Homilía de Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco, durante la Misa Crismal

Martes Santo 2017 

¡Ustedes, santos para el Señor!

Mis queridos hermanos siempre será emocionante ver, escuchar, participar del Ministerio de los Sacerdotes. Hoy todos nosotros, los sacerdotes de esta Iglesia diocesana de Texcoco venimos a orar, venimos a ponernos bajo la mirada del Señor, como Abraham a quien el Señor le dijo: quédate siempre bajo mi mirada, quiero estarte viendo, quiero que estés ante mi rostro. Así hoy, nosotros los sacerdotes venimos humildemente ante el Señor para suplicarle nos conceda seguir sirviéndolo, nos siga llenando de su Espíritu, sobretodo de su Santidad para que nuestro trabajo, nuestra presencia en medio del pueblo, sea eso: un reflejo de Dios.

Tanto el profeta como el apóstol nos dicen con mucha claridad: “¡Santos para el Señor!”, que así les hablen, que así los conozcan, que así los sientan y que así los llamen, y que ustedes tengan tal calidad que se diga: son reino de sacerdotes para nuestro Dios. Un reino de personas que construyen la santidad para gloria de Dios.

Queridos hermanos, unido a esa palabra santa del Espíritu que nos ayuda a conservar esa dirección, esa esencia de santos para el Señor, quiero comentarles con mucho agrado que buscando esa preparación para el encuentro con los sacerdotes, le pregunté a una mamá que ha sufrido: ¿Tú qué les dirías a mis sacerdotes? pero dímelo en un renglón, una frase chiquita; no le pensó, cito textualmente sus palabras –como Palabra de Dios-: “Que sean la manifestación de Dios en este lugar”. 

Hoy existen manifestaciones desagradables, múltiples, muy feas del mal. El mal parece que se ha robado la escena pública; obras malas, desagradables están dominando el escenario nacional, los espacios por los que uno se mueve, llámense las calles, llámense las plazas, llámense otros pueblos, el transporte... se nos sobresaturó la manifestación del mal. Son abundantes esas manifestaciones y claro, siempre abusivas, exageradas y como que se han enrarecido las manifestaciones de Dios, de experiencias buenas, no digo que no hay, ¡no, por favor!

Hermanos, a eso venimos hoy los sacerdotes a recuperar, a llevarnos esa gracia, esa claridad, ese compromiso de que en nuestros espacios, en nuestras parroquias se manifieste el amor de Dios, la paz de Dios, su sabiduría infinita, su caricia, su dulzura tan favorable, tan recreadora para todos nosotros. Para ello, mis queridos hermanos, esta mañana, nosotros los sacerdotes hemos recordado que Jesús y sólo Jesús es la manifestación correcta de Dios. Jesús es la manifestación adecuada de Dios. Cristo es la manifestación humilde de Dios, inimaginablemente deliciosa de Dios, que arrodillado ante sus discípulos para mejorarles su ambiente de convivencia ofrece el agua, ofrece la caricia a sus pies, tal vez a la parte del cuerpo que menos se imaginaron, y nosotros los sacerdotes queremos recuperar, queremos aprender, queremos vivir así nuestro ministerio, con una actitud, con un espíritu bueno; que el pueblo de Dios disfrute, pues, la manifestación de Dios a través de nuestro servicio. Que nosotros sigamos, como Cristo, a través de nuestro servicio purificando al pueblo, quitándole esos pecados, esas experiencias amargas que se llaman el remordimiento, la ansiedad, la tristeza. Todos los seres humanos portamos situaciones íntimas muy dolorosas o penosas a las que nadie llega ni con métodos, ni con técnicas; se necesita a Dios, se necesita un poder, se necesita una misericordia que traspase toda conducta humana, todo instrumental humano y que nos haga sentir la mano amorosa, los brazos deliciosos del Padre que nos acepta y que nos purifica y que nos da un bálsamo, un perfume divino.

Hoy, pues, mis queridos hermanos a eso venimos, a suplicarle a nuestro Señor nos conceda esa manera, esa claridad de servicio que en nuestra Diócesis seguiremos tratando de ofrecer, que donde esté un sacerdote se sienta la presencia amorosamente llena de poder de Dios. Le vamos a pedir que nadie nos mire como jefes, o como capataces, o como jueces, o como dueños, o como negociantes, o como enemigos, o como personas ventajosas. Que el pueblo de Dios nos sienta amigos, sus amigos, sus confidentes, sus hermanos, un padre.

Así sea.

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1.- Comunión con su Obispo Juan Manuel

2.- Quédate siempre bajo mi mirada: Misa Crismal 2017

3.- Que el Señor nos conceda seguir sirviéndolo

4.- Reinauguración del comedor sacerdotal

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.