Homilía Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco

13 de mayo de 2018.

“Harán estas señales en ni nombre”.

Mis queridos hermanos, toda la Iglesia hoy se concentra en un aspecto bellísimo de Jesús: “subió, se elevó, fue llevado por Dios, Él también con su propio poder sube a lo más alto de los cielos.” Nunca olvidemos a san Agustín que decía siempre en estos domingos “sube hoy Cristo a lo más alto de los cielos, suba también nuestro corazón para gloria suya”.

Hermanos, por eso comienzo con algo muy sencillo para ustedes y para mí, si algo hemos de agradecer a Cristo, es que nos enseñó a levantar los ojos al cielo. Está mandado que el sacerdote cuando celebra la Sagrada Eucaristía no se vaya a ir, sin levantar los ojos al cielo, ese detalle por ejemplo está en el momento de la Consagración, cuando el sacerdote en la persona de Cristo tomó pan, te bendijo, te dio gracias y luego lo partió, lo distribuyó. Y porqué no decir, Cristo nos enseñó a levantar los ojos, el alma, el espíritu, el corazón.

Yo quisiera decir hoy “Cristo nos ayude a levantar a nuestro pueblo que parece que ha hecho una opción, por lo bajo, parece que nos gusta estar enfermos, enfermos del alma; parece que nos gusta lo bajo, el odio, la ignorancia, el descuido, y como que se nos ha perdido esa alma soñadora, esa voz que sabe cantar, ese espíritu que sabe adornar, como siempre se dijo aquí ‹‹que no se acabe la flor y el canto, que haya flor y canto, y que al final, nuestra propia amistad sea flor y canto››.

Esto mis queridos hermanos, porque es la esencia de Jesús, bajó del cielo, caminó con mucha humildad, con tanta modestia, con pobreza, con mucho cuidado, y eso al final nos hace ver la grandeza de Dios, ahí es donde Dios observa a detalle, puntualmente; Dios estuvo al pendiente de Jesús, y Él se la pasó haciendo el bien, tendiendo la mano a todos, decía san Pedro: levantándolos, porque Dios estaba con Él. Nuestro Señor Jesucristo se puso a caminar en una forma tan disciplinada, tan discreta pero perseverante, con mucha claridad, con mucho espíritu de sacrificio, como decía san Pablo: “Él nos dijo: hay más alegría en dar que en recibir”. Y por eso, ¡Dios lo elevó y muy alto, y para siempre, a la eternidad, al infinito! Y queda para nosotros pues, mis queridos hermanos el deseo, el compromiso de mientras estemos aquí, ser, caminar, portarnos como Él.

Hoy que bueno que el apóstol san Pablo nos dice que nosotros elevaremos nuestra vida, nuestro ánimo, pues gracias a la persona de Jesús, gracias a Dios siempre hay que abrirnos a la esperanza, al consuelo, a lo mejor; lo mejor está por venir, para un cristiano no hay derrota, no hay fracaso total, todo cristiano puede salir, puede crecer, puede arrepentirse, puede mejorar, puede alcanzar no solo la verdad, sino la sabiduría infinita, y por eso lo que más nos eleva, recordemos siempre, son las personas: como hay que cuidar los amigos, como hay que cuidar la familia, como hay que cuidar el buen vecindario, como hay que cuidar a los pueblos, a las grandes, a nuestra patria ya ni se diga. Y el apóstol dice: también te levantan las virtudes, los principios, tu fe, tu capacidad de amar, de ser humilde, dice: sean humildes, amables y compréndanse, sopórtense y esfuércense incluso acosta de tantas cosas en mantenerse unidos en el amor de Cristo.

Ciertamente Nuestro Señor, en el Evangelio, al pedirnos anunciar la presencia de Jesús, las obras de Jesús y las promesas de Cristo, nos dice que caminaremos en medio de muchos peligros, adversidades, contras, maldad, habrá mucho espíritu malo, alientos malos, voces negativas, hirientes, amenazadoras como las víboras, pero ustedes sigan caminando, les echarán veneno mortal y no les hará daño, y su secreto será ‹‹cuiden a los enfermos, tóquenlos, no les tengan asco, no se les retiren, no los dejen solos, ¡con sus manos!, impónganles las manos, acarícienlos, denles el calor, denles paz, denles confianza››. Y los enfermos, me ha encantado el texto, porque dice “se sentirán muy bien” recogerán, tendrán mucho bien, la salud sin duda, pero el texto dice “tendrán, se sentirán muy bien”.

Pues hermanos, estamos llamados a revertir, ese sentirnos mal; en todas las encuestas que se hacen nos sentimos mal, por esto, por lo otro, por mil cosas; nosotros los cristianos nos sentimos bien porque Nuestro Divino Señor triunfó, porque nos dejó hermanos, familia, Palabra, verdad, virtudes, ilusiones, tareas, sobre todo la caridad. Así sea.

 

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.