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Homilía Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo De Texcoco

03 febrero de 2019

“Les voy a mostrar un camino, sobre manera, excelente”. 

Queridos hermanos, qué bueno que el pueblo de Dios, qué bueno que la Iglesia han querido recoger siempre el patrimonio sagrado de Dios, que el día de hoy se centra en este término tan delicado αγάπη (ágape) - el amor - y lo hemos visto durante esta época dese la Navidad, como al amor no lo vence nada y como por decir, no hay excusas para amar correctamente.  

Cuando llegaron a Belén, la Santísima Virgen y san José los hicieron a un lado, a las orillas, no solo eso, a unos corrales, fueron a dar a un chiquero, y ahí fueron capaces de establecer una familia, su hogar; a pesar de todo eso, de la porquería y del frío y desventajas, hubo calor, delicadeza, ternura, felicidad; para que hoy nosotros no digamos los tiempos son tan difíciles, las circunstancias, el ambiente nos come, pues sí, nos pueden un poco mover el piso pero con la voluntad, con la vocación, con la claridad, nuestro corazón puesto en Dios, en Cristo nosotros podemos hacer que en lo íntimo y en nuestro corazón triunfe el amor.   

Ayer veíamos esa escena también agradabilísima de san José, la Santísima Virgen llevando al niño al templo y plantarlo, o sea, pedir que Él siempre estuviera en pie en la presencia de Dios. Y ahora mis queridos hermanos como que ese proceso, ese camino tan bello, ese ritmo, ese ritmo de familia como que se rompe; bueno, está la familia física, está la familia básica, pero también existe una familia social, comunitaria, y aquí es donde bueno hoy los textos sagrados nos ponen ante una ruptura; Jesús llega a su sinagoga, a su pueblo, con su gente, escucha la Palabra –porque la proclamó el encargado – y luego le pidieron a Él una palabra y empezó a dar su altísima, extraordinaria, bellísima palabra, y en pocas palabras les dio coraje, les dio mucha envidia, y entonces bueno, nuestro Señor, en base a esa experiencia, a nosotros nos hace un llamado, pienso que es este el llamado básico que Jesús nos hace.  

Muchas veces el mensaje, la enseñanza, la Palabra de Dios nos llega cuando, donde, a través de, quien menos nos esperábamos, y es porque se nos va la humildad, en un ratito así, perdemos la sencillez, perdemos la receptividad, y nos parecen poca cosa los demás; vean por ejemplo como les enfureció cuando les dijo “En tiempos del profeta Elías…”; pues, hubo un tiempo que se dijo «no hay profeta grande como Elías, tan majestuoso, tan sabio, tan poderoso, tan recto como Elías» bueno, con el paso del tiempo eso se dice, pero en su momento al profeta, el pueblo no lo valoró, los reyes no siempre lo respetaron, y hoy dice Jesús – ni siquiera las viudas pobres, necesitadas – mejor una viuda extranjera lo valoró, se le acercó con una fe, lo obedeció hasta el límite, y el Señor hizo prodigios en esa viuda porque le tuvo fe al profeta. En tiempos también de Eliseo, muchos leprosos en Israel, nadie se humilló, nadie quiso acercarse al profeta y decirle “pide por mí, intercede, cúrame en nombre de Dios”, había muchos leprosos y solo uno, extranjero, Naamán, venía desde Siria a buscar al profeta.   

Pues queridos hermanos la enseñanza es: guardemos, cultivemos el tesoro el amor, que va con toda una serie de virtudes muy bellas, que hoy el Apóstol san Pablo nos presenta en una forma extraordinaria. Les comento, cuando yo era estudiante me toco ir, estaba estudiando en Jerusalén, y me tocó ir a Corinto, y que impresión tan bonita, causa al llegar dentro de los barrios de la ciudad, hay un barrio muy sencillo, ahí está una capillita chiquita, en donde los corintos, los corintios dicen “Aquí estuvo el Apóstol san Pablo, aquí predico Pablo” y ellos a la entrada pusieron una placa – claro en griego – donde aparece el himno al amor que hoy hemos escuchado, que hoy se nos ha regalado en una forma preciosa. 

