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Homilía Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo De Texcoco

03 de diciembre de 2017 

“¡Velen! pues no saben cuándo el Señor de la casa, llegará”.

Queridos hermanos, hemos comentado que en este momento para nosotros empieza el sagrado tiempo del Adviento, y esa palabra es muy sencilla ¡ven!, venir, como es delicioso decir, escuchar esa palabra, ¡ven! te vienes, te invito, te espero, nos juntamos. El verbo por naturaleza es un verbo de personas, es un verbo intensamente personal, gracias a este verbo el dinamismo de las personas, las amistades, las familias, las experiencias más bonitas son las que se han construido.

Cuando alguien no va, cuando alguien rechaza, cuando alguien se va, se esconde, suceden cosa muy amargas, muy desilusionantes, más cuando eso es con dureza, sistemáticamente o a veces hasta por crueldad. De lo más noble que tiene el corazón humano, de lo mejor que tenemos las personas, “es ir”, ya el hecho de no ir, marca algo que no está bien, que no es agradable; lógico, no podemos ir a todas partes ni andar a toda hora, pero hay momentos solemnes, hay lugares especiales, hay encuentros delicados, encuentros clave que si debemos atender. Eso es el sagrado tiempo del adviento, la relación personal con Dios, el motivar, el suscitar, el que Dios nos invite y que nosotros lo invitemos, el que hagamos un acuerdo y que podamos caminar de acuerdo, que podamos caminar juntos y que podamos hacer una historia juntos, esto es el universo del sagrado tiempo del adviento.

En primer lugar para ello, mis queridos hermanos, quiero como recorrer junto con ustedes el texto del profeta Isaías, yo creo que todos necesitamos en un momento decir estas cosas que decía el profeta “¡Señor, tu eres nuestro papá!, ¡Señor solo tú nos ayudas, Nuestro Salvador!, ¡solo tú eres nuestro Redentor!, ¡siempre, tú has estado al pendiente de nosotros!, no te alejes, no nos dejes alejar de ti, que nuestro corazón no se eche a perder”. Si estamos lejos nos hacemos indiferentes, si estamos lejos el corazón se enfría, si estamos lejos se pierden muchas calideces que se realizan en la amistad ¡no te quedes lejos, no nos dejes lejos, regrésate, vuélvete! Mira, ya no le interesamos a Abraham, Abraham ya se olvidó de nosotros, no vemos a Abraham por ningún lado, dice el texto: no vemos a Jacob que se interese por nosotros, da mucha tristeza habernos abandonados.

¡Vente!, aunque tengas que romper el cielo, dale un hachazo, dale un machetazo al cielo, rásgalo y vente, vente acá con nosotros, camina con nosotros, sigue realizando obras en favor nuestro, porque te estamos esperando, sal a nuestro encuentro, transforma nuestra amargura en alegría y que no se pierda de vista lo grande que tú eres para nosotros. Señor, eres nuestro Padre y nosotros somos tu lodito, somos tu barro, estamos en tus manos reconstrúyenos, haznos nuevos, renuévanos, somos obra, somos hechura de tus manos.

Les digo, creo que sí nos ayuda mucho el saber hablar con Dios, para ello pues, durante este tiempo la Iglesia recomienda, y yo se los digo en una forma muy directa, leamos los libros de los profetas, en especial a Isaías, el profeta Isaías es un maestro de vida, es un hombre muy sabio, fue llamado el príncipe de los profetas, descubrió y reveló cosas extraordinariamente bellas, importantes para la vida humana, para la vida espiritual, para las familias, el profeta Isaías estará iluminando todo este sagrado tiempo del adviento y de la Navidad; también los Salmos, también los libros de Samuel, en cuanto que ahí aparece la historia del Rey David.

Vayamos al Evangelio mis queridos hermanos, en el Santo Evangelio escuchamos ahora al mismo Cristo. Quiero decirles que para mí siempre será emocionante oír esta palabra, que hemos escuchado “abran los ojos, fíjense, miren, no estén aturdidos, no estén dormidos, desaliñados”. Qué bonito que Nuestro Señor claramente nos dice cómo podemos ser los cristianos. Estas cosas ya nadie las dice, nadie se atreve a hablar de esta manera: no anden descuidados, no anden desganados, sonámbulos, dormidos, como el león que duerme con los ojos abiertos.

Muchas personas pasaron por la vida de noche, no supieron para que es la amistad, para que es la fe, la familia, los esfuerzos, el trabajo, ni siquiera el dinero, no supieron para que es la vida, no supieron disfrutar a sus papás, a su esposa, a sus hijos, no supieron disfrutar verdaderamente los amigos, cuidarlos, valorarlos, atenderlos; que bonito que Nuestro Señor nos mete en un sistema de relación personal, es muy desilusionante que, incluso a veces cuando te invitan, y que no hay nada preparado y que ni siquiera te saludan, y que andan en otra cosa; y pues ahora como vemos las dependencias por ejemplo del teléfono, del internet, y llega la persona y esta la persona, y como si estuviera, pues ni siquiera un mueble, ni siquiera una cosa, sino es desilusionante ver, la calidad humana se desplomó.

Que bueno que Nuestro Señor Jesucristo a nosotros nos dice “atentos sus ojos, mírense a la cara, acérquense, sonríanse, recíbanse, salúdense, estén listos”; eso da gusto, da gusto cuando una persona es atenta, da gusto cuando una persona es educada, da gusto ver una persona con gracia, con, digamos también con atractivo, o una persona con chispa, una persona con ideales, una persona con ilusiones, una persona con donaire, una persona que no esta aletargada, una persona que está para ti, contigo, junto a ti.

Queridos hermanos, así nos quiere Dios, esto vale, primeramente para Él, Nuestro Señor, que nos importe Dios, que nos gusten las cosas de Dios, que sean para nosotros enseñanzas sublimes las revelaciones que Él nos ha hecho a través de la Sagrada Escritura, a través de la proclamación que hace la iglesia, que para nosotros eso tenga calidez, que eso tenga importancia y que eso haga vida, no nada más que sea una serie de conocimientos o de ritos espirituales o religiosos, sino que incida profundamente, haga verdaderamente nuestro ser desde la conciencia, desde las emociones, desde los sentimientos, que no andemos pues, como robots, que no andemos nunca perdiendo el toque precioso del ser humano.

Al iniciar pues el sagrado tiempo del adviento, todos nosotros hagamos un esfuerzo más por crecer en esa vida humana, en esas virtudes humanas, en esa calidez y calidad humana, en este tiempo de adviento disfrutemos el estar todavía en una patria libre, en una patria en donde hay interlocución, en donde puede haber diálogos, encuentros, alegrías, sonrisas, interés de unos por otros, y no que vayamos a llegar a vivir en un panteón, en un cementerio, porque no está Dios, porque no tenemos quien nos eduque, porque no tenemos quién nos de espíritu, porque no tenemos quién nos de la sabiduría infinita. Así sea.

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La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.

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