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La carta encíclica Laudato Si’ del papa Francisco, es el referente sobre el cuidado de la casa común; casa que todo habitamos, y es la única que tenemos, y a la que por muchos años se le han provocado graves daños. Hoy el planeta sufre un enorme deterioro en su suelo, agua, aire, ocasionando una crisis ecológica, con consecuencias terribles para el campo que nos alimentas, de los bosques que nos proporcionan oxígenos, de los mares que equilibran los climas, y por añadidura, a la economía y a toda la sociedad. El Papa no cesa su llamado para detener este cruel ataque a nuestro planeta, Creación de Dios. Esta falta de respeto, significaría para todos los seres humanos, su decadencia.

Ante este urgente grito de dolor del planeta, el Papa llama a todos los cristianos a orar en el mes de septiembre, en una Jornada Mundial por la Creación. En su mensaje de 2019, el papa Francisco afirmó que “este es el tiempo para reflexionar sobre nuestro estilo de vida y sobre cómo nuestra elección diaria en términos de alimentos, consumo, desplazamientos, uso del agua, de la energía y de tantos bienes materiales a menudo son imprudentes y perjudiciales. Nos estamos apoderando demasiado de la creación. ¡Elijamos cambiar, adoptar estilos de vida más sencillos y respetuosos! Es hora de abandonar la dependencia de los combustibles fósiles y emprender, de manera rápida y decisiva, transiciones hacia formas de energía limpia y economía sostenible y circular. Y no olvidemos escuchar a los pueblos indígenas, cuya sabiduría ancestral puede enseñarnos a vivir mejor la relación con el medio ambiente.”

Desde el número 14 de Laudato Si, el papa lanzó una invitación permanente a “un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos. (…) Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aun entre los creyentes, van de la negación del problema a la indiferencia… Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades”, señaló.

“Las criaturas de este mundo no pueden ser consideradas un bien sin dueño: «Son tuyas, Señor, que amas la vida» (Sb 11,26). Esto provoca la convicción de que, siendo creados por el mismo Padre, todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde. Quiero recordar que «Dios nos ha unido tan estrechamente al mundo que nos rodea, que la desertificación del suelo es como una enfermedad para cada uno, y podemos lamentar la extinción de una especie como si fuera una mutilación»” (Laudato Si 89).

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