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LECTIO DIVINA

DOMINGO XXI TIEMPO ORDINARIO

26 de agosto de 2018

¨En la Diócesis de Texcoco, nos reconocemos, valoramos y aceptamos como personas para ser casa y escuela de comunión¨

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Padre, Tú que nos has enviado a tu Hijo como el Pan vivo bajado del cielo, te pedimos que nos envíes tu Espíritu Santo para que nos ayude a reconocer a tu Hijo como el pan vivo y verdadero que nos invita a vivir la vida eterna, pero antes que nos dé la capacidad de reconocerte y amarte en nuestros hermanos. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

  1. LECTURA DEL TEXTO BÍBLICO (Jn 6, 55. 60-69)

¿Qué dice el texto?

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”. Al oír sus palabras, muchos discípulos de Jesús dijeron: “Este modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir eso?” Dándose cuenta Jesús de que sus discípulos murmuraban, les dijo: “¿Esto los escandaliza?”

“¿Qué sería si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes?” “El Espíritu es quien da la vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida, y a pesar de esto, algunos de ustedes no creen”. (En efecto, Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo habría de traicionar). Después añadió: “Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”. Desde entonces, muchos de sus discípulos se echaron para atrás y ya no querían andar con Él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: “¿También ustedes quieren dejarme?” Simón Pedro le respondió: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”. Palabra del Señor.

Contexto bíblico

Los relatos y señales de transición (6, 1-24) 2. Juan introduce el discurso del pan mediante dos relatos de señales o milagros, dispuestos de forma parecida a como los encontramos en la tradición de Mc (Mc 6, 32-44.45 52 par; Mt 14, 13-21.22-33). También la confesión de Pedro al final -6, 67-71- apunta a la tradición sinóptica (Mc 8, 27-30; Mt 16, 13-20; Lc 9, 18-21). Los duplicados en la historia de la multiplicación de los panes (Mc 8, 1-10; Mt 15, 32-39) pueden en buena parte explicarse por sí mismos. Algunos señalan que aquí no se trata sólo de una semejanza en la exposición, sino también del mismo orden en los sucesos: multiplicación de los panes, Jn 6, 1-13, Mc 6, 34-44; caminar por las aguas del mar, Jn 6, 16-21; Mc 6, 45-52; retorno a la orilla occidental, Jn 6, 24s (Cafarnaúm); Mc 6, 53 (Genesaret); petición de señales, Jn 6, 30; Mc 8, 11; confesión de Pedro, Jn 6, 68s; Mc 8, 29. No hay por qué discutir un contacto con la tradición, tal como subyace en Mc. También aquí, como ya hemos podido observar, resalta claramente el carácter cristológico de las señales, subrayando de este modo la conexión objetiva entre los relatos de señales y el subsiguiente discurso del pan.

Texto bíblico

A) Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida

“Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida” (v. 55). Antes en este discurso, Jesús se dirigió a gente que había experimentado el alimentar de los cinco mil, diciendo, “De cierto, de cierto les digo, que me buscan, no porque haber visto las señales, sino porque comieron el pan hasta hartarse. Trabajen no por la comida que perece, más por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre les dará” (vv. 24-25). El maná que sus antepasados experimentaron en el desierto no era verdadera comida, no les dio vida (v. 49). El pan que Jesús utilizó para alimentar las 5.000 personas en la cima de la montaña era algo menos que el pan verdadero, porque satisfizo el hambre de la gente solo momentáneamente. En vez, la carne y sangre de Jesús son verdadera comida porque “si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre” (v.51) y “tiene (tiempo presente) vida eterna” (v. 54). Esto no solo escandaliza a los judíos sino también a los discípulos.

