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- Eslabón del Itinerario Catecumenal -

Nos encontramos en un momento decisivo dentro del Plan Diocesano de Pastoral, estamos en la Primera Etapa de todo un Itinerario Evangelizador. Nos situamos, aún, en el momento inicial del Plan (Primera Etapa), del cual dependerá todo el camino que nos falta por recorrer, de este momento dependerán el logro de los objetivos trazados, su éxito y los frutos de vida cristiana que se podrán recoger al final de cada fase y etapa.

Estamos pasando de la primera fase de la primera etapa: La Reconciliación, a la segunda fase: La Fraternidad. No hemos cerrado o clausurado la primera fase, ahora se nos invita a vivir un proceso de reconciliación de forma permanente y a la vez continuar con los pasos del itinerario.

Por lo tanto, estamos por iniciar la Segunda Fase.

Me gustaría recordar algunos criterios metodológicos que nos van a ayudar a hacer una correcta planificación y programación de la Segunda Fase.

  1. a) Puntos de referencia del itinerario:
  • Tomar en cuenta las indicaciones presentes en los documentos del magisterio para el itinerario.
  • Que el planteamiento de objetivos para lograr el dinamismo evangelizador sea contemplado en un proceso catecumenal.
  • Respetar el proceso psicológico de personas y grupos.
  • No olvidar la reflexión pastoral que a propósito de la renovación de la parroquia ya se ha elaborado, es decir siempre acudir a la metodología prospectiva. 
  1. b) Momentos e instancias del plan:
  • Planeación, como un gran todo, como la suma de las partes, como explicitación de los objetivos de cada paso, de cada fase, es el plan global.
  • Planificación, es la determinación de los medios para el logro de los objetivos, ordenar los procesos y configurar los organismos para su ejecución. Constituir la estrategia concreta para superar los obstáculos y alcanzar los objetivos.
  • Programación, es la concreción de las medidas instrumentales prácticas para realizar los procesos de acción ya determinados. Es lo inmediato y concreto, son ya momentos precisos del itinerario.
  1. c) Trabajo previo para llegar al Plan.
  • Modelo de Situación, como descripción de la situación actual, como radiografía de la situación para tener una visión dinámica de esa misma realidad.
  • Modelo Ideal, es la descripción, en conjunto, de los componentes que configuran la situación ideal de la Iglesia Local como si ya existiera.
  • Modelo de diagnóstico, es la visión valorativa de la situación actual, como interpretación y contemplación de Dios que actúa en la historia.
  • Modelo Operativo, como conjunto de componentes del modelo de situación y el modelo ideal y su proceso evolutivo de transformación de la realidad. 

MOMENTOS PREVIOS DE LA ETAPA Y LA FASE

Habiendo considerado los criterios metodológicos que debemos tomar en cuenta cada vez que en el camino del Itinerario pasamos de una etapa a otra, de una fase a otra, podemos contemplar ahora, los momentos del Plan, que como Iglesia diocesana hemos recorrido para poder llegar a la Segunda Fase de la Primera Etapa:

  1. Etapa previa.
  • Hemos tomado conciencia de un cambio en la forma de ser Iglesia y de vivir la misión como Iglesia. Gracias a una sensibilización en los distintos sectores eclesiales de la Diócesis.
  • Se han creado las estructuras necesarias para la implementación del Plan. Hemos tomado conciencia de la urgencia de un Plan de Evangelización.
  • Se han impartido cursos de formación a los agentes de pastoral (sacerdotes, vida consagrada, CPP´s, EPAP´s, movimientos apostólicos, grupos pastorales) que han permitido avanzar en el conocimiento de la metodología que la Diócesis ha adoptado para la elaboración e implementación del Plan Diocesano. 
  1. Etapa Kerigmática: La convocación de los hijos de Dios.
  • El encuentro con Cristo.
  • Primer Anuncio.
  • Llamado a la conversión.
  • Adhesión a Cristo por la experiencia salvadora y la fe.
  • Experimentando un Nuevo Pentecostés. HS 21, CT 72.
  • Suscita el deseo de la experiencia comunitaria.

1.1 Fase de reconciliación: Ya hemos emprendido un camino para recomponer los puentes entre todas las partes, de reordenar todo en función de un camino común, de reestablecer las relaciones y crear un tejido social que envuelva a todos los bautizados y a las personas de buena voluntad, el encuentro de aquellos que estaban separados.

1.2 Fase de la fraternidad: Ahora debemos recuperar el sentido del “otro”, reencontrar un mínimo de confianza entre todos como personas y entre el pueblo y sus líderes religiosos. Salir de la indiferencia frente al problema del “otro” y darse cuenta que reencontrar al otro es la vía para reencontrar a Dios en la fraternidad. Es comenzar a percibir que el sentido de la vida y la esperanza de futuro pasan por la fraternidad, la que Dios quiere y en la que se encuentra a Él como Padre.

1.3 Fase de comunidad: De la experiencia de fraternidad se puede pasar a redescubrirse como comunidad en camino, a percibir la comunión en una misma dirección y eso es ser Iglesia. Que cuando dos o tres o todos se reúnen, donde sea, ahí está la Iglesia.

