Homilía Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo De Texcoco

Solemnidad dela santísima Trinidad

27 de mayo de 2018

 “Me ha sido dado todo poder, en el cielo y sobre la tierra”.

Queridos hermanos, yo quiero disfrutar junto con ustedes esta última palabra de Jesús porque es trascendente. Nosotros habitualmente vemos a Jesús, pues bien sencillo, bien humilde, bien chiquito, si acaso Profeta, si acaso Maestro, amigo, muy familiar, y con estas palabras Él revela una inmensa majestad, es el kyrios, es el Señor del universo. Ya lo había dicho aquella jovencita, la samaritana, «cuando venga el Mesías, Él nos lo enseñara todo».

Jesús, mis queridos hermanos, cubrió, abordó, santificó, llenó de hermosura todo lo que se refiere al ser humano, la intimidad, lo que no se ve; por ejemplo, el perdón de los pecados. Quién se iba a imaginar que alguien pudiera, conociera, refrescara, salvara, consolara desde esa área íntima, donde suceden nuestros remordimientos, nuestras amarguras, nuestras impotencias, nuestra rabia, nuestra envidia, quién se iba a imaginar que alguien curara, que alguien borrara, quitara todo eso que nos atora, que hace que vengan las lágrimas o los rostros llenos de tristeza, y que, pues nos llenara de luz, nos llenara de su Espíritu, nos llenara de esperanza, de certezas, el perdón: “Tus pecados te son perdonados”, yo te quiero, yo te acepto, yo te bendigo en nombre del Padre, y yo he venido para traerte la paz, el consuelo, y declararte un hijo muy amado de Dios.

Pues queridos hermanos “Me ha sido dado todo poder”, “A quienes perdonen los pecados les quedaran perdonados”, y saber que también ustedes como discípulos de Cristo pueden perdonar, ustedes perdonen y el cielo les respeta cuando de corazón ustedes ofrecen libertad, consuelo, misericordia, a un amigo, a un familiar, a un ser querido, o aunque no sea un ser querido pero perdonar, llenar de luz, liberar a los hijos de Dios con el consuelo íntimo del perdón de los pecados.

Y también la enseñanza, hoy hace un matiz muy fuerte “enseñen, enseñen”. Hago un llamado a todos, claro en especial a los que están al frente de las familias, a los que están al frente de los grupos, yo mismo me hago un llamado a tener una emoción, un gusto, un fervor por enseñar. Muchas personas se están retirando del escenario de la enseñanza, se les hace difícil, árido, cruel, sin frutos, adverso; cuantos maestros en verdad sufren, tienen miedo, se ven incapacitados para sacar todos los valores, todas las enseñanzas, por ejemplo morales, humanas, cívicas, porque tienen miedo de que sus alumnos con su crueldad, o con su juventud o incomprensión lo rechacen, se burlen de ellos.

Hoy nosotros cristianos, ¡no! tomemos fuerza, valor, privilegios, es un privilegio enseñar, transmitir la luz de la verdad, incluso llegar a la sabiduría infinita, como es el don de la palabra de Jesús «vayan, enseñen, no tengan miedo» y no nada más hagan grupitos ¡No!, ¡todas las naciones!, el poder que yo traigo es el poder de la verdad, el poder de la santidad, el poder del bien, el poder del servicio, el poder de la cercanía, “enseñen, enseñen”; enseñen los caminos de Dios que son los que dan limpieza, seguridad a las personas, ,pues todo lo demás nos descontrola; todo pecado es un desequilibrio, todo pecado pues es una mancha, es una ruptura muy honda con la que uno no puede, porque no tienes los instrumentos para salir de ahí, solo el poder de Dios.

“Me ha sido dado todo poder”, y entonces rescaten, dejen, por decir, dejen sus lugares a gusto y váyanse por todas las naciones. Ciertamente los caminos del mundo, yo creo que nadie los ha utilizado tanto y tan bien como los cristianos, como los discípulos de Cristo, como los misioneros, como los sacerdotes, las religiosas, los jóvenes que han dejado familias para anunciar el Evangelio; aquí pasó hace poquito, más de 80 jóvenes chapingueros salieron a misionar, fueron a anunciar el Evangelio a las comunidades que lo necesitaban; y así los caminos del mundo tienen que llenarse de mensajeros que lleven esa paz, esa alegría.

Como dice el texto que escuchamos al principio «para que sean, para que seas feliz», cuando te acercas a Cristo con nobleza eres feliz, recuperas, alcanzas ciertamente otro nivel de paz interior, de felicidad, que seas feliz, y también tus familiares, tu descendencia, y que vivas, que tengas muchos años llenos de luz, llenos de amor de Dios porque tú eres el pueblo escogido por el Señor.

Pues ya ven hermanos, en este texto tan pequeñito, a mí sí me impresiono bastante: “Me ha sido dado todo poder, en el cielo y en la tierra”, “Vayan a todas las Naciones” a todo el mundo, enseñen todo, pasa todo lo que yo les he enseñado “Estaré con ustedes todos los días, hasta el final”.

Bendecimos pues a nuestro Dios, porque hoy la Iglesia se siente nuevamente fortalecida, consagrada al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; es pues el misterio de Cristo, algo supremo; Jesucristo seguirá siendo, pues por utilizar los términos actuales: «el producto más cotizado, valioso de Dios en medio de la humanidad». Acojámoslo, disfrutémoslo, encarnémoslo en nuestra vida cotidiana, en nuestros aspectos personales, familiares y sociales. Así sea.

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.