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La devastadora enfermedad infecciosa por coronavirus SARS-CoV-2 (COVID-19), continúa aquejando a toda la humanidad. Cerca de alcanzar la cifra de 30 millones de contagios en todo el mundo y con más de 897,713 millones de personas fallecidas (según estimaciones oficiales, del 8 de septiembre), la familia es el ámbito que sufre los estragos de la pandemia, soportando los efectos de la crisis sanitaria, económica y social. Más aún, si experimenta el dolor de la hospitalización de un ser querido, de la pérdida de vida de algunos de sus miembros, de la falta de empleo, aunado a las restricciones que, por salud, trastorna su espacio de desarrollo y convivencia: su hogar.

Así como sucede en todo el mundo, para México también ha significado el agravamiento de las dificultades y conflictos que la población arrastra desde hace décadas. Ante este preocupante panorama los cristianos tienen el deber de enfrentar la vida con la firmeza de la fe, principalmente con la fuerza de la oración. 

El Papa Francisco, sensible al sufrimiento de miles de familias, con su abrazo de fe entregó a la Iglesia la oración por el fin de la pandemia, donde solicita la amorosa intercesión de la Santísima Virgen para que la misericordia de Dios nuestro Padre. Se haga presente en nuestras realidades, y en especial por las familias que padecen los efectos de esta enfermedad.

En la plegaria el Papa pide consuelo por los que “se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma”, y su amor maternal por “aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas”, así como confianza para “quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo”, para lo cual el Santo Padre implora al Padre “que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz”. 

También pide la protección para los médicos, enfermeros, personal sanitario y voluntarios “que en este periodo de emergencia combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras vidas”, así como a los sacerdotes “que con solicitud pastoral y compromiso evangélico, tratan de ayudar y sostener a todos”.

En sus ruegos a nuestra Madre Amantísima, pide que se acreciente el sentido de pertenencia a una única y gran familia, “tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria”… “Oh María, Consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, haz que Dios nos libere con su mano poderosa de esta terrible epidemia y que la vida pueda reanudar su curso normal con serenidad”.

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