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LECTIO DIVINA

V DOMINGO DE PASCUA

19 de mayo de 2019

¨En la Diócesis de Texcoco, nos reconocemos, valoramos y aceptamos como personas para ser casa y escuela de comunión¨

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Señor Jesús, te pedimos que nos envíes el don del Espíritu Santo para que nos ilumine con tu luz y tu verdad y así podamos comprender mejor tu Palabra, y nos haga capaces de ser portadores de ella con nuestros hermanos. Todo esto te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

  1. LECTURA DEL TEXTO BÍBLICO (Jn 13, 31-33. 34-35)

¿Qué dice el texto?

Cuando Judas salió del cenáculo, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará.

Hijitos todavía estaré un poco con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros como yo los he amado, y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos”. Palabra del Señor. 

Contexto bíblico

“Antes de la fiesta de la Pascua” (13, 1). En este Evangelio, la cena que Jesús comparte con sus discípulos no es la Pascua que aparece en los Evangelios Sinópticos (Mt 26, 17-25; Mc 14, 12-25; Lc 22, 7-13). En este Evangelio, Jesús morirá el día de la Preparación de la Pascua (19, 31).

Durante la comida, Jesús lava los pies de los discípulos (13, 2-12), una tarea reservada para los más bajos sirvientes, una tarea demasiado baja para requerirse de un hombre judío. En pocos minutos, Jesús les dirá a sus discípulos que se amen los unos a otros, pero comienza por demostrar su amor a través de sus acciones.

Jesús les dice a los discípulos que “El que come mi pan, se levantó contra mí” (13, 18) y predice la traición de Judas (13, 21). Después de una discusión entre los discípulos, “luego Judas salió: y era ya noche” (13, 30). Era una hora oscura ambos física y espiritualmente. 

Juan 13:31 – 16:33 es una serie de discursos de Jesús, que juntos se consideran el Discurso de Despedida de Jesús. A esto le sigue la Oración del Alto Sacerdocio de Jesús (17, 1-26).

Un discurso de despedida es una forma literaria común que se encuentra en ambos testamentos (Gén 49; Dt 33; 1 Crón 28-29; Jos 23, 24; Hech 20; 2 Pe). El típico discurso de despedida lo hace una persona que se enfrenta con la muerte, e incluye parte o todo de lo siguiente: El anuncio de despedida a un grupo de familiares o amigos, palabras de consolación, predicciones o promesas acerca el futuro, bendiciones para los que se quedan, la asignación de un sucesor, exhortaciones finales e instrucciones de conducta futura, y una oración. Por supuesto que todas éstas aparecen de una forma u otra en Juan 13.31 – 17.26.

Texto bíblico

A) El Hijo del hombre ha sido glorificado

“Cuando Judas salió del Cenáculo” (v. 31a). Antes, al prepararse para identificar a Judas, Jesús “fue conmovido en el espíritu” (13, 21), pero no permite que ese humor afecte el ambiente de esa noche. La retirada de Judas aleja su mala presencia del grupo y pone en marcha los eventos que llevan a la glorificación de Jesús.

“Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre, y Dios ha sido glorificado en él” (v. 31b). El título, Hijo del Hombre, es una manera de referirse a sí mismo en la tercera persona, particularmente en un contexto de humildad o exaltación. En la primera mitad del Evangelio de Juan, Jesús lo utiliza once veces, a menudo uniendo la humillación y el alzar por medio de declaraciones del Hijo del Hombre alzado, así ligando ser subido a una cruz con ser exaltado (3, 14; 8, 28; 12, 34).

Jesús se enfoca en la glorificación, la suya y la de Dios. Primero se nos presentó el tema de la gloria de Jesús en el Prólogo, donde habló de “su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (1, 14). El tema de la gloria de Jesús vuelve a aparecer a lo largo de este Evangelio (2, 11; 5,41; 7, 18, 39; 8, 50, 54; 11, 4, 40; 12, 16, 23; 14, 13; 16, 14; 17, 1, 5, 10, 22, 24; 21, 19).

En sentido bíblico, gloria pertenece a Dios; es su calidad distintiva como Dios… Jesús es glorificado precisamente por su abdicación de gloria terrenal al elegir libremente morir en la cruz, obedeciendo a Dios (10, 17-18). Así glorifica a Dios y le revela. En este Evangelio, la glorificación de Jesús se encuentra en su muerte, resurrección, y ascensión. Como la gloria de Dios se reveló en Sinaí (Éx 24, 16-17), así también será revelada en la cruz y en la tumba abierta. 

“Es glorificado – es glorificado” (v. 31) – “es glorificado – también lo glorificará – luego le glorificará” (v. 32). Aunque la glorificación de Jesús tomará lugar en su muerte, resurrección, y ascensión, habla de ella en el presente y el futuro. “Es glorificado,” en el presente, refleja su decisión, ya tomada, de obedecer aún hasta morir en una cruz. “Luego le glorificará,” en el futuro, anticipa que tomará su lugar merecido con el Padre a través de su resurrección y ascensión.

