Primer Domingo de Cuaresma 2012

El Libro de la sabiduría define al Señor como “¡Amante de la vida!” (11,24). El tema alude a un motivo que ya viene desde Génesis: Dios quiere al ser humano como “viviente” de verdad, esto es: un ser "nuevo", que experimente hoy los días del paraíso (Gén 2).

Este es uno de los temas sobresalientes en el tiempo de cuaresma

La vida (conjunto de situaciones que embellecen y elevan al ser humano, al que la Biblia describe con los símbolos del agua y de la luz), coloca al ser humano en la cima de la creación y lo vuelve destinatario de la salvación de Dios. Con todo, tal vida no es sólo valiosa por haber salido de la nada, sino por las huellas que el Señor ha puesto en ella:

  • la seguridad del amor de Dios, que brota de la fe (bautismo);

  • el ejemplo de Cristo que vence la tentación (esperanza);

  • y la fuerza del Espíritu que la hace “nueva”, al darle la caridad como vehículo.

Pero a la vida... ¡hay que cuidarla y renovarla! Las lecturas de hoy así lo sugieren.

Apenas salidos del arca, Noé, sus hijos y los animales, se encuentran con Dios quien les promete solemnemente evitar otro diluvio. De ahora en adelante podrán vivir tranquilos y tendrán al arco iris como señal del cuidado y de la protección divina.

Génesis señala una alianza o compromiso entre Dios y los humanos: Él no permitirá que otro diluvio devaste a la tierra; pero los seres humanos deberán también renovar su mente y corazón para no repetir las acciones que lo provocaron (primera lectura).

Por su parte, Pedro interpreta el relato del diluvio en forma típica, es decir, refiriéndolo al bautismo cristiano. El diluvio destruyó a la humanidad corrupta, lavó al mundo y quitó el mal; pero también salvó a una familia de elegidos.

Ahora, en cambio, la salvación ocurre por la muerte y resurrección de Cristo, evocada en el bautismo. De ahí, el apóstol deduce que el bautismo no consiste principalmente en lavar manchas, sino en llevar a un compromiso ante Dios y salvar, es decir: vivir la nueva vida que Jesús ha iniciado con su resurrección (segunda lectura).

El evangelio se fija también en la novedad de vida propuesta por Cristo. El Espíritu lo lleva al desierto, lugar de soledad, riesgo, prueba y muerte pero, también, espacio en que el ser humano encuentra a Dios y es asistido gratuitamente como el pueblo salido de Egipto:

  • cuando se perdía ... una nube o la columna de fuego lo guiaba;

  • si tenía hambre ... se le otorgaba el maná, codornices y agua;

  • de haber enemigos en su horizonte... bastaba con que Moisés alzara los brazos para quedar libre de peligros (Éxodo 13,21-22; 16 - 17).

El relato del evangelista sobre la situación de Jesús el desierto señala que el Maestro vive, como modelo positivo, la situación del hombre en el mundo, sus pruebas, su hambre y soledad, que lo ponen a merced del Maligno. Sin embargo, Jesús recurre a la Palabra de Dios para descubrir la tentación; y al Espíritu, para superarla.

En definitiva, la Liturgia de este domingo de cuaresma propone en Jesús la nueva versión de Adán: éste fue vencido por la tentación... mientras que Jesús la libra; Adán dominaba animales...; a Jesús lo sirven éstos, además, de ángeles; Adán culpó a su mujer...; Jesús, por su parte, se sirvió y apoyó en la voz de la Escritura.

El tiempo de prueba prepara a Jesús como atleta para difundir la noticia más agradable: la cercanía de Dios en su propia persona, la llegada de un tiempo de perdón y la invitación a la conversión con que los seres humanos pueden volver a ser herederos y habitantes de una nueva tierra con actitudes nuevas, diversas a las de sus progenitores.

 

Este texto forma parte de “Celebrar y vivir la Palabra” Ciclo B de A. Tomás Parra Sánchez

 

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