“Yo les voy a enseñar el camino mejor”, dice san Pablo, el camino mejor es Cristo; el otro día veíamos con el profeta Isaías “Preparen el camino del Señor”, en hebreo eso se dice «pónganle rostro al camino de Dios», los caminos de Dios tienen rostro, es a través de las personas, – los profetas, Isaías, Bautista – el camino de Dios tiene rostro; que bueno que hoy decía Cristo “Hoy se cumple esta escritura”, hoy tenemos profetas, hoy tenemos palabra, hoy tenemos enseñanza, hoy tenemos cariño, hoy tenemos corrección, hoy tenemos luces, hoy tenemos motivaciones, hoy tenemos quien nos quiere liberar de tantos defectos o de tantos peligros, y nosotros despreciamos esos rostros, esas voces, esas miradas que nos ayudan, nos corrigen o nos impulsan, y, eso se puede acabar. Aquí en México es famosísimo eso del hijo desobediente, se le murió el papá, se le muere la mamá, y está llorando porque ya nunca más escuchará su voz «mi madre, mi padre me lo decía» pues sí, pero ya es demasiado tarde.  

Entonces hermanos aquí hoy el apóstol a nosotros, a mí y a ustedes nos ofrece los matices que nosotros debemos cuidar en ese sendero, en ese cauce tan bello del amor; el amor es comprensivo, servicial, no envidioso; fíjense nuestro mundo es agresivo, no es comprensivo, no hay comprensión, no hay comprensión; ahora hasta por una comita, una letra el internet no te da acceso, el programa no se te abre por un errorcito, por un número, una clave que te falte y no entras, y no te dan el servicio y no pasas, y eso es un signo de la dureza, de la crueldad que nos envuelve, y qué triste que eso vaya pasando a las relaciones nuestras, sencillas de todos los días, por eso ¡comprensivos! tenemos que ser comprensivos, no soberbios, no envidiosos.  

Me gusta mucho, me sirve, porque todos podemos ser groseros, corrientes, vulgares, ¡no! los cristianos educados, correctos, finos, incluso elegantes por qué no; seremos pobres materialmente pero el alma, las palabras, el modo de relacionarse tienen que ser de mucha altura, calidad kálos, “yo soy el pastor” pero de calidad; yo soy el vino, la vid de calidad; sembrador de calidad, y así el Pan de Vida. Esto hermanos, nos debe llenar de gozo, en la Iglesia tenemos educación, tenemos referencias. Me gusta insistirles a los niños en los pueblos, en las comunidades «en la catequesis ustedes van a escuchar palabras, enseñanzas más sublimes y útiles que las que escuchan probablemente en las universidades, grandes universidades que por desgracia hoy, no enseñan el camino correcto, incluso feliz de la vida.  

El amor pues, sigue diciendo el apóstol san Pablo teniendo estas características no pasa, no se cae; la vida se nos desploma se nos derrumban tantas cosas porque no hubo amor, no hubo cimiento, lo que decía Jesús hay dos clases – también lo repetía Einstein – hay dos maneras de vivir: una como necios, otra como sabios; al necio no le interesa nada, la vida todo es igual; en cambio para el sabio todo es milagroso, todo es sorprendente, todo es nuevo, todo es aprendizaje, todo es fortaleza, impulso, belleza, por eso el amor dura siempre. El texto original dice ἀγάπη ουδέποτε δεν πέφτει “no se cae” una cosa que tu hiciste con amor, que hiciste a conciencia no te la tumban, parecerá que te la ensucian y que te la trasta… pero no te la tumban, el amor no pasa nunca, porque es Dios, Dios es amor, Jesús amor.   

Y hoy, para que se cumpla esta escritura, hermanos ustedes y yo, hagamos que la Iglesia sea amor, que donde estemos existan espacios amables; ayer me dio mucho gusto – y ahora hago oración por el mercado de las tradiciones en Texcoco – con que amor ellos asistían a la Sagrada Eucaristía de acción de gracias, y yo les invitaba “Hermanos que el mercado aquí en Texcoco sea un espacio de amor, de acogida, de servicio, que les dé gusto, y reciban con una sonrisa a las personas que vengan a buscarlos”. Bueno queridos hermanos demos gracias a nuestro Señor porque hoy nos enseña a no perder los caminos del amor, Jesús. Así sea.

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.