Homilía Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco

29 de abril de 2018.

   “Yo soy la vid, la verdadera, permanezcan en mí, darán mucho fruto”.

Mis queridos hermanos, Nuestro Señor inicia su ministerio presentándose como el “sembrador”, y un sembrador diferente, no como todos los sembradores del mundo, lo recordamos con emoción; Él sembró sobre las piedras, sobre las espinas, sobre los caminos, y sobre tierra buena; o sea, ese sembrador es diferente, ¿quién siembra sobre la piedras, quién siembra entre espinas?

Es porque Cristo sembraba la palabra y había personas muy superficiales como los caminos ‹‹ ¡sí! sigue, sigue predicando, que te vaya bien, vas bien, adelante›› como los griegos; otros duros, duros de corazón como nosotros muchas veces así nos portamos, que la palabra se nos resbala, se escurre, se va; otros como las espinas, Cristo tuvo personas tan agresivas que a la primera le contestaban, lo ridiculizaban, lo despreciaban, y sin embargo Él les regalaba la semilla de la palabra.

Bueno, ese gran sembrador mis queridos hermanos al final de su vida, nos regala un pan en la Sagrada Eucaristía, ese sembrador tomo siembra, cosecha, hace el pan y lo comparte, y nos enseña a compartir, y nos dice que ese es el itinerario de la vida, sembrar, cultivar, para tener que dar, que compartir, como ayudar hasta el punto de ‹‹esto es mi cuerpo, me entrego, se los entrego, es de ustedes›› y hoy viñador, hoy vid y nosotros sus ramitas, nosotros sus racimos; y nos dejó con una copa de vino bendiciendo, adorando, queriendo ser felices junto con los demás.

El vino produce esos efectos tan agradables de salir, subir, sobre nuestras condiciones y nuestras circunstancias muchas veces amargas, tristes, cuando dices ¡salud! entra algo bonito en tu cuerpo, en tu mente, en tu sangre, en tu espíritu y te elevas, como dicen ¡pues, se me olvidan las penas! ¡pues seguimos, me vale!, bueno, en este sentido es bonito que Nuestro Señor nos deja en pocas palabras, bien armados, felices; y para ello pone esta comparación del arbolito se llama la vid y las ramitas, y es muy agradable, es como san Pablo que diría “Cristo es la cabeza y nosotros somos sus miembros”.

En pocas palabras unidos estrecha, profundamente unidos a Dios, tenemos vida y damos fruto: hacemos cosas buenas, sabias, oportunas, valiosas, eso es lo que quiere decir cuando nos compara con las ramitas, con los racimos porque quiere que demos no solo mucho fruto, sino más fruto, mucha calidad; de hecho Él se llama: la vid genuina, no adulterada. Hoy existen muchas bebidas adulteradas, hoy estamos especializándonos en adulterar, a veces aquí se comenta que en ciertos lugares se adultera la ropa, que se adulteran los productos; por ejemplo en León pues los zapatos, y así hay muchísimas cosas, muchos vinos adulterados ¡no! Jesús autentico de Dios, Divinamente certificado que nos da pues, vida, energía, vinculación con lo bueno, con lo sagrado, con lo perdurable, como dije en pocas palabras con Dios, y además, además de esa vida, además de esa sabia y esa energía fruto.

Bueno queridos hermanos, a ver si nos deteneos en esto, ¿cuántas veces la vida se nos puede pasar con mediocridad, irresponsabilidad, sonámbulos, pies arrastrados ¡no! hay que dar fruto, hay que producir, hay que ser eficientes; a mí por ejemplo me emociona ver un estudiante porque ese es un hombre de futuro, de visión, muchos niños o jóvenes no quieren estudiar, se les hace fácil ya, subirse a un taxi, se les hace fácil agarrar un trabajo, si está bien, pero no vas a aprender el don de la paciencia, la mirada de futuro, el espíritu de sacrificio, la inversión para lo más grande, para algo mejor, te vas a perder el encuentro, el roce, la capacidad de comprender mentalidades distintas, conductas diferentes, incluso absurdas, incluso dañinas; un estudiante sortea, así como tiene muy buenos maestros y muy buenos compañeros, también tiene compañeros y maestros muy malos, incluso a veces llegamos a tener experiencias perversas, pero los buenos estudiantes van superando y aprenden a que esa es la vida y que se puede superar y que se puede seguir y que se puede crecer a pesar de lo que tengas en contra. Y hay cosas que de momento no entiendes, hay cosas con las que de momento no puedes, pero llega el tiempo en que aparecen el trabajo, los beneficios, el reconocimiento, los frutos.

Frutos, que demos frutos, todavía mientras estemos en este mundo, en esta realidad podemos dar más, podemos ser mejores con Cristo, gracias a Cristo ‹‹sin mí no pueden, sin mí todo se les apaga›› el entusiasmo, la claridad, la sabiduría, la emoción se les va ‹‹sin mí no pueden nada›› decía Jesús:”Permanezcan en mí”. Vean hermanos vamos pidiéndole eso, que aprendamos a permanecer en la bondad, en la rectitud, en la santidad; todos tenemos peligros y resbalones pero hoy el evangelio nos recuerda: no pídele que tú permanezcas, que tú sigas, que no te dejes, que estés ahí.

Y quiero también resaltar esta expresión tan bella de Cristo ‹‹Y no se les olvide, ustedes están limpios por la palabra que yo les he dado››. Cuanto bien nos hace una palabra buena, como les he dicho saludar, sonreír, acercarse, dialogar, escuchar. Si una palabra humana, imagínense como cambia una palabra del jefe de la fábrica que te dice “vente, trabaja aquí, ven”, en la universidad, ahorita que yo llegaba aquí a misa una persona me decía: Obispo quiero entrar a la universidad, haz oración por mí, ya nada más falta que me digan ven, una palabra humana cambia la vida, hace historia, hace una narrativa, hace todo un proyecto.

Ahora imagínense la palabra de Jesús, bueno lo digo porque hay veces que uno no quiere venir a la iglesia, porque se siente mal, sucio, pecador, ¡no! pues precisamente ven y escucha la palabra de Jesús, y la palabra de Jesús te purifica, la palabra de Jesús te cambia, la palabra de Jesús te da lo que te faltaba, la palabra de Jesús incluso te adorna, “Ustedes están limpios por la palabra que yo les he dado”. Escuchemos la palabra, seremos mejores, estaremos más aseados en el alma, en las mentalidades, en el corazón. Así sea.

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.