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Homilía de Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco

II Domingo de Tiempo Ordinario 

17 de enero de 2021

 

“Aquí estoy”. Como se esperaba que el hombre diera esta respuesta a Dios. La primera vez que el Señor llamó al hombre,  Adán, ¿Dónde estás?, Adán no contesto, no supo, no quiso, no podía contestar porque, “estoy escondido, porque estoy desnudo”. Desde que Abraham comenzó el itinerario de la fe, comienza también esta actitud y esta respuesta, “¡Abraham, Abraham! Aquí estoy”; y así será a los Patriarcas “¡Moisés, Moisés! Aquí estoy”. Bueno hoy llegamos al Profeta Samuel de niño “¡Samuel, Samuel! Aquí estoy”. Vemos como esa disponibilidad, esa respuesta preciosa para escuchar la voz de Dios, alcanza su plenitud en la Santísima Virgen, e inmensamente luminosa en Jesús “Aquí está, aquí estoy”, aquí está la sierva del Señor, estoy a tus ordenes, estoy a tus ordenes, soy tu servidora “¡Hágase en mí tu Palabra!”

 

El autor de la Carta a los Hebreos, dice que, en un dialogo eterno, el Hijo de Dios le dice a sus Padre, al manifestarle sus proyectos de salvación para los hombres “Aquí estoy para hacer tu voluntad”; y el autor de la Carta a los Hebreos dice “y desde entonces todos nosotros, todos los hombres hemos recibido la gracia de ser Hijos de Dios, de ser hermanos, de ser Iglesia. Bueno hermanos, pero hoy podemos asomarnos a la Palabra que se nos ofrece en una forma más cuidadosa; se trata de la vocación de un gran Profeta; los católicos de habla inglesa, llaman a Samuel, “el artífice de reyes”, su respuesta fue tan comprometida, tan viva, tan valiosa, que Dios lo utilizó como un instrumento para fundar las dinastías de Israel. Sobre todo, sí claro, Samuel, digo Saúl, pero sobre todo el Rey David, es hechura de Samuel.

 

Pero quiero que nos fijemos, perdón que diga ustedes y yo, en este matiz que se nos va, todos en cualquier momento, seamos sabios, seamos dignos, indignos, todos somos instrumento de Dios, podemos ser instrumento valioso de Dios. Y yo quería resaltar la figura de Samuel, como lo hace el texto sagrado pero bajo esta perspectiva, Samuel a su vez es hechura, bueno, de una mujer estéril, Ana, y del sacerdote Elí, ustedes y yo escuchamos como se repetía Elí; era el sacerdote de Shilo estaba al frente del templo, dormía en el santuario, y Elí, él es el que educa, prepara, dirige correctamente a Samuel, para que pueda responder a Dios. Y resalto la figura de Elí, porque en ese momento, él ya se sentía despejado, fracasado, rechazado incluso; aun así fue un instrumento precioso en las manos de Dios, para disponerle a Elí.

 

Como es importante hoy queridos hermanos, que existan personas que colaboren, que en un momento aporten su ser, su saber, su palabra, su experiencia, para que caminen los proyectos de Dios. El caso hoy, brillante, es el Bautista; gracias a la Palabra, gracias al testimonio, gracias al señalamiento que hizo el Bautista entre sus amigos y discípulos acerca de Jesús, resultaron los Apóstoles. De allí vienen, de allí nace, de allí sale El Colegio Apostólico; a partir de Jesús, el misterio de salvación se llamará “Iglesia católica” que es una, santa, católica apostólica.

 

Hoy muchas personas pasándose de listos definen a la Iglesia de muchas maneras, por decir,” la iglesia es santa y pecadora”, es muy cierto, pero de acuerdo a la Revelación: la iglesia es una santa, católica, apostólica; y esa es nuestra definición de Iglesia, y las raíces de Iglesia nos las regaló el Bautista gracias a su buen servicio, gracias a su excelente desempeño, gracias a la correcta percepción e indicación y definición de Jesús “El Cordero de Dios”.

 

A  la Iglesia se le llena el corazón y la palabra  todos los días, al decir, al proclamar a Jesús, “Cordero de Dios”, no hay un solo día en que la Iglesia no lo llame de esa manera, no hay un ministro certificado – un sacerdote católico –  que todos los días al celebrar la Eucaristía no presuma, repita, emocione al pueblo, para seguir viviendo en torno a esta figura “El cordero de Dios”. Y de lo del “Cordero de Dios”, se ilumina toda nuestra vida; yo creo que hoy más que nunca necesitamos en la Iglesia sentir, disfrutar, comprometernos con esta figura, “Cordero de Dios”. Y entonces vendrá, diríamos, sistemáticamente, desde dentro, la armonía de Dios, la paz de Dios, la sencillez divina, la delicadeza.

 

Sabemos que el cordero es el animalito emblemático de la paz, de la no agresión, hemos dicho que todos los animalitos desde la cabecita, sus cuernitos, sus ojitos, sus dientes, colmillitos, sus manitas, sus uñas, sus garras, sus patitas, son defensa, agresividad – se dice que hasta la palomita más candorosa, tiene su gotita de hiel, pone, tiene la hiel y cuidado; el Cordero en cambio, emblemáticamente es tenido como aquel que no agrederá, no se dejará ir, no le quitará nada a nadie; en el momento en que se le agrede se traba, se acalambra y no se defiende.

 

Bueno, volvamos, Jesús “Cordero de Dios” no vino a hacer daño, no le quitó nada a nadie; Jesús dio sabiduría, verdad, acogida, ternura, comunión, sentido de libertad, dignidad; Jesús nos enseñó a servir, a entregarnos, Jesús nos enseñó a amar, este es el cordero de Dios; que bueno que Elí, que bueno que el Bautista, y Él mismo, con el paso de los años, conforme a este relato, se convertirá en el camino, en el mejor maestro, en el único con autoridad y sabiduría para conducirnos a Dios, y para hacernos imagen y semejanza de Dios.

 

Hoy permítanme decir, Dios nuestro Padre es le Cordero infinitamente grande, impecable. Hoy, ayer, cuantas personas no han despreciado, ofendido, amenazado a Dios, cuantas personas no lo han botado, echado a un lado, despreciadisimo ¡no lo necesito! ¡no existe!, no puede, no sabes, está muy lejos si es que esta, el ateísmo y cuanta amargura, ustedes observen  cuanta ponzoña y cuanta amargura siempre habrá en un ateo porque se pierde lo más bello que tiene un ser humano, a Dios, “cordero, riqueza, paz, armonía, comunión.

 

Pedimos hoy a nuestro Señor, a nosotros nos eduque, nos impregne con su santa mansedumbre, con su preciosa humildad para que en este mundo que está tan encrespado, tan violento, tan nervioso, tan expuesto a la ira, a la violencia, nos de la paz infinita, la actitud preciosa del “Cordero de Dios”. Así sea.

 

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