“Yo les aseguro que los publicanos… y …. los precederán en el Reino de los Cielos…” Mt 21,31b

Como toda la enseñanza de Jesucristo, estas palabras conllevan una profunda verdad, estrujante, novedosa pero muy llena de consuelo.

Personas que nunca se imaginaron, verán a Dios. Mejor dicho, lo disfrutarán.

Jesús, como su Padre trae un recorrido especial, una trayectoria inimaginablemente rica, hermosa. Qué no ha visto Dios. Cuántas cosas, experiencias y acontecimientos no habrán pasado por sus divinos ojos, por su corazón.

Pues bien, es la razón por la que sus actitudes y conductas, sus opciones y su voluntad se mueven en un universo infinito de bondad y soberana libertad.

En realidad el Señor siempre nos dejará con la boca abierta. Su soberanía y majestad así lo indican.

¡Qué son para Dios las realidades humanas! ¡Qué son para Él los juicios, los traspiés y torceduras de los hombres!

De hecho, qué difícil es para cada ser humano mantenerse en pie. Cuán difícil ha sido para todos abrirnos paso por la vida…. ¡sólo Dios lo sabe!

Tal es la razón por la que nosotros – y ciertamente en esta vida- nunca estaremos en condiciones de juzgar a los demás, y mucho menos de justificarnos a nosotros mismos apelando a nuestra condición de religiosos.

            Para Jesús son otros, están en otras partes la precedencia y también la primacía:

  • En los que no comprendimos;
  • En los que no nos gustaban;
  • En los que no nos convencían;
  • En los que nos parecían perdidos;
  • En los que creíamos equivocados;
  • En los que tal vez nos escandalizaron.

Desde lo íntimo de su corazón les venían olas y olas de vivencias indecibles, inexplicables y nadie les tendía la mano. Bueno, tal vez sí, alguien. Alguien que vivía el mismo drama, el misterio de lo incomprensible. Tal vez un rato, un momento, o mucho tiempo; pero en la crudeza de la intemperie se les dio abrigo, una mano, una sonrisa.

Y eso no lo deberíamos marchitar, ojalá sí respetar, incluso agradecer. No ciertamente llamándolo matrimonio; posiblemente encuentro, ayuda, caricia: Misericordia.

Lo que se da a una persona, lo que se puede ofrecer a un hermano en desventaja; eso que se necesita con urgencia existencial, tiene un toque de lo alto.

Allí estaba Dios. También a ellos los alcanzaba su amor y su infinito poder.

Y tal vez con mayor vigor. Pues su caminar era más difícil, absurdo y peligroso, más incomprensible y doloroso. Y a ellos se les concedió, precisamente; porque no entendieron muchas cosas, no pudieron entenderlas.

Yo les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. Mt 5,20.

Os precederán….. La precedencia la tiene “la misericordia”, “la conversión” y “la amistad”, que no necesariamente tiene que ser pecaminosa.

Así es ante Dios.

¿No podremos hoy nosotros, en el corazón de Cristo hacer aquí y de una vez, ahora, dicha precedencia?:

  • Sólo eso.
  • No más.
  • Permitir su paso.
  • Dejarlos caminar un poco más, un poco mejor.

Y primero que nosotros, que ya tuvimos la dicha de saciarnos de su gracia y de sus gracias.

Esto sería construir una Iglesia con piedras que habíamos desechado cuando nos sentíamos constructores.

Como nos lo pide Papa Francisco, atrevernos a ser diferentes, incluso conflictivos, como lo fue Jesús, con tal de amar, de amar con ellos. Cfr. Mt 9,11.

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.