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Homilía de Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco

IV Domingo de Cuaresma

 

21 de marzo de 2021

 

“Señor, queremos ver a Jesús”. Mis queridas hermanas, mis queridos hermanos, hagamos que el hombre de hoy brille, diga, pida: “Queremos ver a Jesús”, queremos ver a Jesús porque hemos oído de la sabiduría, de la hermosura de sus palabras, porque hemos escuchado de su poder amoroso, compasivo en favor de los que sufren; porque nos hemos dado cuenta que hace ver a los ciegos, oír a los sordos, caminar a los paralíticos y curar a todos los enfermos hasta resucitar a los muertos. Cuantos corazones caminan por la vida muertos, y al ver, y al contemplar a Jesús se reaniman, comienza para ellos una esperanza, una luz, otros horizontes, otras actitudes, por eso “queremos ver a Jesús”.

 

El texto utiliza el termino que significaría cumplir con una  curiosidad, sino ver para darse una idea  idéin, queremos tener idéin, una idea clara, una idea luminosa, una experiencia viva de Jesús. Y queridos hermanos después de que se hace todo el trámite de Andrés, Felipe, los griegos llegan donde Jesús; y Él se presenta con ellos como un grano de trigo  – de los granos es de los pequeños, de los más pequeños. Aquí en América el grano más emblemático es el del maíz, frijol, y el grano de trigo es el más pequeño, es pequeño en ese universo de la alimentación humana –  Y un grano que se cae ¿qué vienen a ver? un granito de trigo que se cae hasta la tierra, hasta el suelo, y que muere, pero dará mucho fruto.

 

En seguida el texto sagrado nos dice que se escuchó una voz del cielo, diciendo «“¡No!” Este hombre representa la Gloria de Dios, yo lo voy a glorificar, yo lo voy a resucitar, yo voy a hacer que de mucho fruto, yo voy a hacer que Él resplandezca en medio de la comunidad humana, como la fuente de vida, pan de vida». Del trigo saldrá el pan de la sagrada eucaristía, de las celebraciones de la misa, de ese granito digamos de uva, de ese elemento tan sencillo también como es una uva, saldrá el vino que se convierte en la sangre misma, preciosa de Cristo, que se derramó para perdonar los pecados, y darnos vida eterna. “Queremos ver a Jesús”, quiero que así grite nuestra Diócesis, nuestras comunidades, muchas personas, queremos tener un trato, un conocimiento directo de ese hombre tan modesto, tan humilde como un grano de trigo. Cuando se esperaban los griegos que Jesús se iba a presentar con ellos de esa manera tan sencilla, pero al mismo tiempo tan comprensible, tan edificante, “queremos ver a Jesús”, “Yo soy un granito de trigo”.

 

Pues queridos hermanos, hoy nuestra Diócesis de Texcoco, en la fe, esta querida comunidad, tantas personas que a través de las redes sociales piden nuestras… nuestra querida difusora de Texcoco que hacen llegar este mensaje: nuestra Diócesis clama, nuestra Diócesis suplica “queremos ver a Jesús”, y que lo haga a través de san José. El santo padre Francisco ha dicho: “Dediquemos este año a pensar a conocer, a disfrutar el patrocinio y el apoyo de san José; que todas las Iglesias tengan a san José como una referencia muy fuerte para llegar a Jesús, para aprender de Jesús, para recoger la esencia de Jesús desde abajo.

 

Y queridos hermanos, quisiera junto con ustedes, dar gracias a Dios, porque efectivamente san José ocupa un lugar muy bonito en las familias de Texcoco, de México, junto con la santísima Virgen, aquí pues nuestra Señora de Guadalupe, también la San Juanita, Juquilita, pero es san José  y la Santísima Virgen María. Muchas cosas, ustedes lo saben, aunque sean modestos, muy sencillos los textos de la revelación a cerca de san José, nos dicen que en verdad él es un camino seguro para estar con Cristo, el Salvador, el Hijo de Dios, el Maestro Universal.

