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Homilía de Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco, durante las Ordenaciones Diaconales y Presbiterales, el lunes 24 de junio de 2019:

Que por las palabras y la santidad de tu precursor el pueblo llegue seguro al encuentro de su Divino Salvador.

Queridos Hermanos, qué bueno que en nuestra diócesis hemos pensado en realizar las ordenaciones de los diáconos y de los presbíteros en la fiesta de San Juan Bautista, la persona escogida por Dios, como la más grande de la historia humana. En el nivel humano nadie fue acompañado en el seno materno físicamente por el mismo Dios, por la Santísima Virgen, él tuvo ese privilegio de nacer en brazos de la Santísima Virgen.

Claro que no será el más grande de los que pertenecen al Reino de Dios, Jesús añadía, pero los que pertenezcan al Reino de Dios, los que caminen con el Mesías, serán mucho más grandes que él, porque ellos conocerán al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo. Porque ellos recibirán plenitud, porque ellos alabarán en el nombre del Mesías, porque ellos participarán también de la muerte y de la resurrección del Mesías.

Por eso queridos hermanos hay un augurio muy bello para nuestra diócesis el que estos queridos jóvenes nazcan al servicio ministerial bajo el acompañamiento, la inspiración, de San Juan Bautista y, por qué no decirlo, de la Santísima Virgen María. Y en la fiesta de San Juan Bautista nunca faltan el salmo 70, nunca falta el salmo 138, y yo quisiera compartir eso con ustedes queridos hermanos que reciben el ministerio: Hoy la Iglesia en la fiesta de San Juan Bautista nos ayuda tomar conciencia de que Dios ha estado con nosotros desde el seno materno. De que Dios, desde niños, nos enseñó el camino del amor que Dios, en la plenitud, en la juventud, sigue siendo nuestro dinamismo y nuestra esperanza, y en la vejez y en las canas, no nos abandonará, y en la tumba no dejará que su fiel conozca la corrupción.

Por esto mis queridos hermanos, yo creo que es bueno que ustedes se asomen hoy aunque sean brevísimamente a ese universo de su familia, ya lo vimos en el seno materno, pero, yo creo que ahora podemos asomarnos desde otro punto de vista, ustedes recuerdan a sus papás. Los padres del Bautista eran justos a los ojos de Dios, y vivían irreprochables, eran personas irreprochables. Yo estoy seguro que en sus familias ha habido conductas tan dignas, que podemos llamar irreprochables. Den gracias a Dios por todo ese caminar salvífico que él lleva en favor de ustedes. También sus padres cumplían los Mandamientos, nunca pasarán los Mandamientos, incluso hace años la cadena británica hizo una encuesta en la radio preguntando, bueno y hoy que el mundo está tan desordenado, cuál es el código, cual es el fundamento para una conducta verdaderamente sana, constructiva, y salieron muchos códigos, de los hititas, de los sumerios, Hammurabi, (…) los romanos, del Perú… pero ya cuando se trató de hacer la síntesis toda la gente votó por los Mandamientos, sólo los Mandamientos de Dios garantizan bondad, equilibrio íntimo en la persona, en la familia, en la sociedad, por dentro y por fuera, no desearás, no robarás, no mentirás, no calumnies, no mates. Ofrecen, verdaderamente, salud y bienestar social.

Los padres del Bautista también desempeñaban oficios, el sacerdote de su ministerio, Isabel, familiares, al frente y en la marcha del hogar porque tenían buenas costumbres, y ellos entraban, iban al santuario, también será eso de las de los papás de la Santísima Virgen, y gracias a todo este contexto el irá delante del Señor con el Espíritu y convertirá los corazones, acabará con los rebeldes, para darles cordura, preparará muy bien al pueblo, gracias ya, a este sustrato tan bello, el Bautista queda como un hombre confiable para las obras, para el sendero del Mesías. 

