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Introducción

Recordemos que en el año 2006 se proclamó la puesta en marcha del Plan Diocesano de Pastoral y con ello se dio inicio a la Primera Etapa llamada “Kerigmática” y a la vez dimos paso a la Primera Fase sobre la “Reconciliación”, y así desde entonces hemos construido con la fuerza y gracia del Espíritu Santo este camino diocesano de Evangelización.

Tengamos en cuenta que en el año 2015 implementamos tres líneas de acción que nos han permitido dar fuerza y forma a nuestro camino diocesano de evangelización y de renovación pastoral: 1. Creación de Estructuras, 2. Sectorización del territorio parroquial y 3. La implementación del Proceso Evangelizador.

A lo largo de estos años hemos aprendido a caminar juntos movidos por la Espiritualidad de Comunión, hemos ido cimentando la acción pastoral de nuestras comunidades a través de estructuras pastorales que buscan hacer presente el Reino de Dios en la vida de los bautizados y personas de buena voluntad de esta porción de la Iglesia: La Diócesis de Texcoco. 

Por otro lado, así como Moisés hizo en orden al consejo de su suegro Jetró, también nosotros hemos optado por sectorizar las comunidades para acercarnos a los alejados y para llevar la Buena Nueva del Evangelio.

En este caminar de casi 13 años, Dios nos ha mostrado su generosidad y misericordia, permitiéndonos aprender a reconocer los errores y limitaciones, pero así mismo, nos ha acompañado para promover la experiencia de una Iglesia Diocesana en salida, misionera, reconciliada y reconciliadora.

Es en este marco histórico salvífico de nuestra Diócesis de Texcoco que presentamos las luces y los frutos con los cuales Nuestro Buen Padre del Cielo nos ha bendecido. Todo ello lo ponemos en su presencia con un espíritu de gratitud y de alegría, y no podemos dejar de suplicar a Dios su infinita misericordia por lo que no hemos llevado a cabo para vivenciar cada vez más la reconciliación.

Como Iglesia Diocesana motivada e impulsada por el Espíritu Santo queremos decirle a Dios Padre que deseamos continuar experimentando la reconciliación que su Hijo Jesucristo nos regaló a través de su entrega total de amor en la cruz. Queremos ser comunidades reconciliadas y reconciliadoras. Y le pedimos que nos permita ser también una Iglesia fraterna, amable, generosa, cercana. Una Iglesia que sea samaritana, motivada por la compasión y la misericordia, una Iglesia en la cual las comunidades, las familias y los sectores vivan y promuevan la fraternidad.

Hemos iniciado un camino de Reconciliación

Como se mencionó en la introducción, a partir del 2006, año en que se proclamó la puesta en marcha el Plan Diocesano de Pastoral, hemos iniciado un camino de Reconciliación. Teniendo primeramente en cuenta que Nuestro Señor Jesucristo nos ha reconciliado con Dios Padre y a la vez nos ha reconciliado entre nosotros mismos. En el Altar de la Cruz hemos sido reconciliados con Dios. Cristo pagó el precio de nuestros pecados, ha saldado la deuda de la muerte eterna y nos abrió el cielo, nos ha abierto la Gloria de Dios que el pecado de Adán y Eva habían cerrado.

Tengamos también en consideración que la Reconciliación es siempre una iniciativa de Dios, es Él quien busca a su pueblo, lo cuida, lo conduce, lo atrae hacia sí mismo. Es Dios Padre quien sale al encuentro de su pueblo, lo llama, lo invita, lo reúne, a través de la voz de los Profetas, de los Reyes. Podemos contemplar esta acción de Dios a lo largo y ancho del Antiguo Testamento, y por excelencia, Cristo es la Palabra Eterna del Padre que lleva a su plenitud esta iniciativa de Dios de reconciliar al mundo con Él, reconciliar a los hombres entre sí y con toda la Creación.

Como diócesis estamos llevando a cabo la Fase de la Reconciliación, una fase en la cual Dios nos concede obtener frutos acerca de la misma, frutos que se convierten en signos de la presencia misericordiosa de Dios en el día a día de nuestras comunidades parroquiales.