 

Yo me permito resaltar algo muy sencillo porque no terminaríamos de estudiar las virtudes de san José; yo quisiera detenerme en este aspecto de la personalidad y de las actitudes y decisiones tan iluminadoras de san José; al darse cuenta de que la Santísima Virgen estaba embarazada y esperando un Hijo, él se desconcertó, sufrió, como que quedó herido, y él sabía que la Santísima Virgen podía ser apedreada por no poder explicar de dónde venía ese niño, y él, lo que decidió fue como hacerse a un lado porque no entendía y quiso retirarse y dejar su hogar

 

Aquí mis queridos hermanos, con esta luz que yo pudiera recibir hoy y que ustedes también pudieran renovar en su corazón, tendríamos ya en san José, un modelo extraordinario. Él, nunca cedió, nunca hizo caso a la tentación de ser un “macho”. Qué bonito todo el universo de ser mujer, ser hombre, ser persona libre, pero él no quiso ser jamás un dominador, un conquistador, por ejemplo de mujeres, o un irresponsable que abandona a su esposa, a su hijo, a su familia, Él renunció a sus sentimientos, a sus percepciones, tal vez necesidades físicas, sexuales él renuncio a sus derechos para ponerse  humildemente, calladito al servicio de María, al servicio de Jesús, él optó por no estropear la vida, la fama, la paz, los derechos, la misión tan grande  – por eso incomprensible –  de la Santísima Virgen, y no se diga del Mesías, de Jesucristo Nuestro Señor.

 

Y queridos hermanos, cuanta luz para el hombre de hoy, para las personas de hoy, para todos nosotros, por eso el texto le reserva algo tan bello, me impresiono ver el texto original en griego, en donde se habla de que María estaba desposada con José, ¡No!, el texto griego dice “María se preparaba, estaba dedicada para José”, María to Yosef, María to Yosef, era para José. Dios también, así como María fue para el Padre, para el Espíritu, para el Mesías, estaba para José; Dios la preparó, Dios la ubicó en una dirección muy bella en el aspecto humano, que se llama José, la Santísima Virgen era para José; que quiero decir con ustedes, que María to México, que María siempre sea nuestra, para nosotros, María to Mexico, María para Texcoco, María para nuestra Patria.

 

Y así mis queridos hermanos, el texto yo creo que de los últimos que se refieren a su vida, él hizo lo que el ángel, porque le dijo “No dudes en María” no dudes de ella, recíbela. Hoy ojalá nosotros escuchemos esta Palabra de Dios: esposos no duden de sus esposas, no duden de su mujer, no duden de ser acogedores de su familia; si nosotros renunciamos, si nosotros vivimos en modestia, Dios hará florecer la familia, Dios realizará sus planes de amor, de sabiduría, de salvación en favor de tantos niños, de todos los niños, en favor de todas las mujeres, que resplandezcan, que se llenen de gloria nuestros hogares como al final del Evangelio dice la Palabra de nuestro  Padre Dios en favor de Jesús “Yo lo voy a glorificar, y lo seguiré glorificando”.

 

Hemos venido a suplicarle a nuestro Padre Dios, glorifique nuestras personas, nuestros niños, las mamás, los esposos, llene de gloria nuestros hogares, que no sean hogares mediocres, tristes, mal educados, problemáticos, sino que sean hogares llenos de luz, llenos de ternura, que la intimidad florezca como algo cotidiano y produzca dulzura, ternura. Para ello pues, todos los que tenemos relación con personas bajo nuestro cuidado, todos los que somos servidores de los demás pensemos en ellos, resguardémoslos, dejemos que lleguen sanos y salvos a su destino, dejemos que cumplan su misión, sus anhelos como José, que dio paso, que dio vía libre, apoyo gozoso a la Santísima Virgen para que llegara a ser la Madre de Dios, la Madre de la Iglesia, la Madre y Reina del cielo, y pues aquí y por siempre. Así sea.

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.

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