En lo que se refiere pues al Bautista, quiero recalcar un poquito como me sirve, como les sirve también a ustedes queridos jóvenes que llegan al ministerio, asomarnos a que su vida fue siempre modesta, hagamos la lucha por vivir en modestia, en disciplina. Él escondido, él como el siervo, hasta cansarse, trabajar generosamente, gastar sus fuerzas, ser siempre un servidor. El apóstol San Pablo de son una forma bellísima (…), que no se nos olvide esa experiencia tan profunda del apóstol, apoyado en el Bautista, en el Señor Jesús, que decía, nunca se nos olvide que nosotros no somos señores, no somos dueños de la fe de nadie, somos servidores de su alegría. El mejor servicio que podemos darles en la fe es verlos felices, libres del pecado, libres de las cargas y remordimientos que nos atufan en la historia natural de la vida, libres de avaricia, libres de miedos, libres de complejos, servidores de la alegría de los demás, y ustedes van a ver muchas sonrisas a lo largo de su camino, de su ministerio, entre el Pueblo de Dios.

Vivir bajo su mirada, así era la vida del Bautista, en las manos de Dios, y sólo de Él esperar su recompensa, porque hoy el mundo nos exige tener esa mentalidad, de que tan pronto como yo haya alguna cosa venga mi retribución, nosotros vivimos esperando la sagrada recompensa de Dios. Ojalá sean muchos los momentos, muchos, muchísimos los servicios en donde no busquemos, no esperemos retribución, dinerito, recompensa, esto es salvación, y la Gloria de Dios se manifiesta en la humilde generosidad y desprendimiento que por ejemplo tenía el Bautista. No nos podemos ir hoy hermanos sin hacer un comentario que hizo el apóstol San Pablo de estos hombres, de David, pero también lo dijo del Bautista, que Dios los escogió porque eran hombres según el corazón de Dios. Pido y estoy seguro que ustedes serán hombres del agrado de Dios. Pidan de rodillas ser agradables, llenar el corazón de Dios. Ya lo vimos ayer como nuestro Señor pregunta: ¿Qué dice la gente de mí?, y la gente es una moneda en el aire, hoy dice una cosa bonita, hoy dice una cosa interesante y al rato, nada; y Dios, ustedes, decía Jesús, mis amigos qué dicen, y los amigos le dijeron esa es la iglesia católica, Pedro dijo, tú eres de Dios, eres el mesías, el Cristo de Dios. El Bautista dirá cordero de Dios.

Una persona, según el corazón de Dios, habla de Jesús en una evangelización, en una catequesis correcta, que involucra, que atrae, convence, fue convincente el Bautista porque él era un hombre según el corazón de Dios; de hecho la gente quería desde pequeñito desde que nació querían ponerle Zacarías, todos decían Zacarías. No, Juan es su nombre, y dijo la mamá y dijo el papá este es de Dios, y de lo más bello de nosotros es nuestro ser y el centro, Jesús, Cordero de Dios, Cristo de Dios, Hijo de Dios, y entonces todo lo de Él es divino, salvífico, todo lo de Dios es bondadoso en Jesús para todos nosotros.

Pues queridos jóvenes, hermanos, ya en unos minutos, hermanos sacerdotes, hermanos diáconos, yo quiero que en nuestra diócesis, como dice hoy el evangelio del Bautista, el Pueblo de Dios diga realmente la mano de Dios está en ustedes, realmente es Dios que el que me habló, el que me corrigió, el que me entusiasmó, el que me tranquilizó, el que me perdonó, realmente es Dios el que se me acercó y me acarició, y eso que ustedes lo lleven tan fuerte, que crezcan en esa actitud de servicio a la mano de Dios, generosidad, fortaleza, así era el Bautista, después nuestro Divino Señor, pues igual, pero en una forma espléndida. El Bautista creció físicamente, creció en generosidad, en fortaleza, en un gran amor y en gratuidad.

Pues que todos nos alegremos hoy mis queridos hermanos porque la espiritualidad del Bautista llega a nuestra diócesis a través de estos jóvenes, su modo de ser, su modo de hablar, su modo de vivir, su modo de insertarse en las comunidades, llevará este toque preciosísimo del Cordero de Dios, cordero que no le saca al sacrificio, cordero que llega con una preciosa, fresca, inocencia, indefenso, pero realmente la mano de Dios así es como se manifiesta. Así sea.

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.