A través de estos signos, experimentamos el dinamismo de la acción del Espíritu Santo, y con ellos vislumbramos el crecimiento de cada una de las comunidades parroquiales. Estos frutos –que son signos a la vez–, los podemos contemplar en las tres líneas de acción con las cuales hemos caminado específicamente desde la IV Asamblea Diocesana de Pastoral realizada en el año 2015.

Veamos pues los signos y frutos que hoy queremos ofrecer a Dios, y así entonces agradecerle por permitirnos este camino de reconciliación que tratamos de experimentar y llevar a cabo a través de:

  1. Las Estructuras Pastorales.
  2. El Proceso Evangelizador.
  3. La Sectorización.

Recordemos que estos frutos que se manifiestan a continuación son el resultado del ejercicio de las Asambleas Parroquiales que a inicio de este año 2019 llevamos a cabo.

Mencionemos algunos frutos de la experiencia de La Reconciliación que nuestras comunidades han vivido en estos años en sus Estructuras Pastorales:

Aceptación

Integración

Trabajo en equipo

Mayor responsabilidad

Respeto

Afecto

Mayor y mejor comunicación

Unidad

Superación de asperezas

Pedir perdón y perdonar

Armonía

Participación

Unión

Dialogar para buscar soluciones

Corrección fraterna

Comunión

Respeto

Confianza

Caridad

Disponibilidad

Fraternidad

Tolerancia

Compromiso

Servicio

Inclusión

 

Veamos ahora groso modo los frutos de La Reconciliación en el Proceso Evangelizador (casas de oración, pastoral de seguimiento, pequeñas comunidades…)

Viviendo la fraternidad

Interés por la persona

Solidaridad

Experiencia del perdón

Reconciliación con Dios y con los demás

Ayudando a quien lo necesita

Participación

Testimonio

Trabajo en equipo

Vivencia de los sacramentos

Integración

Comunión

Unidad

Sirviendo a los demás

Disposición al proceso evangelizador

Aceptación

Reconciliación

Responsabilidad

Acercamiento

Respeto a los demás

Alegría

Corregir caritativamente al hermano

 

 

Por último, consideremos los frutos que se han alcanzado en la Sectorización (Sector, familia, agentes de pastoral, etc.):

Aceptación

Integración

Unidad

Comunión

Unidad y apoyo

Acompañamiento

Obediencia

Reconciliación entre familias

Compromiso

Acercamiento a los alejados

Ágape

Participación

Acercamiento de los integrantes de familia

Hermandad

Solidaridad

Convivencia

Sensibilidad a las necesidades

Mayor participación

Pertenencia

Reintegración de los alejados

Disponibilidad al llamado de Dios

Trabajo en equipo

Trato personal y directo

Proyección hacia la caridad

Preocupación por el prójimo

A través de las tablas anteriores contemplamos la acción y el empeño de nuestras comunidades para llevar a cabo la dinámica y experiencia de la Reconciliación. En estos términos contemplemos la presencia de Dios en la vida de nuestra Diócesis de Texcoco, es decir, detrás de cada palabra está la fuerza del Espíritu Santo que asiste a la Iglesia para que desde su humildad y generosidad se esfuerce por hacer presente el Reino de Dios en las comunidades parroquiales.

Si bien, es innegable la participación de todos los aquí presentes en esta Asamblea y de nuestros demás hermanos –obispos, sacerdotes, religiosas, seminaristas, laicos evangelizadores, etc.– que han contribuido para poner en marcha el Plan Diocesano de Pastoral, y en concreto, haber apostado por llevar adelante la Fase de la Fraternidad; pero ante todo reconozcamos que es la Gracia Divina que ilumina, conduce, guía, enseña, protege y asiste en todo momento a esta Iglesia diocesana de Texcoco, manifestada en cada una de sus comunidades. 

Y como bien sabemos, el Señor nos ha llamado a caminar detrás y junto a Él, nos ha llamado para dar frutos, y frutos en abundancia; frutos no para la Iglesia misma, sino para las comunidades, para las familias, para los sectores humanos y territoriales; frutos para seguir alimentando la fe del Pueblo de Dios; frutos para nutrir, para alimentar, para fortalecer.

Desde esta óptica, deseamos que este camino que hemos iniciado desde el año 2006 sea bien aceptado por Dios, que sea grato a las comunidades siempre sedientas de Dios, que sea un camino que nos permita vivir la experiencia cristiana de las primeras comunidades apostólicas, en donde por su forma y estilo de vivir se ganaron el título de “CRISTIANOS”, otros Cristos.

