“Enseñaba, y quedaban extasiados sobre la doctrina de Él”.

Queridos hermanos, quien se iba a imaginar que con el paso del tiempo Dios nos iba a regalar un profeta, más que profeta, comparable a Moisés.

En la época de Moisés, en un tiempo, Dios habló al pueblo directamente, y el pueblo se asustó muchísimo, y por lo mismo reclamó, no le gustó, no quería que Dios hablara como Él es, lleno de majestad, de señorío y de poder. El pueblo le dice a Moisés: “no queremos volver a escuchar la voz del Señor, nuestro Dios. No queremos volver a ver otra vez ese gran fuego, vamos a morir”. Nuestro Señor accedió, y dice: “está bien, yo haré surgir en medio de ustedes, en medio de sus hermanos, un profeta como tú, y pondré en él mis palabras, depositaré en su boca lo que tenga que decirles; el que lo escuche, vivirá, y al que no lo escuche, le pediré cuentas”.

Ahora, queridos hermanos, Nuestro Señor, de la forma más humilde y discreta va a la sinagoga, a las sinagogas, va a Nazaret, fue a Cafarnaúm, Betsaida, y así, la lista es grande; y aprendemos algo muy grande de Jesús: este profeta hermano, este profeta como el pueblo, con el pueblo. En primer lugar, aprendamos que esa era su costumbre, buscar el lugar de Dios, adorar a Dios como ustedes lo hacen, que buscan la Iglesia para adorar, para escuchar, para hablar con Dios, compartir la fe con sus hermanos, así era Jesús. Y entonces, aquí nosotros recogemos: cómo es importante tener buenas costumbres, cómo es importante hacer un estilo de vida ordenado, con referencias, con apoyos, ante todo con el apoyo divino, tener, contar, buscar el apoyo de Dios.

En definitiva, eso es lo que hacía el pueblo de Dios, eso es lo que hizo Jesús, y quiero resaltar un aspecto, me parece valioso para nosotros, y es: la sinagoga, hoy por la arqueología, hemos conocido varias sinagogas y, al final, son espacios muy pequeñitos, pequeños, y para Jesús estaba bien, para Jesús eso no incomodaba, Él iba, se mezclaba con el pueblo, aprovechaba los canales, los sistemas comunitarios, familiares, usaba precisamente lo que había, aprovechaba lo que se tenía. Hoy acuérdense hermanos, que nosotros siempre estamos buscando el lugar ideal, la ocasión ideal, y así se nos puede ir la vida, esperando tiempos, esperando cosas que no vendrán, que no están, que no se dan; qué bonito es entender la vida como Jesús, con esto, aquí, con ellos, yo puedo ofrecer la experiencia de Dios.

Me gusta mucho que en esta navidad, entre nosotros se hacía la reflexión; la Sagrada Familia, san José, la Santísima Virgen son un modelo de cómo cuando se ama a Dios, cuando se obedece a Dios, cualquier espacio, a cualquier hora, en cualquier lugar podemos hacer un hogar, hacer un clima, hacer un espacio sobrenatural, acogedor y, san José y la Santísima Virgen, en las afueras de un pueblito, en un chiquero, en un corral pudieron establecer una casita. Cuántas veces nosotros pues, ¡no, hasta que no termines!, ¡hasta que no esté bien!, ¡hasta que no me cumplan con esto, hasta que…!

Me da mucho gusto que estos jóvenes están estudiando, se están formando en nuestras universidades, en lo que tenemos, en lo que hay; el gran secreto va a ser la disponibilidad, la fortaleza, el sacrificio de ellos, de sus papás, para hacer de los espacios académicos, toda una trayectoria científica, una trayectoria brillante, porqué no, de servicio, de obras buenas en favor de nuestro pueblo. Por eso resalto el hecho de que Jesús entró a un lugarcito chiquito, modesto, llamado “la sinagoga” y ahí comenzó a establecer el reino de Dios, y se nota que es el reino de Dios que es el que se establece, cuando nosotros ponemos lo mejor, cuando estamos disponibles, cuando somos canales de Dios.

Encontró ahí un hombre con un espíritu sucio, con un espíritu inmundo, y entonces Nuestro Señor ahí realiza su primer milagro, según el Evangelio de san Marcos, esta será la primera señal grandísima del poder amoroso de Jesús. Y bueno, aparece mis queridos hermanos, que ahora el hombre, el ser humano está sucio, se ha contaminado, se ha adulterado, y vean cómo todo eso no solo pasa, digamos, en las realidades terrenas, materiales. Aquí seguido aparecen noticias: hay tantas botellas de esto que están adulteradas, hay tal producto que está adulterado, hay tantos billetes que están falsificados, y hay tantas medicinas que no tienen la dosis correspondiente, necesaria; vemos cómo es, por desgracia, algo muy humano, adulterar, cambiar, aprovecharse de, conflictuar, ensuciar.

Como que fue lo primero que Cristo hizo, fue el primer encuentro; Cristo ha venido a purificarnos, Cristo ha venido a hacernos auténticos, Cristo ha venido a hacernos limpios, a jugar limpios, a jugar derecho; Él mismo, lo primero que hizo: “bautizarse”. El bautista no entendía, y Él quiso dar esa señal de que su trayectoria iba a ser muy limpia, Él entraba fresquecito, limpio al servicio religioso, al servicio público, Él no iba a entrar de cualquier manera, como que eso es lo que a nosotros tanto nos hace falta; si te acercas a estudiar, ve con recta intención, con buena disposición; si te vas a casar, juega limpio, ve limpio, se autentico, di la verdad, camina con la honestidad. Así entró Jesús, y esa fue la primera señal que nos regaló, fue como la primera gracia y beneficio que nos dejó: salir de ese mundo revuelto, conflictivo, problemático, en donde no sabes a qué atenerte, en donde son estridencias y problemas muy graves, Nuestro Señor lo hace que recupere la pureza, la paz, la autenticidad.

Pues queridos hermanos cómo necesitamos utilizar los dones, los esquemas, los lugares, los ministros auténticos de Dios para encontrar la vida, para fortalecernos, para acceder a la verdad infinita, a la sabiduría, a la salud; teniendo esa coincidencia, esa coordinación, esa armonía con Dios. Mis queridos hermanos pues, se reducen todas nuestras conflictividades, nuestra actitud tan agresiva, tan incómoda de que todo nos molesta, todo nos hace ruido y todo nos desequilibra. Necesitamos la palabra, necesitamos el espíritu, necesitamos la acción de Jesús a través de los medios tan naturales, tan sencillos, como son nuestras familias, el escuchar a los mayores, la Sagrada Escritura, estar con la comunidad allí donde se reúne a alabar a Dios. Así sea.

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.