Homilía de Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco

31 de diciembre de 2017

“Presentarlo al Señor”. Mis queridos hermanos, toda la iglesia quiere hoy dar gracias por esa familia de Nazaret, de san José, de la Santísima Virgen, del niño, porque inspiran el amor reciproco de Dios. Un amor que busca siempre, un amor que exige la presencia del ser amado, un amor que es donación y gratuidad. Por eso, toda la Iglesia, hoy, quiere hacer una súplica muy grande por las familias, que aprendamos a relacionarnos con Dios, como Dios, que nosotros aprendamos del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, de esa relación tan tranquila y tan fecunda, que digamos ¡así son nuestras familias! ¡así se nos ha dado la vida!

La vida se nos ha regalado en reciprocidad, en encuentro, en amor, y en la medida que una persona aprenda a relacionarse correctamente, a ubicarse como el niño presentado ante el Señor, en esa medida las personas crecen, las personas se fortalecen, las personas se llenan de sabiduría, las personas recogen la gracia. Ese modo agradable de vivir, esa disposición siempre de aportar y no despojar a los demás, como en nuestro mundo se da tantas veces.

Por eso mis queridos hermanos, contemplemos hoy a la Sagrada Familia, contemplemos y pensemos por ejemplo en san José, cuántos momentos de prueba, de soledad, de angustia, cuántas crisis tuvo; él vivió momentos de una incertidumbre espantosa, no se podía explicar que la Santísima Virgen habiendo estado con él en noviazgo, en una relación tan llena de pureza, tuviera un hijo, y él no pensaba pues, poder con esa responsabilidad tan grande, y se quiso ir, pero triunfó su nobleza, triunfó su disciplina espiritual, triunfó su justicia, su fe, como en Abraham, que creyó aún contra las certezas humanas, contra las evidencias.

Lo vemos por ejemplo en Abraham, anciano, lleno de promesas pero sin hijos, sin el gozo de ofrecer a alguien que entienda, que lo entienda, y en donde él pueda vaciar los beneficios de Dios y luego su esposa igual; pero Nuestro Señor le regaló una fe tan grande, se fijaron hermanos como dice, “él creía que Dios tiene poder, no solo para dar vida, sino para resucitar a los muertos”, y creyó, y caminó, y entonces, si Dios le ha regalado una familia incontable, los cristianos, los judíos, los musulmanes, ciertamente nos sentimos vinculados a la única fe de Abraham en el Dios verdadero.

Mis queridos hermanos, el día de hoy pues, entorno a la Sagrada Familia, es un día en que hemos de renovar la fe. Si repasamos un poquito el año, puede parecernos pues, que muchas cosas no nos resultaron, muchas ilusiones no se llevaron a cabo, pero eran ilusiones inmediatas, materiales, y hoy Abraham, san José, padres de familia nos dicen que Dios está, que Dios no abandona, que Dios escucha, que es bueno que nosotros aprendamos a invocarlo, a enorgullecernos de Él, a sentirnos felices con Él, a recurrir a su presencia, a su poder. Acudan, acérquense a Él, invóquenlo, y el Señor no olvida sus promesas, y el Señor nos concederá algo mucho más grande de lo que han imaginado nuestras ideas y nuestro corazón.

Por eso el día de hoy entorno a la Sagrada Familia, tenemos estos modelos y además los modelos que nos ha regalado Dios en nuestras casas, yo les aseguro que siempre habrá un abuelo, un papá, el papá, una tía, un tío, una persona anciana, una persona que nos inspiró tanta armonía, que nos inspiró respeto, y que nos ayudó también a nosotros a tener mejores conductas, mejores actitudes.

En lo que se refiere a la Santísima Virgen mis queridos hermanos, sí, cómo se necesita el poder, la autoridad del papá, pero igual, la dulzura, la ternura, la caricia, la intimidad. Hoy toda la Iglesia suplica a Dios que en las familias no se acabe esa capacidad de ternura, esa capacidad de caricia, esa capacidad de delicadeza; que no se acabe esa mirada maternal, que no se acabe jamás la sonrisa, con la sonrisa nosotros podemos construir verdaderamente un hogar para nuestros semejantes, y porqué no decirlo, un espacio para Dios.

El niño mis queridos hermanos, pues nos habla de ese don gratuito de Dios, pero que merece, fíjense como se le recibe: José y María, después el templo forma parte de la integración familiar, los ancianos, los maestros, las catequistas, como la profetisa, que también colabora en las bendiciones en favor de ese niño. 

Así hemos de entender la vida, familia pequeña, familia más grande, familia espiritual, familia comunitaria, familia nacional, o en nosotros por ejemplo, debemos reforzar mucho el sentido de familia mexicana, porque se nos está resquebrajando tanto el amor a la patria, la dignidad patria, el honor patrio, todo el sentido de una gran comunión para que todos, pues crezcamos y seamos como dice el texto del niño Jesús “fuerte, sabio, agradable a Dios”. Que así sea en las familias de todos ustedes queridos hermanos, que nadie pierda estas características que Jesús vino sin duda alguna, también a ofrecernos a nosotros. Así sea.

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.