A este primer recorrido, a este momento inicial es lo que llamamos Etapa Kerigmática y que gracias a la proclamación del Primer Anuncio se da paso a un proceso de conversión no solo personal sino incluso pastoral que conlleva en sí misma la reconciliación para poder colocar el cimiento a la vivencia de una verdadera fraternidad en sentido comunitario, en sentido eclesial, en sentido de Iglesia con proyección social. Es decir, toda la experiencia que otorga el Encuentro con Cristo, es llevada a ser testimoniada a todos los ámbitos donde la vida humana se desarrolla.

Entonces en la segunda fase de la Etapa Kerigmática nos proponemos fomentar la vivencia de la Fraternidad a través de acciones concretas que cada Nivel de Acción Pastoral con sus respectivas comisiones y equipos pastorales deberán organizar, programar y ejecutar para logar los objetivos de esta fase.

Uno de los primeros aspectos a trabajar será la sensibilización de todos los bautizados, en primer lugar agentes de pastoral, a tener experiencias frecuentes de fraternidad hasta lograr que sea un modo ser Iglesia. Hasta el punto que sea normal vivir fraternalmente en los distintos espacios y momentos de la vida eclesial y social de bautizados y personas de buena voluntad.

Algunos rasgos que se irán notando en la vivencia fraternal serán: 

  • Estar atento de quien tiene dificultad, dar tiempo a quien lo necesita, ayudar al que tiene necesidad, colaborar con los otros, abrirse a las necesidades del vecino, a las necesidades de otras Iglesias particulares, otros países, otros continentes.
  • Solidarizarse, hacer propia la causa de quienes sufren, servir y no hacerse servir, identificarse con los pobres, defender los derechos de los débiles, amar y promover la justicia, compartir de lo que se tiene.
  • Amar al cercano, amar al lejano, amar al que me ama, amar al enemigo, amar al que me calumnia: “Ámense los unos a los otros”.

Estas serán las formas muy concretas de ir experimentado la fraternidad en los distintos espacios eclesiales: pequeñas comunidades, sectores de la parroquia, equipos pastorales, comunidad parroquial. Y serán los criterios para relacionarnos en los distintos ámbitos diocesanos: decanato, vicaría, diócesis.

Por lo tanto, las distintas instancias pastorales de la Diócesis, de cada vicaría y las parroquias deberán programar sus acciones pastorales respetando los objetivos de la Etapa, la Fase y el Nivel pastoral que corresponda, buscando que los rasgos de vivencia fraternal sean notorios en la experiencia eclesial.

A la programación de la fase en sus distintos niveles, comisiones y dimensiones pastorales se le deberá dar el tiempo necesario para lograr una correcta y adecuada programación, que no esté desfasada de todo el entramado del Plan Diocesano y de los distintos organismos diocesanos. Se deberán tener reuniones de programación para lograr que las acciones programadas favorezcan una pastoral orgánica e integral. Y así superar el vicio de programar o realizar actividades aisladas, como cajones separados de un estante. Precisamente es la ventaja de contar con un Plan Diocesano donde ninguna instancia eclesial diocesana debe excusarse de inspirarse en él y realizar su acción pastoral con verdadero sentido comunional.

La metodología prospectiva que aplicamos en el Plan nos sugiere que cada fase se viva en un periodo de tres años, aproximadamente, pero la Diócesis tiene la libertad para establecer un tiempo diferente. Aun así, el periodo de tres años es un referente para el logro de los objetivos. Ojalá que los distintos organismos diocesanos, aparte de hacer una programación anual, se propongan realizar la programación trienal, para así pasar de una visión inmediatista a una visión con una óptica más amplia, visión de futuro.

Al igual la programación de la fase deberá contemplar las tres prioridades por las que ha optado la Diócesis: Estructuras Pastorales, Sectorización y Proceso de Evangelización. La formación y acompañamiento de las estructuras debe seguir fomentando la reconciliación y logrando la fraternidad. Por otro lado, el trabajo de los sectores debe promover espacios y momentos concretos para experimentar la reconciliación y fraternidad a través de acciones donde se valore a la personas como don de Dios. Y finalmente, el proceso de evangelización con sus diferentes momentos, la misión, casas de oración, anuncio del kerigma, seguimiento, pequeñas comunidades, discipulado y apostolado debe seguir contribuyendo de manera sólida al primer momento del Itinerario Catecumenal: RECONCILIACIÓN-FRATERNIDAD-COMUNIDAD.

Ahora solo nos queda por conocer los Objetivos de la Segunda Fase y de cada Nivel para, entonces, realizar la programación diocesana, la programación de cada nivel con sus respectivas comisiones y dimensiones, la programación de vicarías, decanatos y parroquias con sus respectivas instancias. Hay que cuidar mucho tener como brújula de la programación el Problema Fundamental, el Ideal e idea fuerza, y los objetivos generales y específicos con los que se cuenta.

Nota: Cuando hablamos de Itinerario Catecumenal y/o Itinerario Evangelizador nos estamos refiriendo a todo el Plan Diocesano de Pastoral, con cada una de sus etapas y respectivas fases, nos referimos al Plan en su conjunto y no solo a un momento o etapa, aunque el Plan tiene una etapa llamada catecumenal, realmente todo este camino, en suma, es un camino catecumenal.

 

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.