Homilía Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo De Texcoco

21 de enero de 2018

“El tiempo se ha cumplido”.

Queridos hermanos, cómo es natural, cómo es frecuente que nosotros platiquemos del tiempo, de la época, de este hoy que nos ha tocado vivir, y por lo general los comentarios, pues son, muchos problemas, ¡puros problemas! decía un señor, si uno escucha, si uno ve, puros problemas, si uno se encuentra, si uno platica, puros problemas.

Bueno, lo digo así por entrar a la primera palabra de Jesús, cuando propiamente Él comienza a ofrecer su servicio, cuando Él se va a encarnar en una forma muy intensa en medio del pueblo, y comienza con esta gran noticia, los tiempos van a cambiar, estos tiempos difíciles, absurdos, oscuros, van a cambiar; todos los desencuentros, todos los abusos, todos los caprichos, todo el desorden en que ustedes viven, va a cambiar. Habrá tiempos nuevos, mundo nuevo, orden nuevo, mentalidad distinta, estilo, espíritu nuevo, ¿por qué?, porque se acerca Dios, porque el Padre Celestial viene a caminar, a estar con ustedes.

La dureza, el desconcierto de los tiempos, se debe al distanciamiento, al abandono de Dios, nosotros nos alejamos de Él, bueno, Él también, si no queremos, se percibe como un Dios muy lejano, como un Dios, ya lo sabemos, que por lo general, o no nos interesa, o nos trae todavía mayores angustias porque es justo, porque es juez, porque es poderoso. Pero queridos hermanos, Jesucristo trae esa excelente noticia: los tiempos van a cambiar, Dios los va a cambiar, Dios va a estar con ustedes, Dios los va a purificar, a mejorar, a transformar. Dios les va a dar sabiduría, ya no van a ser necios, caprichudos y egoístas, Dios les va a dar su bondad, ustedes van a ser buenos; si viene como un Dios bueno, nosotros nos contagiaremos, nos empaparemos de su bondad, si es un Dios sabio, nosotros también dejaremos de ser necios, también nosotros dejaremos todo lo que es ignorancia.

Como se sufre con la ignorancia, como se abusa, como se han cometido injusticias, porque las personas no saben, no saben cómo defenderse, no saben ¿cómo, a dónde acudir?, y todo por ignorancia, como nos enfermamos por ignorancia, ¿cuántas veces? ¡ay, si hubiera sabido! si hubiera sabido; hace poco me decía una persona: yo no sabía que me hacía mal esto, y esto, y esto, y esto, y nunca podía salir de mis males, ahora me hicieron unos análisis y ya me explicaron que es que a mí me está haciendo daño esto y esto, y esto y esto, si hubiera sabido.

Queridos hermanos, esa es la noticia que trae Jesús, Jesucristo nos dice Dios va a estar, bueno, monitoreando la vida, enriqueciendo la vida, rescatando todos los recursos de la vida; y viene como rey, viene con poder, viene con estrategias, viene con medidas, viene con eficiencia, hasta la fecha bueno, se ve que no le creemos mucho.

Ustedes recuerden en las etapas de la historia de la iglesia, en las etapas del del cristianismo, cuando la fe era universal, era comunitaria, era de los pueblos, de los estados, de las ciudades, ustedes lo saben queridos hermanos, se llenaron de luz las comunidades, salimos por decirlo así, de la Edad Media, donde muros, castillos, fortalezas, encerramiento, estrecheces; vino el Renacimiento, sin duda inspirado en el cristianismo, vino el Renacimiento y se abrieron las ciudades, se ampliaron las calles, aparecieron las grandes avenidas, los edificios públicos, unas plazas espléndidas, maravillosas y claro, edificios, catedrales, iglesias, arquitectura, escultura, música, nos llenamos de luz, nos llenamos de referencias muy agradables porque estábamos inspirados verdaderamente en Jesucristo, nos dejábamos llenar de su buen gusto, de su hermosura y de su belleza.

Jesucristo, pues, nos dice que se puede vivir de otra manera ¿cómo?: Abriendo el corazón a Dios, disponiéndonos, Él utiliza una palabra que en griego es “colaboren” y desde dentro, con una nueva mentalidad, con nuevos sentimientos, con nuevo corazón, con sabiduría, colaboren, reconozcan que muchas cosas están mal por ustedes, porque ustedes también se han portado mal; en este caso yo debo decir: que saludable el evangelio, que me purifica, que me hace llamados de atención, que me re conviene, que me ayuda a detenerme, ya al menos detenernos en muchas cosas; hay que frenarnos, hay que pone un alto, y luego, ya cuando el carro se detuvo, ya puedes examinarlo, ver, en qué condiciones esta ¿qué le falta, por qué está haciendo tales ruidos, porqué ya no avanza o por qué no obedece? y así. ¡Conviértanse! ¡arrepiéntanse!, ubiquen en que están mal, en que área están fallando, que cosas los están dañando, o con que están haciendo mal ustedes, ¡arrepiéntanse, examínense!.