B) Dura la manera de hablar

“Este modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir eso?” (v. 60). No son “los judíos” los que hacen esta queja, sino los discípulos. Les ofende el lenguaje de Jesús, sus imágenes, sus metáforas. “Dándose cuenta Jesús de que sus discípulos murmuraban (Gr. γογγύζουσιν, gonguzousin, refunfuñar) de esto” (v. 61a). Ese refunfuñar une a estos discípulos con los israelitas en el desierto, que refunfuñaban porque no confiaban que el Señor proveería por sus necesidades (Dt 1, 27; Sal 106, 25). Gente de Dios no está exenta de las dificultades típicas de la vida y, a veces, encuentran que son objetos de persecución. Siempre estamos tentados a imaginar que Dios nos ha abandonado, que Dios no es de fiar. “¿Esto los escandaliza?” (Gr. Ὑμᾶς σκανδαλίζει, humas skandalizei, les causa tropiezo) (v. 61). 

El Evangelio causa que gente se tropiece, en parte, porque las costumbres de Dios no son como las nuestras. No salvaríamos el mundo por medio de debilidad, sino por fuerza. No escogeríamos que el hijo de Dios naciera en un pesebre, sino en un palacio, etc. El Evangelio también causa que gente tropiece porque viene con un precio costoso. Cuando Cristo nos llama a comer su carne y beber su sangre, nos está invitando a participar en su muerte. Cristianos que primero leyeron este Evangelio experimentaron persecución. Conocían a otros cristianos martirizados, sufrían bajo la amenaza del martirio, y conocían a cristianos que evitaban el martirio comprometiendo su fe. “¿Qué sería si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes?” (v. 62). Estos discípulos se ofendieron por la declaración de Jesús de ser “pan que bajo del cielo” (v. 58). ¿También se ofenderán cuando le vean ascender al cielo? (v. 62).

En este Evangelio, el proceso que termina con la ascensión de Jesús empieza al ser “levantado” a la cruz (3, 14; 12, 42). 3 “El Espíritu es quien da la vida; la carne (σάρξ, sarx) para nada aprovecha” (v. 63a). Por un lado, parece apropiado que Jesús diga que el sarx nada aprovecha. En este Evangelio, como en otros lugares del Nuevo Testamento, sarx frecuentemente se utiliza para contrastar lo mundano de lo celestial (1, 13; 3, 6; Rom 7, 5; 8, 3; 13, 14; 1 Cor 3, 1; Gal 3, 3). Pero, por el otro lado, nos sorprende oír a Jesús decir que el sarx nada aprovecha. Un tema principal de este Evangelio es que el Verbo se hizo sarx y vivió entre nosotros (1:14). Jesús acaba de prometer que el que coma su sarx y beba su sangre en él permanece (v. 56). Sin embargo, “Jesús no se refiere a la carne eucarística sino a la carne de la que habló en capítulo 3, es decir, la naturaleza del hombre que no puede dar vida eterna. “Las palabras que yo les he hablado, son espíritu y son vida” (v. 63b). Esta mención del espíritu “es, sin duda, una referencia al Espíritu Santo, el que da Vida. En este Evangelio, Jesús dará a conocer el Espíritu Santo a los discípulos durante la primera Pascua (20:22), pero el Espíritu ya es activo, habiendo descansado sobre Jesús durante su bautizo (1:32). Las palabras de Jesús dan a conocer el Espíritu y la vida a los discípulos (v. 63b). “Más hay algunos de ustedes que no creen. Porque Jesús desde el principio sabía quiénes eran los que no creían, y quién lo había de entregar” (v. 64). Este Evangelio dice que Jesús sabía que sería traicionado, y sabía quién sería su traidor (véase también 6:71; 13:11, 21). La traición es malvada, pero Jesús no permitirá que el mal tenga la última palabra.

C) ¿A quién iremos?

“Desde entonces, muchos de sus discípulos se echaron para atrás y ya no querían andar (Gr. περιεπάτουν, periepatoun, estaban andando) con Él” (v. 66). La frase, “estaban andando,” implica seguir ser discípulo. Los discípulos que volvieron atrás claramente esperaban algo diferente de lo que Jesús les ofrecía. Esperaban un mesías como David, un gran líder que restableciera sus días de gloria. Después de alimentar a cinco mil, intentaron hacer a Jesús un rey, pero él se negó (v. 15). Lo que ellos querían Jesús no les podía dar; lo que él ofrecía, ellos no recibirían”. “Dijo entonces Jesús a los doce” (v. 67a). No sabemos cuántos discípulos volvieron atrás, pero “los doce” permanecen. Ésta es una de solo cuatro referencias a “los doce” en este Evangelio (véase también 6, 70-71; 20, 24). Como ocurre frecuentemente, Pedro sale como el portavoz de los discípulos. “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (v. 68). Creyentes son llevados, por decirlo así, a los brazos de la fe. 