La espera ha sido larga, pero ahora ha llegado la hora de Jesús. Su sacrificio demuestra su obediencia a Dios y su amor por la gente. En la cruz abrirá la puerta a la eternidad (Jn 3, 14-15). En la cruz traerá a todos hacia él (Jn 12, 32). Los discípulos comprenden la glorificación en términos tradicionales, por eso no comprenden a Jesús. No comprenderán hasta ver la tumba abierta y al Cristo resucitado.

B) A donde voy ustedes no pueden ir

“Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes” (v. 33a). En versículos 31-32, Jesús anunció lo que le pasará. Ahora les dice a los discípulos como esto les afectará a ellos – el efecto principal es que él pronto les dejará.

“Me buscarán; y les digo como dije a los judíos: Donde yo voy, ustedes no podrán ir” (v. 33b). Como anota Jesús aquí, antes él habló estas palabras a “los judíos” (7, 33-34; 8, 21), refiriéndose a sus oponentes, los líderes judíos. En ese contexto, sus palabras tenían intención de juzgar, porque líderes judíos lo buscaban para matarlo (5, 18; 7, 1). Les dijo, “no me hallarán” (7, 34) y “en su pecado morirán” (8, 21).

Aquí, dice las mismas palabras con cariño, llamando a sus discípulos (Gr. Τεκνία) teknia, pequeñitos, y omitiendo “no me hallarán” y “en su pecado morirán.”

En vez de decir, “no me hallarán,” Jesús promete a sus discípulos que les preparará un lugar para ellos diciendo, “Y cuando me haya ido y les haya preparado un lugar volveré de nuevo y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes” (14, 3). En vez de decir, “en sus pecados morirán,” Jesús promete, “porque yo vivo, y ustedes también vivirán” (14, 19).

C) Les doy un mandamiento nuevo

“Les doy un mandamiento nuevo” (v. 34a). El mandamiento nuevo es lo suficientemente simple para que un niño pequeño lo pueda memorizar y apreciar, y también lo suficientemente profundo para que los más maduros creyentes se avergüencen repetidamente al ver lo poco que lo comprenden y practican.

El mandamiento nuevo no es completamente nuevo. Levítico 19, 18 dice, “No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo: más amarás a tu prójimo como a ti mismo: Yo Yahvé.” Ese mandamiento requería de los israelitas que amarán solo a otros israelitas, pero Levítico 19,34 amplía su alcance diciendo, “Como a un natural de ustedes tendrán al extranjero que peregrinare entre ustedes; y ámalo como a ti mismo; porque peregrinos fueron en la tierra de Egipto: Yo Yahvé tu Dios.”

Entonces, ¿qué hay de nuevo en el mandamiento de Jesús?

Primero, Jesús provee un modelo efectivo del amor que él requiere: “Que se amen los unos a los otros como, yo los he amado” (v. 34b). Si queremos comprender el amor cristiano, solo tenemos que mirar la vida y las acciones de Jesús. El lavado de pies en el que tomó parte recientemente (13, 1-20) establece el trasfondo para el servicio humilde que Jesús espera que sus discípulos muestren uno a otro.

Segundo, el mandamiento de Jesús se enfoca en la comunidad cristiana – hemos de amar a nuestros hermanos y hermanas cristianos. Algunos piensan a veces se preocupan porque el mandamiento no es uno de amar a todo el mundo o de amar a sus enemigos, sino que se trata de amarse uno al otro. En los sinópticos, Jesús nos pide amar a nuestros prójimos y enemigos (Mt 5, 44; 19, 19; 22, 39; Mc 12, 31; Lc 6, 27, 35), y Dios ama al mundo (Jn 3, 16), pero aquí, la preocupación de Jesús es por la comunidad misma.

Tercero, este nuevo mandamiento inaugura un nuevo acuerdo (Jer 31, 31-34). La marca de lealtad hacia el antiguo acuerdo era obediencia al Tora. La marca de lealtad hacia el nuevo acuerdo es amor por aquéllos en la comunidad de fe.

Cuarto, este nuevo mandamiento es positivo y abierto. En vez de enfocarse en “No harás…,” dice, “Harás…”. No como muchas leyes del Antiguo Testamento, que eran muy específicas, esta ley es muy amplia. Nunca podríamos reclamar su total obediencia, porque su requisito no tiene fin. ¿Cuándo hemos amado lo suficiente? Siempre existe la necesidad de más amor. Gente podría responder a la antigua ley con mentalidad de contador. Pero, ¡no con este nuevo mandamiento!

El enfoque se encuentra en acciones hechas con amor en vez del sentimiento de amor. En capítulo 15, Jesús repetirá el mandamiento diciendo, “Este es mi mandamiento: Que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que el que da la vida por sus amigos” (15, 12-13). En su propia vida, Jesús muestra amor en acción para el beneficio de seres amados. 

