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Celebrar la Caridad de Dios, su infinito Amor, es una experiencia fundamental y primordial en la acción litúrgica de la Palabra y Eucarística, por Obra de Dios, no nuestra, y para bien y perfección de todos los fieles cristianos. Y qué mejor que vivir esta práctica, símbolos y experiencia litúrgica y sacramental, en la dimensión personal y comunitaria que nos da la Celebración Eucarística, para crecimiento, fortalecimiento y transcendencia de nuestra vida cristiana.

El número 42 de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium afirma que “Dios es caridad, y el que permanece en la caridad permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4,16) … a fin de que la caridad crezca en el alma como una buena semilla y fructifique, todo fiel debe escuchar de buena gana la palabra de Dios y poner por obra su voluntad con la ayuda de la gracia. Participar frecuentemente en los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía, y en las funciones sagradas. Aplicarse asiduamente a la oración, a la abnegación de sí mismo, al solícito servicio de los hermanos y al ejercicio de todas las virtudes.” 

En la Eucaristía celebramos el amor de Dios, su perdón, reconciliación y salvación integral en medio de la comunidad cristiana, y nos impulsa a continuar y transmitir la vida en Dios, su gozo y alegría de nuestro encuentro con el único, verdadero y auténtico Amor con todos los demás: familia, amigos, vecinos, compañeros, conocidos y desconocidos de la comunidad y sociedad; especialmente con los pobres, enfermos y personas necesitadas.

Entonces, ¿cómo debe participar la Iglesia durante la actual emergencia sanitaria?

Con mucho sentido de las virtudes teológicas: fe, esperanza y caridad, en su dimensión comunitaria, y asumir el llamado a vivir la paz, solidaridad, bien común; para esto nos hemos preparado y así debemos actuar frente a la pandemia del COVID-19; enfrentar la emergencia contando con el poder amoroso y misericordioso de Dios; siendo obedientes, prudentes, valientes y generosos, y por sobre todo, mantener y avivar la comunión de la Iglesia: 

  • Mediante la fuerza de la oración a Dios.
  • Practicando los sacramentos de la Reconciliación y Comunión, de acuerdo con las disposiciones diocesanas; pero teniendo una especial necesidad de la vida sacramental.
  • Profundizando la experiencia de Dios en el hogar con la Lectio divina y enseñanza de la fe, con la ayuda de algún juego, de algún libro, por ejemplo repasar con los niños el estudio del catecismo, de alguna película de la vida de Jesús, de alguna santa o santo, de valores.
  • Confiando en el Señor, en su paz y en su verdad de salvación.
  • Manteniendo la unidad con todos los miembros de la Iglesia; reconociéndonos, apreciándonos, valorándonos. No estamos solos: Somos del Señor.
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