En este relato de Juan, no existe ninguna pista de la protesta de Pedro o la reprensión de Jesús. “Y nosotros creemos (Gr. Πεπιστεύκαμεν) y sabemos que tú eres el Santo de Dios” (v. 69). En griego, “nosotros” es enfático, y contrasta la fe de los doce con los discípulos infieles que se volvieron atrás. El título, “El Santo de Dios” Pedro claramente lo usa como título de grandeza, distinguiendo a Jesús como un regalo especial de Dios. Es difícil estimar la importancia de las palabras de Pedro en este contexto. Algunos de los otros once discípulos podrían haber estado a punto de volverse atrás con los demás. Al tomar la iniciativa y declarar fe inequívoca en Jesús, Pedro mantiene unido al pequeño grupo. Si no hubiera hablado, las cosas podrían haber salido de manera diferente. A menudo, la influencia de una persona es importantísima. Nunca debemos dudar la importancia de nuestro testimonio, no importa lo poco impresionante que nos parezca en ese momento.

Preguntas para la lectura:  

  • ¿Qué les dijo Jesús a los judíos?
  • ¿Cuál fue la actitud de los discípulos?
  • ¿Qué les dijo Jesús a los discípulos?
  • ¿Qué les dijo a sus discípulos que es Él?
  • ¿Quién va a Jesús?
  • ¿Cuál fue la actitud de Pedro?
  1. MEDITACIÓN (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
  • ¿Tengo la capacidad de decir que Jesús es el pan verdadero?
  • ¿Yo como discípulo del Señor, me escandalizo de Él?
  • ¿Soy optimista ante las adversidades de la vida?
  • ¿Cuándo surgen problemas en mi comunidad soy capaz de buscar la ayuda del Señor?
  • ¿Digo como Pedro: “Señor a quién iremos, si Tú tienes palabras de vida eterna”?
  • ¿Me siento elegido o llamado por el Señor? 
  1. ORACIÓN: (Qué le respondo al Señor, que le respondemos al Señor)

Gracias Padre por los momentos de alegría que nos regalas, principalmente el amor y cariño de nuestras familias; por quedarte con nosotros siempre en la Eucaristía que nos alimenta y nutre, gracias por cada uno de nuestros amigos, aunque muchas veces no han sido como nosotros deseamos. Gracias por cada uno de ellos y por sus familias. Por eso te damos gracias. Gracias Señor, gracias Señor.

Perdón Señor, por dudar que Tú estás a mi lado, por los momentos de incertidumbre, por las veces que he escandalizado a los demás por mi conducta, por no ser coherente con lo que digo y hago y por mis debilidades. Por eso te pedimos perdón. Perdón Señor.

  1. CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizo el mensaje? ¿Cómo interiorizamos el mensaje?
  • A los judíos escuchando a Jesús.
  • A los discípulos escandalizados por el Maestro.
  • A nosotros llamados por iniciativa del Padre para estar con Jesús.
  • A san Pedro respondiéndole al Señor.
  • A mí mismo cuando escandalizo a la gente con mi conducta.
  1. ACCIÓN: ¿A qué me comprometo? ¿A qué nos comprometemos?

La intención general del apostolado de la oración del Papa para el mes de agosto es:

Universal: La familia, un tesoro.

“Para que las grandes opciones económicas y políticas protejan la familia como el tesoro de la humanidad”.

Intención personal: Ser coherente conmigo mismo, con mis palabras y actos, para manifestar el amor de Dios con mi familia.

Intención comunitaria: Que no sea motivo de escándalo en mis comunidades, con mis hermanos, sino más bien, sea un medio de unidad y fraternidad entre los miembros de mis comunidades.

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.