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LECTIO DIVINA

DOMINGO XXXI TIEMPO ORDINARIO

4 de noviembre de 2018

¨En la Diócesis de Texcoco, nos reconocemos, valoramos y aceptamos como personas para ser casa y escuela de comunión¨

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Señor envíanos tu Espíritu Santo para que nos ayude a ser portadores del amor que nos has dado, para ayudarnos a entender tu Palabra que es amor y vida, que nos de la capacidad de seguir amando a nuestros hermanos, te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén. 

  1. LECTURA DEL TEXTO BÍBLICO (Mc 12, 28-34)

¿Qué dice el texto?

En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” Jesús le respondió: “El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.

El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que éstos”. El escriba replicó: “Muy bien, Maestro. Tienes razón, cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios”. Jesús, viendo que había hablado muy sensatamente, le dijo: “No estás lejos del Reino de Dios”. Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas. Palabra del Señor.

Contexto bíblico 

A medida que nos acercarnos al final del Evangelio de Marcos, se hace más lento y se amplía… Un tercio de la narrativa de Marcos está dedicado a los últimos días del ministerio de Jesús; una sexta parte se dedica a sus últimas dos horas.

La entrada triunfal de Jesús a Jerusalén comienza esta sección (11, 1-11). Después, Jesús maldice una higuera infructífera (11, 12-14), un leve comentario de la esterilidad religiosa del templo. Después, limpia el templo (11, 15-19), dando paso a la hostilidad de los altos sacerdotes y escribas, que se han propuesto matarlo (11, 18). A continuación, san Marcos relata una serie de conflictos con varios oficiales religiosos. La historia del escriba que pregunta sobre el primer mandamiento aparece inmediatamente después de tres hostiles preguntas hechas por los oponentes de Jesús: Los altos sacerdotes, escribas, y ancianos le preguntaron a Jesús, “¿Con qué facultad haces estas cosas? ¿Y quién te ha dado esta facultad para hacer estas cosas?” (11, 28). Algunos fariseos, y herodianos intentaron atrapar a Jesús con este comentario, suavizado al principio con alabanzas, pero listo para picar después: “Maestro, sabemos que eres hombre de verdad, y que no te cuidas de nadie; porque no miras a la apariencia de hombres, antes con verdad enseñas el camino de Dios: ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos?” (12, 14-15a). Algunos saduceos, que no creían en resurrección, preguntaron, “Maestro, Moisés nos escribió, que, si el hermano de alguno muriese, y dejase mujer, y no dejase hijos, que su hermano tome su mujer, y levante linaje a su hermano. Fueron siete hermanos: y el primero tomó mujer, y muriendo, no dejó simiente; Y la tomó el segundo, y murió, y ni aquél tampoco dejó simiente; y el tercero, de la misma manera. Y la tomaron los siete, y tampoco dejaron simiente: a la postre murió también la mujer. En la resurrección, pues, cuando resucitaren, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer” (12, 19-23).

Texto bíblico

A) ¿Cuál es el primero de los mandamientos? 

Este escriba, con una excepción agradable, viene a Jesús porque lo ha visto contestar bien a sus oponentes. Los saduceos intentaron confundirlo al preguntarle de la resurrección, en la cual ellos no creen (12, 18-27). Existe una gran posibilidad de que este escriba sea fariseo, los que sí creen en la resurrección. Si el escriba es fariseo, debe alegrarse al ver que Jesús logra confundir a los saduceos con esa pregunta.

El escriba pregunta, “¿Cuál es el primero de los mandamientos?” (28b). Al contrario de la mayoría de historias donde un oficial religioso le hace a Jesús una pregunta, no hay ninguna indicación de que este escriba intente atrapar a Jesús. Parece preguntar una pregunta honesta. 

La mayoría de escribas concuerdan en que el escriba pregunta, no cuál de los mandamientos es el primero de muchos, sino que quiere saber cuál de los mandamientos mejor define las raíces de la ley de la Torá, cuál se encuentra en el centro, la resume. ¿Hay una ley que es la clave para todas las otras leyes? ¿Existe algún principio básico del cual la ley entera se pueda derivar?”.

Ley judía incluye 613 mandamientos (365 prohibiciones y 248 mandamientos positivos). Escribas los clasifican entre mandamientos “ligeros” y “pesados,” siendo los ligeros menos importantes que los pesados. Examinan cada ley en minucioso detalle, y diseñan reglas complejas para ayudar a la gente a comprender como se debe obedecer cada ley en toda situación posible.

B) Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo

Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor” (v. 29). Mt 22, 37 y Lc 10, 27 no incluyen esta parte del versículo, pero es importante. El hecho de que el Señor es uno valida la obligación de amar al Señor. Los judíos se refieren a estas palabras como “Shema”, que significa, “Escuchar” de Deuteronomio 6, 4-5. Se recita Regularmente en alabanza en la sinagoga y en oraciones diarias, y es una de las escrituras guardadas en filacterias (un pequeño contenedor llevado en la persona, conteniendo escrituras) y mezuzahs (un contenedor parecido para la puerta de la casa) que sirven de regularmente en alabanza en la sinagoga y en oraciones diarias, y es una de las escrituras guardadas en filacterias (un pequeño contenedor llevado en la persona, conteniendo escrituras) y mezuzahs (un contenedor parecido para la puerta de la casa) que sirven continuo recordatorio. Al recitar el Shema, Jesús ve a la Torá al centro de la fe y la práctica judía. Su respuesta no es ninguna innovación. Jesús lo utiliza para presentar el mandamiento de amar a Dios. El Shema no es un mandamiento por si, pero establece los cimientos del mandamiento de amar a Dios.

“Amarás (Gr. ἀγαπήσεις, agapeseis de agapao, teniendo que ver con amor ágape) pues al Señor tu Dios de todo tu corazón (Gr. καρδίας, kardias), y de toda tu alma (Gr. ψυχῆς psyches), y de toda tu mente (Gr. διανοίας, dianoias), y de todas tus fuerzas” (Gr. ἰσχύος, ischuos) (v. 30). Deuteronomio 6:5 habla de amar a Dios con corazón, alma, y fuerza. Jesús añade amar a Dios con la mente. Escribas y rabíes ya aman a Dios con sus mentes. Estudian las escrituras como un cateador estudia rocas para encontrar señales de oro. Cubren el mismo terreno una y otra vez esperando encontrar un nuevo tesoro. El suyo es un método intelectual para acercarse a las Escrituras. 

Hemos de amar a Dios con amor ágape. Ágape es una palabra que trata más de ‘hacer’ que de ‘sentir,’ aunque sí incluye ambos. Ágape requiere acción, requiere que demostremos nuestro amor de alguna manera práctica. La persona que ama a Dios participará en alabanza, obedecerá a Dios, buscará oportunidades para servirle. En cualquier caso, ágape requiere una expresión práctica.

“El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (v. 31a). El escriba preguntó por un mandamiento, pero Jesús le da dos, ligándolos con la declaración “No hay otro mandamiento mayor que éstos” (v. 31b). 

Estos dos mandamientos (amar a Dios y amar al prójimo) resumen de una manera simple la primera y segunda tabla del Decálogo (los Diez Mandamientos). La primera tabla enfatiza la relación de una persona con Dios a través del requisito de lealtad a Dios (Éx 20, 3), de abstener de idolatría (Éx 20, 4-6), de respetar el nombre de Dios (Éx 20, 7), y de mantener sagrado el día de reposo (Éx 20, 8-11). La segunda tabla enfatiza la relación de la persona hacia otros, mandando honrar a padre y madre (Éx 20, 12), y abstener de matar (Éx 20, 13), de adulterio (Éx 20, 14), de hurto (Éx 20, 15), de falso testimonio (Éx 20, 16), y de codicia (Éx 20, 17). 

Cristo nos pide equilibrar estos dos grandes mandamientos. La persona que ama a Dios, pero no ama a su prójimo está gravemente deficiente. “Si alguno dice, Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano al cual ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: Que el que ama a Dios, ame también a su hermano” (1 Jn 4, 20-21). Este lenguaje es duro por la dificultad que la mayoría de nosotros experimenta en amar a ciertos colegas, vecinos, familiares, o miembros de la Iglesia.

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (v. 31a). Muchos sermones han sido predicados sobre amor propio como requisito para amar al prójimo. Sin embargo, Jesús no defiende el amor propio, sino que simplemente reconoce nuestra tendencia natural de cuidar a Número Uno, pidiéndonos extender ese mismo amor hacia otros. Amor propio es útil pero la mejor manera de nutrirse a sí mismo es ayudando a los demás.

C) Muy bien Maestro tienes razón

“Muy bien Maestro, tienes razón” (v. 32). Obviamente el escriba no ha venido con malas intenciones, o no se precipitaría tanto en afirmar a Jesús. Al volver a declarar la respuesta de Jesús, cambia “alma” y “mente” a “entendimiento”.

“Vale más que todos los holocaustos y sacrificios” (v. 33). Esta conversación toma lugar en el templo, y el escriba se dedica a alabar en el templo. Puede ser que viniera al templo para hacer su sacrificio. Esto da un valor especial a su declaración que amar a Dios y prójimo es “más que todos los holocaustos y sacrificios.” Su declaración concuerda con tradición profética, que por mucho tiempo ha enfatizado un corazón contrito y humillado (Sal 51, 16-17), obediencia a Dios (Jer 7, 21-23), amor constante hacia Dios (Os 6, 6), y hacer juicio, amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios (Miq 6, 8). Sin embargo, es inusual que Jesús se encuentre con un oficial religioso que reconozca que cualquier cosa pueda ser más importante que sacrificios al templo.

