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Homilía de Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco

En la Solemnidad del Bautismo del Señor

10 enero de 2021

 

“Yo los bautizo a ustedes con agua”. Mis  queridas, mis queridos hermanos, el día de hoy al celebrar el bautismo de Jesús, la iglesia nos pone ante un elemento tan bello: el agua, que marca, pone un sello, una ruta muy importante en la vida del creyente, en la vida del espíritu y de la fe. “Yo los bautizo a ustedes con agua”, al salir Jesús del agua, está el cielo, está el padre de Dios, está el espíritu.

 

Bueno, porque no decir mis queridos hermanos que nosotros tenemos el privilegio de haber nacido en el planeta agua, lo llamamos tierra, pero es menor la cantidad de tierra que de agua, esto lo dicen los mares. Tenemos muchos mares, aquí en México se dice que son siete, pero simplemente pues el Mediterráneo, el Atlántico, el Pacífico, pues es un mar inmenso, no hay una digamos extensión de tierra que gane a estos mares; tenemos el privilegio de haber nacido en un planeta que debería llamarse “agua”, hay más agua que tierra, hay más agua que fuego, y tal vez más agua que aire, ya que el aire es H2 (hidrógeno) O (oxígeno).

 

Lo que queremos decir es que el agua es el elemento vital, fundacional, imprescindible, de nuestro mundo, el más útil y curiosamente el más respetuoso y admirable. A dónde llega el agua para servir, no trastoca la esencia, ni la estructura de los seres; si el agua llega a una plantita, sigue siendo higuera, pastito, si el agua llega a un animalito sigue siendo borreguito, sigue siendo una vaquita, lo que sea; y después lo vemos en el aseo de la casa, el agua sigue respetando la estructura del piso, si metemos la ropa a lavar el agua prefiere quedar ella sucia para que nuestras prendas estén limpias; y claro no se diga del ser humano, lo importante que es el agua.

 

El agua es pues un símbolo podemos decir, clarito de Dios, necesario, fino, respetuosísimo; y así será Jesús, quiere decir que Nuestro Señor nos estaba dando con elocuencia esta enseñanza, la vida de Cristo, la vida de Dios es pureza, limpieza. Hoy los médicos nos enseñan que la limpieza es la base de la salud; una persona estará sana mientras más limpia este por dentro y por fuera; cuántas veces pensamos que el riñón con que reciba líquidos va bien, funciona, y los sabios dicen no, el riñón necesita agua, agua pura para seguir funcionando correctamente. No se diga la utilidad del agua para quitar la sed y dar armonía a nuestro cuerpo.

 

El agua Pues mis queridos hermanos, a nosotros los que hemos creído en Cristo, nos deja una opción de vida, nos da el nivel más puro, la ruta; el bautismo nos da el camino verdadero de nuestra vida, un cristiano siempre será opción por la pureza, opción por la rectitud, opción por la frescura, opción por jugar limpio, ser y hacer limpiamente las cosas. El bautismo de Jesús nos marca esta ruta tan bella, el servicio; el agua es estar al servicio, entregarse. Como hemos visto el agua recoge en sí misma, lo peor de nosotros, como serían las inmundicias, pero purificando y muriendo para que el otro quede bien, qué de fresco, quede limpio; eso sólo Dios, sólo Cristo lo ha hecho espléndidamente, pues Él se entregó, murió, recogiendo nuestros pecados, nuestra muerte, como el agua, para que nosotros pudiéramos vivir, para que viviéramos al cien y no a medias.

 

Por eso queridos hermanos, en el bautismo de Jesús aparecen en una forma tan modesta pero clara, el espíritu; recordemos que espíritu se dice rúa, viento, brisa; y otra vez dos de hidrógeno, uno de oxígeno, eso sería científicamente el aire, el viento, Cristo el agua, el espíritu, nos regala esta fundación vital, nos regala al Padre, no regala su voz, su Palabra. En el bautismo se nos regala el amor, mi hijo así, para mí es muy agradable, yo estoy muy contento con él; y entonces se forma la familia, la iglesia, la comunidad, el gozo, el gozo de estar limpios, de estar juntos, y al final, a esto bien podríamos llamarle “el cielo”

 

Me ha impresionado ver cómo en el texto original, hoy, se nos dice que los cielos se rasgaron, y que los cielos se abrirán ahora desde la tierra gracias a Jesús, y con Jesús y el texto dice: Jesucristo ha recibido de Dios la encomienda de darnos acceso, de ponernos en comunión con todos los cielos; casi todas las culturas, comprendida la cultura náhuatl nos habla de siete, hasta nueve, hasta trece cielos; Dante en la Divina Comedia nos habla de los nueve cielos, significado que el sistema de la vida y de la felicidad de Dios son infinitos.

 

Queridos hermanos, tenemos el privilegio de haber sido bautizados en Cristo, tenemos el privilegio de tener una referencia muy grande hacia Jesús, que es, no una gotita de rocío ─ como si, ciertamente empezó su desarrollo histórico ─  no sólo gotita de rocío, de brisa, de agua, una lluvia, un torrente, una fuente, un pozo de agua viva, si no, pues toda la riqueza del amor de Dios. Tenemos ese privilegio, hoy que la iglesia recuerda el Bautismo de Jesús, metámonos en ese sistema de vida que Cristo nos ofrece y, tendremos sin duda la experiencia perfecta de Dios. Así sea.

 

 

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