XVII, esta iglesia debe haber sido magnífica.

Se sabe que el templo  estaba a punto de caer en ruinas en 1687, El Virrey,  Conde de la Monclava, pidió un informe sobre lo necesario para su reparación, y en 1688,  dió la autorización de demoler la vieja iglesia para reconstruir otra totalmente nueva. Además, los autos de visita de los ministros provinciales proporcionan información precisa sobre la evolución de la fábrica, ya bastante avanzada en abril de 1689, a punto de concluir desde finales de 1693 y terminada en el año de 1694, fecha confirmada por Fr. Agustín de Vetancurt en su crónica de la Nueva España donde califica a la iglesia de San Antonio como “aora nueva”. También se confirma esta fecha por la inscripción colocada arriba del nicho central de la portada lateral que versa como sigue: “siendo guardián N° R Pe Thomas Maisso, año de 1694”.

catedral02Las dos portadas y la torre, mencionadas con frecuencia en el análisis estilístico, datan de esta importante campaña de fábricas de finales del siglo XVII; probablemente la construcción de la torre se difirió hasta principios del siguiente siglo. Por haberse reducido considerablemente el atrio del convento por necesidades urbanísticas en el siglo XIX. En cuanto al convento, sigue siendo de la segunda mitad del siglo XVI pero con reformas considerables en los siglos XIX y XX.


Descripción

La planta de la Iglesia es de cruz latina con bóvedas de cañón arriba de los cuatro tramos de la única nave, de los cruceros y del ábside rectangular; una cúpula octagonal sobre pechinas cubre el crucero; y un coro arriba del porche.

Para el análisis estilístico se seleccionaron las dos portadas, en especial la principal, y en forma secundaria la torre que se levanta a la izquierda de la fachada y no lleva decorado. Consta de dos cuerpos principales de planta cuadrada, donde se abren vanos de medio punto flanqueados por pilastras lisas. La parte superior consta de un tercer cuerpo cuadrado de menos altura, con óculos circulares y rematados por un domo con linternilla.

La portada principal consta de dos cuerpos y un remate. El primer nivel se resume en un arco de medio punto encuadrado por pilastras de almohadillado que sostienen un entablamiento donde se alternan rosetones y triglifos; estos elementos, con excepción del follaje de las enjutas y del motivo de la clave del arco, constituyen la única decoración de este primer cuerpo.

Entre el primer cuerpo y el segundo se intercala una moldura de alféizar decorada con follaje muy esquemático y tarjas estilizadas en extremo. El segundo cuerpo propiamente dicho se organiza en torno a un nicho que guarda la estatua de San Antonio de Pádua. Las pilastras y las enjutas del arco que delimitan este nicho están decoradas con motivos vegetales y el conjunto esta rodeado de un marco acodado. A cada lado de esta composición se encuentra un motivo capital para la evolución de la decoración texcocana: un angelito que sostiene palmas, apoyado en la cabeza de un querubín y que parece detener la moldura de encuadramiento del nicho. Directamente por arriba de las pilastras del segundo cuerpo se encuentran otras más, ornadas con plastrones opuestos. El último cuerpo se presenta más complejo. Entre los pináculos que rematan las pilastras del segundo cuerpo, nace el frontón roto en cuyos brazos se aloja un óculo circular de doble encuadramiento, el primero circular y el segundo en forma de marco acodado delimitado por el cordón franciscano. Este encuadramiento está rematado por un frontón dibujado por dos volutas opuestas, decorado con un medallón en donde está grabado uno de los símbolos de la Orden Franciscana. Los brazos cruzados de San Francisco y de Cristo.

La portada lateral también consta de dos cuerpos y un remate. Pilastras y columnillas de la portada del siglo XVI flanquean el arco rebajado del primer cuerpo. La inspiración de esta decoración, admirablemente labrada en piedra, procede de los grutescos del Renacimiento europeo, pero cabe señalar un hecho curioso: las inscripciones que cubren las pilastras exteriores no tienen sentido por tratarse de letras del alfabeto dispuestas en orden, copiadas seguramente de un grabado o de un libro prestado por los franciscanos a los escultores indígenas.

El segundo cuerpo, más sobrio, se organiza en torno a tres nichos, hoy vacíos está rematado con la inscripción ya citada. El remate tribolado tiene un medallón labrado con el escudo de las cinco llagas y dos querubines como única decoración.
 

De los sacramentos en Texcoco

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Ubicación
Texcoco está a 26 Kilómetros del Distrito Federal y se encuentra en la parte noreste del estado de México.

Límites del Municipio de Texcoco
Limita al norte con los municipios de Atenco, Chiconcuac, Chiautla, Papalotla y Tepetlaoxtoc; al sur con Chimalhuacán, Chicoloapan e Ixtapaluca; al este con el estado de Puebla y al oeste con Nezahualcóyotl.

Historia
Antes de la llegada de los españoles, Texcoco fue capital del reino de Acolhuacan, una de las naciones mas poderosas del Anáhuac y residencia de los monarcas de los que se conocen catorce, distinguiéndose entre ellos Netzahualcóyotl, filósofo y poeta (1431-1472), que tuvo primero por capital a Tenayuca y luego a Texcoco.  La ciudad se hallaba dividida en  treinta barrios, y cada uno estaba destinado a un oficio o industria específica. El señorío había sido fundado en Texcoco a fines del siglo XIII por Quinatzin hijo del rey Chichimeca Tlotzin, que abrió sus Estados a los inmigrantes nahuas, contribuyendo así a engrandecer aquellos. Le sucedió Techotlalatzin que peleó con los tepanecas aliados con los demás pueblos del Anáhuac y extendió considerablemente sus posesiones. Su hijo Ixtlixochitl Ometoxtli fue derrotado y muerto por los tepanecas; pero el hijo de este Netzahualcóytl recobró el trono, le sucedió Netzahualpilli y luego Cacamatzin, que como sus dos predecesores fue aliado de los mexicas hasta la conquista. Ixtlixochitl último rey fue en cambio fiel aliado de Cortés quien encontró el país presa de las discordias internas y se valió de aquella alianza para hacer de Texcoco su base de operaciones donde botó sus bergantines para la conquista de México. El mismo Cortés residió en esta ciudad en una de las ocasiones en que se hallaba en conflicto con su rey español.