Las epístolas continúan enfatizando amor y disminuyendo el énfasis en sacrificios al templo. “Para Pablo, el que ama al prójimo cumple con la ley (Rom 13, 8). Amor encabeza la lista de fruto espiritual (Gal 5, 22). Amor sobrepasa en importancia todos los demás regalos espirituales (1 Cor 12, 31-13, 13). Para Santiago, la ley de amar es ‘la ley real’ (2, 8). En 1 Juan, el mandamiento de amar es ambos, antiguo (‘desde el principio,’ 2, 7) y nuevo (mostrado por Jesús, 2, 8). En hebreos 10, el escritor celebra el final de ‘sacrificios y ofrendas.

D) No estás lejos del reino de Dios

“No estás lejos del reino de Dios” (v. 34a). ¿Alaba Jesús al escriba por su buena respuesta o le avisa de que todavía le falta algo? ¡Quizá ambos! Sin embargo, éste es uno de los pocos encuentros positivos de Jesús con los religiosos exclusivos y una de sus más positivas declaraciones hacia un miembro de ese grupo.

Las palabras de Jesús, “lejos del reino de Dios,” recuerdan al Éxodo y a la diáspora (Is 57, 19; Ez 11, 15; Zac 6, 15; 10, 9), que según la teología del Nuevo Testamento han sido rectificadas por la misión de Cristo (Ef 2, 13: “Mas ahora en Cristo Jesús, ustedes que en otro tiempo estaban lejos, han sido hechos cercanos por la sangre de Cristo”.

¿Cómo de lejos está el escriba del reino? La historia termina sin decirnos si el escriba se convierte en discípulo de Jesús. El corazón de esta lección del Evangelio se encuentra en las demandas que pone sobre nuestras vidas.

“Y ninguno se atrevió a preguntarle” (v. 34b). Jesús no ha herido al escriba con sus palabras, sino que ha contestado preguntas, generalmente de gente hostil, con un efecto explícito a lo largo de capítulos 11-12. Su respuesta a este escriba deja claro para sus oponentes que él no es vulnerable. Ninguno de ellos se atreve a venir adelante para pasar por otra ronda con él.

Preguntas para la lectura:

¿Qué le preguntan a Jesús?

¿Qué responde Jesús?

¿Cuál fue la actitud del escriba?

¿Qué le dijo Jesús al escriba?

  1. MEDITACIÓN (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)

Para ti, ¿qué es lo más importante en la religión y en la vida?

¿Cuáles son las dificultades para poder vivir aquello que consideras lo más importante?
Jesús dijo al doctor: “No estás lejos del Reino de Dios”. Hoy, ¿estoy más cerca o más lejos del Reino de Dios que el doctor elogiado por Jesús?

¿Si tengo un compromiso apostólico en mi comunidad, se ser humilde con mis hermanos?

¿Algunas veces me gana la soberbia frente a las personas?

¿Sirvo con amor y cariño a mis hermanos?

  1. ORACIÓN: (Qué le respondo al Señor, que le respondemos al Señor)

Gracias, por darnos el mandamiento del amor, y por hacernos capaces de amar a nuestros hermanos y por darnos la capacidad de reconocerte como Dios y creador, amoroso que sale al encuentro de los hombres. Gracias Señor, gracias Señor.

Perdón por no reconocer que mis hermanos de la comunidad también están llamados a la salvación. Por no tener la capacidad de aceptar que tú eres el único que nos salva y por no estar atentos a las necesidades de mis hermanos. Por eso te pedimos perdón.

  1. CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizo el mensaje? ¿Cómo interiorizamos el mensaje?
  • Al escriba preguntándole a Jesús
  • A Jesús respondiendo con toda seguridad
  • A los miembros de tu grupo buscando y dando el amor de Dios a los más necesitados
  • A ti que pones la ley en lo más profundo de tu corazón
  • Tu que no estás lejos del reino de Dios.
  1. ACCIÓN: ¿A qué me comprometo? ¿A qué nos comprometemos?

La intención general del apostolado de la oración del Papa para el mes de noviembre es:

Universal: Al servicio de la paz

“Para que el lenguaje del corazón y del diálogo prevalezca siempre sobre el lenguaje de las armas”.

Intención personal: Que aprenda amar a Dios con todo mi corazón y con toda mi alma, dando claro testimonio de su amor en mí.

Intención comunitaria: Ayudar a los miembros de mis pequeñas comunidades a buscar el amor de Dios con sinceridad y amar a nuestros hermanos como Jesús nos amó.

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.