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A 20 años de haber iniciado el siglo XXI, todos hemos escuchado que el agua es un recurso natural no renovable, y que estamos terminando con ella. Científicamente conocemos las propiedades y la función del agua en el mundo natural, pero éticamente debemos decidir cómo preservar, proteger y distribuir los recursos hídricos de la Tierra. La espiritualidad nos ayuda a identificar nuestras principales convicciones sobre el significado y el valor del agua.

Decimos valorar el agua por su significado para la vida, pero ¿realmente nuestras acciones expresan una espiritualidad de respeto por los recursos hídricos de la Tierra?, o por el contrario, abusamos del uso del agua y mostramos un espíritu interior que carece de respeto por ella, independientemente de lo que podamos decir acerca de su valor. Prestar atención a cómo actuamos nos ayuda a identificar las fortalezas de nuestras verdaderas convicciones.

Con notable regularidad en las culturas humanas, el agua se ha utilizado para comunicar el valor sagrado de la vida, la dimensión espiritual de la purificación, la protección y la curación, y el profundo significado del sufrimiento y la redención en la vida humana. Sin embargo, aunque el agua ha sido vital para el simbolismo religioso y el ritual, muchos miembros de las religiones del mundo -incluidos los cristianos- no respetan el agua como un recurso natural finito. Muchos de los miembros de las comunidades religiosas y también muchas personas que no profesan ninguna religión necesitan una conversión interna y espiritual para apreciar el valor del agua.

Hemos abusado del don de Dios de la creación. Esto no solo hiere a la creación e insulta a Dios, sino que también perjudica a las personas, ya que todos dependemos de los frutos de la creación para nuestra propia supervivencia. Tenemos la urgente tarea de la reconciliación con la creación, que también está vinculada a una reconciliación con los pobres, personas cuyas vidas están más afectadas por la crisis del agua.

En la tradición religiosa cristiana, la verdadera reconciliación se deriva de una restauración de la relación de uno con Dios, con gratitud por el don de la creación. Esta reconciliación proporciona la energía espiritual para imaginar una Tierra sana y actuar de manera que haga realidad lo que imaginamos.

¿Cómo podemos usar nuestros conocimientos científicos, éticos, culturales, sociales y espirituales para actuar de una manera que sane el planeta? ¿Qué acciones benéficas puedes imaginar que ayuden a restaurar, proteger y preservar los recursos hídricos de la Tierra en tu comunidad?

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.