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Homilía de Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco, en la solemnidad de Cristo Rey

26 de noviembre de 2017

ο γιος του ανθρώπου που κάθεται στο θρόνο του δόξα του.“El Hijo del hombre sentado en su trono de gloria”.

 

Mis queridos hermanos, concluye el año litúrgico y tenemos una de las imágenes preciosas –difíciles- claro, de Nuestro Divino Señor Jesucristo “Rey”, y vemos cómo desde un texto antiquísimo -hará dos mil quinientos años, se dio este texto- el mismo Dios, el mismo Señor, esto dice el Señor Dios: Yo mismo en persona, buscaré a mis ovejas, yo personalmente las cuidaré, las atenderé, seré su pastor; si están dispersas, sobre todo si están en lugares peligrosos, si están padeciendo miedos, incertidumbres, peligros, ahí estaré con mis ovejas.

 

Y luego, viene el salmo 22, 23 el de el Buen Pastor, en donde es emocionante notar, Dios nos acompaña en todos los espacios posibles, en los lugares inimaginables camina con nosotros, está atendiéndonos, resguardándonos, al pendiente, como una mamá cuida nuestros grandes espacios, acompaña en los movimientos, en los desplazamientos de la vida y también en la intimidad.

 

Cómo quiero disfrutar con ustedes este aspecto tan bello del Buen Pastor, en la casa, nos invita, nos introduce a su casa, nos atiende, nos pone a la mesa; de hecho hay toda una historia en favor de esta mesa, “habrá una mesa en la casa del Señor, y me pones un pan”; por cierto, lo tenemos escrito en este altar en el texto original en hebreo “me pones un pan con rostro”, quién se iba a imaginar que habría en la mesa de Dios un pan con rostro, para que el hombre pueda dialogar y pueda sonreírle a Dios en su casa, en lo bonito como es su comedor, su mesa. Aquí nuestros antepasados no conocían el pan de trigo, solo tlaxcalli, la tortilla, y cuando llegaron los españoles, rápido adornaron el pan; hoy se llamaría “pan de fiesta”, hoy se llamaría “pan florido”, pero en el fondo era la intuición de que el pan de Dios es agradable. Nos mete a su casa, nos invita a su mesa, nos pone manjares exquisitos.

 

El profeta Isaías en eso se pinta solo, dice que va a haber de lo más bueno, delicioso en la mesa del Señor, vinos, y por eso el salmo del Buen Pastor dice, pues me pone pan y la copa, que podamos brindar; otra vez, quien se iba a imaginar que la sangre preciosa de Cristo, no solo nos protegería, nos cubriría, nos perdonaría sino que además nos daría un sentido muy alto de recoger lo que no tenemos, de vivir lo que ordinariamente no vivimos; cuando se toma un poco de vino surgen sonrisas, ilusiones, conversaciones, proyectos, incluso noblezas que no hubiéramos podido tener simplemente por decir, tomando agua, el vino siempre da un estirón hacia arriba, hacia lo mejor, hacia lo alegre, hacia lo comunitario, hacia lo compartido.

 

Me da pan, una copa y por si fuera poco, perfume, perfume. La Iglesia católica -me gusta decirles a los jóvenes- es la única religión que conserva sistemáticamente la oferta del perfume; cuando te bautizaron te perfumaron, que entres fresquecito, limpio pero también perfumadito, agradable; el perfume como el vino da una dimensión, un plus, ¡me perfuma!, ¡no nada más me quiere, no! unas atenciones, una finura, una educación, una delicadeza, la de Dios.

 

Bueno, pues queridos hermanos, por eso llegar al Evangelio, es naturalmente una conexión con la historia antigua, las enseñanzas antiquísimas de Dios, lo profetas, y ahora el Evangelio de Cristo, ahora Nuestro Señor continúa, mantiene el mismo estilo, el mismo carácter, las mismas conductas y actitudes de Dios pero en una forma sorprendente, Nuestro Divino Señor nos regaló actitudes increíbles, inesperadas, ahora el agiston, el agiston.

 

Jesucristo abrió un horizonte no solo hermoso, no solo elocuente, si no útil, insospechado; al decirnos “vámonos con los que tienen hambre, atendamos a los que tienen sed, a los forasteros, a los desnudos, a los enfermos, a los encarcelados, y todas las actitudes que va diciendo, en verdad que son admirables, mis queridos hermanos, por ejemplo esta mañana en Chimalhuacán meditábamos “estuve desnudo”, por desgracia en español se tiene que traducir “y me vistieron”, pero el vestir actual es muy simple ¡ten, ponte la chamarra!, ¡ten, te doy ese suéter!, no sé si ustedes han oído hablar del Sari, Sari es el traje típico de la India, es un traje que requiere mucha tela, y lleva muchos pliegues, y lleva muchos niveles, por lo tanto, la mujer cuando se viste con el Sari, pues tiene que hacerlo con mucha delicadeza, despacito, y se va disfrutando, y se va acomodando, y va apareciendo la belleza de esa túnica, de ese vestido que usaran las mujeres de la India, el Sari.

 

Esto es lo que dice el texto, yo estuve desnudo y ustedes -pues no es tanto me vistieron- sino me fueron acariciando, me fueron calentando el cuerpo, me fueron dando, pues por qué no, masajitos, lo que es el cariño de personas que se aman, “delicadamente ustedes me vistieron”. Lo mismo en la cárcel prosmein, es la actitud número uno del verbo pros, está a favor de Dios, ahora el Hijo, ahora el Verbo Encarnado esta pros, en favor de los más pequeños, y de los que no lo esperaban ni merecían.

 

Queridos hermanos, abrámonos a la enseñanza de Cristo. Progresemos constantemente en la inteligencia del Evangelio, nuestro mundo sigue haciéndose cruel, nuestro mundo va a ser cada vez más duro, nuestros ambientes van a ser inhóspitos, cada vez con caras más largas, cada vez con más desconfianza, cada vez con más descalificativos entre todos, ¡los cristianos no!, los cristianos tenemos otro espíritu, otra educación, otra ruta, otra meta que es la del amor, que es la de la caridad; ahí no te equivocas, tus obras buenas, tus obras de compasión, tus obras de misericordia, camino auténtico de obediencia a la voluntad de Dios, al corazón de Cristo. Lo bendecimos porque nos concede tener acceso a lo más sagrado que Él tiene, como es pensar, actuar en favor de las personas con esta delicadísima caridad. Así sea.

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.

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