Ustedes saben que hoy este esquema no funciona en el mundo, la charola, la charola de los derechos humanos, se nos ha presentado en bandeja de plata, y todos nos fuimos, pero de pechito hacia esa bandeja de los derechos humanos, ¡espérate! primero conoce, los mismos griegos, “conócete a ti mismo”, primero ubícate tú, primero valórate tú, primero pon lo que a ti te toca, lo que tú tienes, para que lo tienes. Arrepiéntanse, deténganse, corríjanse, hagan mejor las cosas, ofrezcan mejores servicios, atiendan mejor sus responsabilidades; son tantas las áreas que se descuidan, esta desde la pereza, esta desde la soberbia, esta desde la avaricia, esta desde la ira.

Cuantas veces hoy, pues vemos un nerviosismo social, ya casi una esquizofrenia, de cualquier cosa se nos ponen los pelos de punta, y reaccionamos y ya pensamos mal, y ya actuamos sin pensar las cosas, y después nos arrepentimos tal vez, o seguimos encaprichados ¡tú dale, tú no te fijes!; hermanos, que saludable venir a la iglesia y escuchar, reaprender la gracia, la santidad, la hermosura de la vida. Bueno, podemos decir, porque Dios está con nosotros.

Fíjense aquí en México desde el 1800, se nos hizo fácil el liberalismo, la masonería, el ateísmo, caminar sin Dios, el positivismo: ¡y se puede vivir sin Dios! ¡escuela laica! no importa, familia laica, ya vamos en familia laica, sin Dios podemos, sí podemos pero caemos en un hoyo, caemos en el absurdo, caemos en las equivocaciones, en los desencuentros, al final en mucha amargura, en mucha insatisfacción.

“Y vénganse conmigo, decía Cristo, Dios se presenta con ustedes, Dios estará estrechamente comprometido con ustedes y yo refuerzo la presencia de Dios”, “¡vénganse conmigo! y yo los haré, y yo los cambiaré, yo les daré un corazón nuevo, un espíritu nuevo”, y Jesús invita, y Jesús atrae, junta a sus discípulos, que es lo que somos todos los bautizados; todos los bautizados hemos sido llamados, se nos miró con cariño, con interés, compromiso de parte de Dios y por eso se nos dio el bautismo.

Vean los elementos tan sencillos del bautismo, repasémoslos: Agua, para que tú seas una persona limpia, para que tú expreses frescura en tus relaciones humanas; se te dio una vestidura blanca, para que tú no seas una persona sucia, tenebrosa, también por eso se te dio la luz, para que no andes con las obras de las tinieblas, sino que seas luz, siempre: yo soy fulano de tal, yo vivo aquí, yo trabajo en esto, yo te puedo servir de esta manera; luz, seguridad; perfume, cuantas veces suceden cosas muy desagradables, bueno, el cristiano lleva el suave olor, el atractivo, la belleza de la vida, del corazón, de la conducta.

Bueno mis queridos hermanos, y todavía esto lo refuerza, la presencia de otros amigos, Pedro, Santiago y Juan, los discípulos, los que acompañan a Jesús, los que entienden su mensaje, los que quieren vivir de esa manera, en la iglesia hoy se llama, “la iglesia católica”, ojalá nosotros la disfrutemos, la amemos, la cuidemos, la embellezcamos, ojalá vivamos una emoción inmensa como los judíos con Jerusalén, que nada más les decían vamos a Jerusalén y se volvían locos de gusto, así nosotros hacia la iglesia, hacia Dios, nunca con los pies en rastra, nunca de mala gana, gozosos, dispuestos, abiertos de corazón.

Y bueno, termino con estas dos palabras: “En Cristo y con Dios como Padre, con nuestra comunidad, llega la armonía”, armonía interior, en la familia también, en la sociedad, ¡armonía! felicidad, dichosos, van a ser felices cuando perdonen; van a ser felices cuando no exageren las miserias ajenas y perdonen; van a ser felices, muy felices cuando sean misericordiosos, comprensivos; van a ser felices cuando su corazón sea limpio, sea puro. “Bienaventurados los limpios de corazón”, bienaventurados cuando ustedes trabajen porque haya más justicia; dichosos ustedes si no se dejan envolver por la fascinación de las riquezas, del dinero, y se acercan delicadamente, pobremente con los demás, con Dios, van a ser muy felices.

Y así queridos hermanos, el esquema de Cristo, hoy el evangelio lo recalca en una forma preciosa, es la vida, y una vida buena, agradable, una vida sana, una vida constructiva, edificante, feliz. Así sea.

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.