Texcoco, Méx., 07 de diciembre de 2016. A las 5:00 p.m. cerca de quinientas personas, entre sacerdotes, religiosas, seminaristas, institutos de vida consagrada y laicos se dieron cita en la Santa Iglesia Catedral de Texcoco para cantar alabanzas con amor y alegría en honor a la Virgen María, Madre de Dios, a través del himno Akáthistos. 

La celebración fue presidida por Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco, quién dirigió un mensaje de esperanza al Pueblo de Dios: “¡Salve, Aleluya! ¡Alégrate, Aleluya!... sigue llenándote de felicidad para que nos hagas felices también a nosotros. Parece que no pero es muy fácil perder la alegría, la alegría de Dios, la alegría de ser sus creaturas, la alegría de haber recibido tantos dones y beneficios, la alegría de la comunión, la alegría de la esperanza; por eso la invocamos a ella la toda perfecta y sin mancha, gracias a su Hijo, a su encarnación a su camino por la vida y a su muerte y resurrección. ¡Alégrate María! Para que no nos falte también a nosotros ese gozo de Dios esa entrega a Nuestro Señor. ¡Hágase en mí, según tu palabra!... en ninguna persona la palabra de Dios tuvo tanta vida, tanta lozanía como en la Santísima Virgen María por eso la iglesia, por eso nuestra diócesis dígale siempre ¡Alégrate!, sé feliz con Dios, con tu Hijo, pero también con nosotros; sé feliz para nosotros, enséñanos a ser felices, enséñanos a sonreír, enséñanos a acoger a Dios, a recibirlo como tú lo recibiste”.

Este himno antiquísimo constituye el fruto maduro de la más antigua tradición de la Iglesia en honor de María; es una llamada e invocación a la unidad de los cristianos bajo la guía de la Madre del Señor, pues recorre las etapas de su existencia y alaba los prodigios que el Todopoderoso realizó en ella: su concepción virginal, inicio y principio de la nueva creación, su maternidad divina y su participación en la misión de su Hijo, especialmente en los momentos de su pasión, muerte y resurrección.

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.