25° Aniversario Del Instituto Laico Al Servicio De La Pastoral En La Diócesis De Texcoco.

San Antonio de Padua

 Homilía Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de la Diocesis de Texcoco en la Fiesta de la Tierra, Ixtapan.

28 mayo 2017

Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.

Queridos hermanos, creo que es de las expresiones que nos deben llenar de más alegría, saber que nuestro Divino Señor desde la eternidad -Cristo- estuvo con Dios, escuchó a Dios, contempló a Dios, aprendió a Dios y recogió toda su santidad, toda su bondad, la claridad de sus proyectos. Por eso cuando Él viene, establece un nuevo estilo de vida. Jesucristo es una persona única, Jesucristo es una persona diferente, lo podemos ver en comunión con la tierra, la tierra humilde, sencilla; piensen dónde nació, en un pueblecito, en un pueblito, es más, a las orillas, es más en un corral, en un chiquero, y ahí la Santísima Virgen y San José lograron hacer una casa.

Imagínense que nosotros de veras fuéramos aprendiendo todo eso de Cristo, porque hoy nos han metido la idea de que todo se hace con dinero, que el progreso es dinero, que la ecología es dinero, que resolver el calentamiento global, universal, es dinero, y queridos hermanos con la vida de Cristo aprendemos que la mejor solución para cualquier problema es el amor de Dios, la sabiduría de Dios, la mejor solución es la comunión.

Miren, por ejemplo, aquí hay personas que han realizado proyectos muy bellos no con dinero, con esfuerzo, con trabajo, con mucho sacrificio, con estudio. Aquí hay jóvenes que han estudiado y que se han especializado en cómo tratar la tierra, como potenciar bien los productos de la tierra, eso ustedes hoy lo van a disfrutar a medida que avance nuestra jornada, van a ver como muchas cosas se hacen porque hay amor, porque hay armonía, porque hay buen espíritu, buena disposición.

Fíjense, Cristo, de hecho así se manejó, anduvo en las calles, anduvo en el mar, anduvo en las barquitas, anduvo en los surcos, anduvo entre los viñedos, entre los trigales, anduvo también en las familias, visitando las familias cuando tenían enfermos, cuando sufrían, se fue al monte, hay muchos textos donde él iba a la montaña, bueno, caminaba. Como nos hace falta a nosotros hacer así la vida, no que nos la hagan, no que a toda hora nos estén condicionando y diciendo qué tenemos que hacer, qué tenemos que comprar, a donde tenemos que ir. Nosotros a donde vayamos podemos hacer una casa para los demás, para Dios.

Desde el momento en que tú saludas, desde el momento en que tú sonríes estás haciendo un lugar muy agradable, más agradable que los palacios de los ricos, más agradable que los edificios de los poderosos. Cuando tú te acercas, cuando tú ofreces simpatía o empatía o como le llamen, estás haciendo hermoso el mundo, estás haciendo diferente la historia. Precisamente a ese poder se refería Jesús cuando él dijo “Me ha sido dado todo poder”, y ¿cómo lo vamos a emplear? En ustedes, para ustedes, muévanse, no se atonten, no se acalambren, no se queden paralizados, no se queden de flojillos ¡muévanse, caminen!, ¡busquen a la gente, convivan! dejen Jerusalén.

A mí me impresiona mucho que Cristo haya dado esa orden, yo creo que es la orden más difícil en la historia de las religiones, imagínense apenas empezaban a sentir lo bonito de Jerusalén, el templo, las construcciones, los adornos, los atrios, las peregrinaciones, las visitas, el turismo, y que les digan ¡no, váyanse! o que hayan dicho los ángeles ¡no está aquí, ha resucitado!, ahora la voluntad de Dios es que todos los hombres se conozcan, se traten, bajo la enseñanza, bajo los criterios, bajo el estilo de Cristo y de Dios.

Váyanse por todo el mundo, convivan, enseñen, busquen a las naciones, busquen a las gentes y también enseñen, platiquen del amor de Dios, investiguen, hagan discípulos, no solo emoción sino también cambio de vida, compromiso. Ahora el cielo está aquí, ahora el cielo se resuelve aquí, ahora el cielo se abre desde aquí, eso cómo deberíamos aprenderlo nosotros.

Cuando Cristo llegó, se acuerdan que, los ángeles bajaron cantando, celebrando, llenando de luz, iluminaron el lugar de los pastores, después cuando se bautizó todos vieron que se abre el cielo y baja el Espíritu Santo, cuando subió al monte el Padre Dios bajó y dijo “Este es mi hijo muy querido, yo estoy muy contento con él”.

Queridos hermanos, la misión universal de los cristianos se impone, los cristianos debemos ir, caminar, santificar, santificar las calles, santificar los valles, las montañas, los edificios, las escuelas, los talleres, los trabajos, las universidades, las iglesias, todo debemos santificarlo con el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Jesucristo pues, a nosotros nos comparte ese deseo de tener un mundo nuevo, un estilo de vida diferente, haciéndolo juntos, haciéndolo de acuerdo. De hecho en el Antiguo Testamento, en la historia de Israel, casi lo más importante era la alianza, alianza de Dios con su pueblo, ¿qué significa? que Dios quería caminar de acuerdo con su gente, con su pueblo. Ahora lo de Cristo se llama Nueva Alianza, hay un nuevo modo de ponernos de acuerdo con Dios, hay un nuevo estilo de ponernos de acuerdo entre nosotros.

Todos los desajustes, todos los desencuentros, la violencia, la crueldad, la dureza de corazón no es de Dios, y eso mata todo proyecto, eso mata animalitos, mata plantas, mata a los seres humanos. Lo único que levanta es la armonía, lo único que levanta es la convivencia, lo único que levanta son los acuerdos. A mí me ha gustado repetir aquella expresión de rey Netzahualcóyotl: Una persona vale cuando sostiene a otro, una persona vale cuando levanta a otro, y eso es Cristo. Hoy la iglesia lo adora subiendo al cielo, pues sube para llevarnos, sube para prepararnos una morada, una estancia, un cuarto, una habitación a todos; sube para nosotros, sube para interceder, sube para cuidar mejor a toda la humanidad a través del Espíritu Santo.

Queridos hermanos, démosle gracias a Dios porque hemos conocido a Jesucristo, que nos ha traído vida nueva, amor nuevo, sabiduría nueva, comunidades nuevas, démosle gracias a Dios porque en Cristo nunca se termina ese dinamismo. Siempre habrá una persona que necesite a Dios, siempre habrá una persona que necesite la amistad, siempre habrá una persona que necesite una mirada, siempre habrá una persona que necesite una escucha, una palabra. Vayan por todo el mundo, intégrense, santifiquen, bendigan a todas las naciones y piensen en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, pídanle al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo que los proteja, que los defienda, que los salve y que los anime.

Ofrezcamos esta sagrada Eucaristía mis queridos hermanos, para que nosotros descubramos la vida de Dios, que nosotros sepamos valorar la obra de Dios, que nosotros sepamos valorar lo que Él ha hecho en los corazones, y lo que Dios puede hacer en las mentalidades, y lo que Dios puede multiplicar en cada una de las personas cuando las amamos, las tomamos en cuenta, las invitamos, las respetamos, y suceden maravillas, las maravillas del poder de Dios. Así sea.

 

 

Domingo de la Santísima Trinidad

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.