Homilía Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo De Texcoco

01 de enero de 2018

“En aquel tiempo, el Señor habló a Moisés y le dijo: Bendice a mi pueblo”. Simplemente eso mis queridos hermanos, saludarlos, bendecirlos, como es la voluntad de Dios, como es el proyecto de Dios, que todos nosotros, todos ustedes, recuerden hoy, el carácter exclusivamente divino de nuestra existencia, eso quiere decir bendecir, que tú no vienes de fuerzas oscuras, tú no procedes del absurdo, tú procedes del amor, tú procedes de un proyecto que como Dios es infinito, como Dios es eterno.

Por eso “bendecir” significa que se vuelva a asegurar, que se vuelva transmitir, y que incluso, aumente el dinamismo divino en nuestras vidas. Porque cuántas veces pues nos desinflamos, cuántas veces se nos acaban las ganas, cuántas veces los recursos se van haciendo limitados. La bendición mis queridos hermanos, es garantizarte que la sustancia de tu vida, el fundamento grande de tu existir, está en las manos de Dios, por eso quiero bendecirlos de todo corazón. No se trata de un deseo del sacerdote o del rey en aquellos tiempos en que Israel peregrinaba, se trata verdaderamente de abrir el cielo en favor de las personas, se trata de atraer la mirada de Dios en una forma intensa, pero también, que encuentre respuesta, que encuentre un eco verdaderamente espiritual en la vida de todos nosotros.

Un ejemplo de personas que han sido bendecidas por Dios: los pastores. Nunca se esperaron que en la oscuridad, a la hora más difícil, cuando no sucede nada, cuando no se oye nada, no se ve nada, se abriera el cielo ¡y el cielo se abrió para los pastores!, por eso también el Señor le decía a Moisés: “El Señor te proteja, el Señor te bendiga, el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti”. Pido a Nuestro Señor eso, que en la tiniebla, en la oscuridad, a ustedes les llegue la luz, la luz celestial, la luz divina, la luz del consuelo, la luz de la fortaleza, la luz de la misericordia, y que ustedes como los pastores, se sientan felices, radiantes, y se sientan también amadísimos, tomados en cuenta, saludados, como lo hizo el ángel, y ellos por eso se fueron corriendo a buscar al niño.

Ahí viene también otra parte, la segunda de la bendición, que tú respondas, que tú también te involucres en las cosas de Dios, en los proyectos de Dios, en la palabra, en los deseos de Nuestro Divino Señor. Los pastores se involucraron, y los pastores obedecieron, y los pastores colaboraron, y los pastores..., quién se iba a imaginar, se convirtieron maestros espirituales, evangelizadores, misioneros, se convirtieron en salud, se convirtieron en felicidad, porque ellos creyeron y también ellos aumentaron la gracia de Dios en sus personas, cumplidos estos acontecimientos ellos se regresan a sus campos.

Fíjense hermanos, ya ahorita todos nosotros tenemos ese sabor de regreso a nuestros hogares, o a nuestros trabajos, a nuestros quehaceres; hay que hacerlo benditos, hay que hacerlo llenos del amor, llenos de la alegría, llenos de los sentimientos de Cristo; ellos se volvieron a sus campos alabando y glorificando a Dios. Así nosotros, nuestro trabajo merece la alegría, nuestros trabajos, las personas que estén con nosotros merecen un toque diferente, un trato especial, nuestros ambientes los vamos a ir haciendo nosotros.

En el recorrido que hagamos seamos una bendición, seamos paz, seamos una garantía, no nos convirtamos en amenaza, en rechazo, en peligro; como los pastores, regresamos a nuestros campos de trabajo alabando y glorificando a Dios por todo lo que Él ha hecho, por todo lo que Él nos ha dado. Y también mis queridos hermanos como la Santísima Virgen, saber guardar en el corazón el tesoro de la fe, saber guardar en el alma, llevar en la conciencia el don de Dios, la capacidad de recibir, la capacidad de hablar, de comunicarnos con mucha sencillez, con mucha confianza con Dios nuestro Padre.

Los bendigo mis queridos hermanos, la vida de ustedes es preciosa porque Nuestro Señor se las ha dado, hoy quiere purificar, hoy quiere ennoblecer, hoy quiere mejorar, hoy quiere aumentar todas las bendiciones que te ha dado. Cree, confía, recoge, transmite; gratuitamente hemos recibido esto, gratuitamente lo seguiremos dando. Así sea.

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.