Fray Jerónimo de Mendieta , en una de sus crónicas nos refiere que para dar inicio a la evangelización después de la Conquista se dieron a la tarea de “derrocar y quemar los templos, y no parar hasta tenerlos todos echados por tierra, y los ídolos juntamente con ellos destruidos y asolados, aunque por ello se pusiesen en peligro de muerte, Cumpliéronlo así, comenzando a ponerlo por obra en Tezcuco, donde eran los templos muy hermosos y torreados, y esto fue el año de mil quinientos  y veinte y cinco, el primer día del año”.

La dispersión de los misioneros por el territorio de la Nueva España estuvo impulsada por el afán de abatir al paganismo en sus centros más importantes. Para este fin, lo mismo que para organizar mejor el trabajo apostólico, fueron a instalarse los religiosos en los más importantes lugares de culto idolátrico, o de gobierno. Es el caso de Tezcoco, Tlaxcala, Huejotzingo, Cholula, Tula, Huexotla. Había en estos centros de culto y política uno o varios teocallis, que, como era normal en la vieja religión, se hallaban colocados en lo alto de una construcción piramidal. Nada más oportuno pareció al misionero construir con las mismas piedras que formaban los basamentos piramidales (una vez demolidos éstos), su convento y su iglesia.

Las dos primeras escuelas que hubo en México fueron fundadas por franciscanos y hay que recalcarlo, éstas son también las primeras escuelas del Nuevo Mundo. La primera fue la fundada en Texcoco por Fray Pedro de Gante el año 1523, antes de la llegada de Los Doce y la segunda, la de San José de los Naturales en el convento de San Francisco en el centro de la Ciudad de México.

Fray Pedro de Gante nació por el año 1480, sin duda en Ayghem-Saint-Pierre, cerca de la ciudad de Gante (Bélgica). Llegó a México en 1523 y aquí vivió hasta su muerte el año 1577, en edad bien avanzada, sin haber regresado jamás a Europa, prodigando su acción apostólica en los campos más diferentes, y enseñando a leer y escribir a numerosas generaciones  de indios.

Es importante señalar que los religiosos no podían pasar por alto  la educación de las niñas. Dice Robert Ricard que: “Reunidas durante los primeros años, en los atrios como los niños, aprendían con ellos la doctrina, aunque en grupos separados, y cuando ellos se quedaban para el aprendizaje de artes, oficios, lectura y escritura, las niñas se retiraban a sus casas”.

Fray Juan de Zumárraga  consideró que aquello era muy poco para formarles el corazón y el carácter. Además era necesario preservar su virginidad. Para esto, de acuerdo Zumárraga con los franciscanos, fundaron lo que se puede llamar Colegio de Texcoco, en 1529.  Al respecto de esta escuela el  Padre  Mariano Cuevas en su “Historia de la Iglesia en México” dice : “En la ciudad de Texcoco, está una casa muy principal con gran cerca, y en ésta hay mucha cantidad de mujeres doncellas y viudas, hijas de señores y personas principales, que aunque no son monjas profesas, por ser como son indias, hay clausura, y allí tienen su iglesia muy buena, donde les dicen misa y les predican e informan de las cosas de nuestra fe católica. Tiénelas a cargo una matrona, mujer honrada de nuestra nación y de buen ejemplo”.

Los doce frailes llegados a México se repartieron en cuatro monasterios (México. Texcoco, Tlaxcala y Huejotzingo). Y desde estos cuatro monasterios, se atendía el trabajo de Evangelización de toda la  Nueva España. Estos conventos  se ubicabaron en los lugares mayormente poblados, además de que tuvieron que aprender la lengua de los indígenas que era diferente en cada región. El Convento de Texcoco atendía las poblaciones de  de Otumba, Tepepulco, Tulancingo, y otras.
Algunos frailes que habitaron el convento de San Antonio en Texcoco, fueron:

“Fray Toribio de Motolinia... volviendo después a esta Nueva España, y siendo guardián del Ciudad de Tezcuco, ovo una gran seca en toda la tierra, y los panes estaban muy bajos que no crecían por falta de agua, y quemados de los grandes soles”
“Fray Juan de Ribas, Morando en el convento de Tezcuco, día de S. Juan Baptista dijo misa con la mayor devoción que pudo. Otro día siguiente, que fue a veinte y cinco de Junio del año mil y quinientos y sesenta y dos, dio el alma a su Criador, estando con todo su juicio, y alabando el santísimo nombre de Jesús puesto de rodillas en tierra, y de pechos sobre su cama. Está sepultado en el mesmo convento de Tezcuco. Escribió algunos tratados en la lengua mexicana, y son: Doctrina cristiana o catecismo. Sermones dominicales de todo el año”.

“Fray Miguel de Garrobillas. Certificó un gran siervo de Dios amigo de este varón santo, y que fue su prelado y lo confesó generalmente, que no había sentido de él en su confesión haber conocido mujer en su vida, ni sabido que cosa era. Murió santamente en el Señor en edad decrépita de más de cien años, y está enterrado en el convento de Tezcuco”.(Crónicas de Fray Jerónimo de Mendieta)

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Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.