Esto hace posible el obedecer. Aunque sea imposible sentir afecto hacia algunas personas, no es imposible ayudarles. Nuestra acción amorosa es un don de Cristo, que nos amó, nos enseñó el comportamiento del amor, y nos hace un nuevo pueblo renacido en su imagen y capaz de amar con su amor. Verdaderamente, podemos obedecer este mandamiento cuando: “Por lo que no vivo yo, si no es Cristo que vive en mí, y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2, 20).

Si cree que tiene una excusa válida por la cual no debe amar a una persona en particular, considere el contexto en que Jesús pide a sus discípulos que se amen los unos a los otros. Jesús les acaba de decir que uno de ellos le traicionará, y que no saben cuál de ellos será. El traidor ha salido (v. 30), pero los discípulos no lo saben (vv. 28-29). De todos modos, Jesús les manda amarse uno a otro, no saben cuál de ellos será el traidor, no saben cuál de ellos es en quien no pueden confiar.

D) El testimonio del amor

Testimonio cristiano puede tomar muchas formas, desde predicar en las calles hasta una liturgia solemne, pero siempre incluye amor. La iglesia creció rápidamente después de la resurrección, en parte por el poderoso testimonio del amor cristiano. “Ved como se aman uno al otro,” dijeron los paganos (Tertullian, Apology). Es difícil no responder al testimonio de una persona que ama.

Ignorar este nuevo mandamiento no es una opción. Obediencia a este mandamiento es lo que identifica el discipulado, …porque es una señal tangible de la obediencia de los discípulos hacia Jesús (15, 10). San Pablo avisa, “Si yo hablara la lengua de los hombres y de los ángeles, pero si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o platillos que aturden. Yo podría tener e don de profecía y conocer todos los misterios y toda la ciencia, e incluso una fe tan grande para mover todas las montañas, pero si no tengo amor nada soy. Y si repartiese todos mis bienes y entregar mi cuerpo al fuego, pero si no tengo amor de nada me sirve” (1 Cor 13, 1-3).

Pero, como con todo mandamiento, éste requiere que nos pongamos al don y que contemos con la gracia de Dios en vez de confiar en nuestra obediencia a la ley. La mayoría de nosotros no actúa de manera cariñosa a diario, aún hacia los que amamos, y aún más hacia la gente que nos fastidia. La Buena Noticia es que ¡Dios nos ama de todos modos! Hemos de rezar que se nos conceda la gracia para guardar el mandamiento, y para que también se nos conceda cuando no logramos hacerlo.

Preguntas para la lectura:

  • ¿Quién ha sido glorificado en la glorificación de Hijo?
  • ¿A quién glorificará Dios?
  • ¿Con qué términos se refiere Jesús a sus discípulos?
  • ¿Qué da Jesús a sus discípulos?
  • ¿En qué consiste el mandamiento nuevo?
  • ¿De qué manera deben amarse los discípulos?
  1. MEDITACIÓN (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
  • ¿Glorifico a Dios con mi vida, o me glorifico a mí mismo?
  • ¿Llamo con amor y ternura a mis hermanos?
  • ¿Se puede ser discípulo de Jesús sin amar a los hermanos?
  • ¿Soy capaz de amar como amó Jesús?
  • ¿Qué importancia tiene el testimonio del amor?
  1. ORACIÓN: (Qué le respondo al Señor, que le respondemos al Señor)

Gracias Jesús, por habernos glorificado con tu vida, por llamarnos con mucho amor y cariño, por darnos un mandamiento del amor, por buscar siempre lo más esencial en nuestra vida. Gracias por ayudarnos a dar testimonio de Ti ante nuestros hermanos, por eso te damos gracias. Gracias Señor, gracias Señor.

Perdón Señor por no saber reconocerte como mi salvador, porque algunas veces te hemos traicionado como Judas, por no hablarles a mis hermanos con cariño y respeto, por no dar un testimonio de amor con mi familia y en las comunidades, por no ser coherentes con lo que decimos y hacemos, por eso te pedimos perdón. Perdón Señor, perdón Señor.

  1. CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizo el mensaje? ¿Cómo interiorizamos el mensaje?
  • A Jesús consternado por la actitud del traidor.
  • A Jesús glorificando al Padre.
  • A Jesús llamando con mucho cariño a sus discípulos.
  • A Jesús dando el mandamiento del amor.
  • A ti mismo dando testimonio del amor entre los hermanos.
  1. ACCIÓN: ¿A qué me comprometo? ¿A qué nos comprometemos?

La intención general del apostolado de la oración del Papa para el mes de mayo es:

Por la evangelización: La Iglesia en África, fermento de unidad

“Para que, a través del compromiso de sus miembros, la Iglesia de África sea un fermento de unidad entre los pueblos, un signo de esperanza para este continente.”

Intención personal: Tratar con mucho amor y cariño a mis seres queridos, ayudándoles en sus necesidades.

Intención comunitaria: Buscar una cercanía con los miembros de mis comunidades, enseñándoles cuan valioso es nuestro testimonio, que en muchas ocasiones fallamos.

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.