No es que demos por terminado este camino de la Reconciliación, ya que esta siempre es una fuente inagotable de misericordia y a su vez impulsa a nuevas y siempre generosas experiencias de vida cristiana. Nos vienen a la mente aquellas palabras que Nuestro Señor Jesucristo nos dijo algunos domingos atrás: “Alégrense de que sus nombres están escritos en el cielo…”, por lo que es necesario mantener nuestra vida de Iglesia diocesana siempre abierta a la experiencia de la Reconciliación y ahora queremos dar paso a la Fraternidad.

Pero antes, consideremos también nuestras limitaciones, que nos sucedieron en la sana y agradable experiencia de la Reconciliación:

 

Dificultades para vivir la Reconciliación en las Estructuras Pastorales:

Apatía

Egocentrismo

Falta de formación

Protagonismo

Vanidad

Desintegración de grupos

Egoísmo

Falta de organización

Irresponsabilidad

Rutina

Desmotivación

Envidia

Flojera

Resistencia a los cambios

Pesimismo

Desobediencia

Falta de compromiso

Frialdad

Servilismo

Rencor

División

Falta de comunicación

Intolerancia

Soberbia

La no consolidación de las estructuras

 

Dificultades para vivir la Reconciliación en el Proceso Evangelizador (Casas de oración, pastoral de seguimiento, pequeñas comunidades):

Alejamiento de grupos pastorales

División

Miedos

Agentes de pastoral que no se integran al proceso

Rivalidad

Antitestimonios

Falta de comunicación

No concluir el proceso

Pereza

Apatía

Ausentismo

Falta de interés

No abrir casas de oración

Poca participación

Problemas económicos

Desconfianza

Incongruencia

No respetar los acuerdos

Pretextos

Falta de espacios para la evangelización

Desobediencia

Malos hábitos

Falta de compromiso

Problemas familiares

Resistencia

 

Dificultades para vivir la Reconciliación en la Sectorización (Sector, familia, Agentes de Pastoral, etc.):

Activismo

Falta de comunicación

Falta de integración, de tiempo y de motivación

Falta de equipos de sector

“Grupismos”

Cultualismo y sacramentalismo

Pretextos

Incredulidad

Orgullo y pereza

Indiferencia

Desobediencia

Desconfianza y miedos

Agentes de pastoral que no se integran al trabajo del sector

Maltratos

Protagonismo y soberbia

División

Apatía

Materialismo

Rencores

Falta de acompañamiento

Falta de compromiso

Cansancio

Falta de compromiso

Desinterés

Negatividad en algunos agentes y sacerdotes


Considerando nuestras dificultades para llevar a cabo la experiencia de la Reconciliación –como primera fase de la Etapa Kerigmática–, vemos que hay signos comunes que esperemos en Dios los podamos superar para continuar buscando la Reconciliación y a la vez gustosamente vivir la Fraternidad –como 2ª fase de la Etapa Kerigmática–. Ante ello, movidos por la humildad y la verdad, reconocemos nuestras fallas que vemos plasmadas en las tablas anteriores. En este sentido hacemos un sincero acto de arrepentimiento y le decimos al Señor: ¡Perdón, Señor, Perdón! O traigamos a nuestra Asamblea Diocesana las palabras de Pedro arrepentido: ¡Apártate de mí Señor, porque soy un pecador! Y precisamente, viviendo la Gracia de la Misericordia confiamos en que a pesar de nuestras dificultades caminaremos bajo la guía y asistencia del Espíritu Santo, buscando hacer presente el Reino de Dios por medio de la Reconciliación y la Fraternidad.  

Trabajo por Decanatos:

1.- ¿Te ves tú y tu comunidad reflejados en este camino de Reconciliación?

2.- ¿Qué tanto has contribuido como persona, equipo pastoral, grupo, movimiento, sector, etc., parroquial, para alcanzar los frutos de Reconciliación?

3.- ¿Qué tanto te ves reflejado tú y tu comunidad en los obstáculos que no nos permitieron crecer en la Fase de la Reconciliación?

4.- ¿Cómo vas a continuar viviendo y promoviendo la Reconciliación en tu parroquia, equipo pastoral, grupo, movimiento, sector, etc.?

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.