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Homilía de Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco

XV Domingo de Tiempo Ordinario

 10 de julio  de 2022

 “Amarás con todo”. Mis queridas hermanas, mis queridos hermanos, como es fascinante el itinerario de Jesús, como es fascinante de verás, todo ese misterio de amor que Dios encarnó, concretizó solamente en Él, en una forma perfecta, porque Él es el Hijo de Dios eterno, Él desde siempre ha recogido y ha valorado, ha cultivado el don de Dios. Y saber que nosotros ahora estamos precisamente llamados a identificarnos, a dejar que Cristo se encarne en nosotros y que por lo tanto  –como el Evangelio hoy nos lo postula– seamos capaces de amar. Amar como Dios, amar desde Dios, amar con Dios.

 De hecho, en el cristianismo queda muy claro que todo viene, todo lo bueno: la vida, el amor, la felicidad, lo grande, viene de Dios; Él nos ha amado, Él nos ha dado, Él nos ha integrado perfectamente a su propio ser, en Jesucristo Nuestro Señor.  Y el cristianismo, la vida, el ejemplo de Jesús es ′de nosotros hacia Dios′, caminar, dirigirnos nosotros, corresponder nosotros, a Dios; y eso es ya una fortaleza, una claridad inmensa que siempre hemos de tener.

 Y llega la tercera vertiente, con ese amor, amarnos a nosotros mismos, amar a nuestros prójimos, amar a quien encontremos, amar con quien nos topemos, amar a quien está con nosotros conviviendo; este es verdaderamente, digamos el movimiento perfecto del amor que solo la Iglesia, que solo Jesucristo nos ha podido regalar. Por eso, que dicha que solo Cristo tuvo la clave, tiene la clave para que nosotros no nos equivoquemos, para que nosotros no  le fallemos a Dios, para que no le fallemos a Jesús, y para que no nos fallemos a notros mismos; porque una persona incapaz de amar, es una persona que se daña, que se frustra a sí misma, y que no tiene futuro, y que no tiene pues ni a donde ir porque no quiere dar, porque no quiere darse

 Hermanos, y hoy como quisiera junto con ustedes, disfrutar esa parábola deliciosa, conocidísima como “El buen samaritano”; y yo creo que en una palabra podemos sintetizar, el amor de este hombre, de este samaritano, que en realidad es una auto biografía de Cristo, en realidad se trata de una confidencia de Jesús; a nosotros nos abrió su corazón, a nosotros nos explicó y nos motivó como debemos amar, y lo hizo a través de este personaje que es Él mismo. ′No ha existido un samaritano como Jesús, no ha existido un personaje como Jesús′.

 Nadie ha tenido todo ese curso, todo ese itinerario de amor como lo tuvo Jesús; primero ver, compadecerse, detenerse, acercarse, acariciar, ungir, tocar las llagas, ofrecer aceite, ofrecer vino, tener la precaución de hacer el vendado sobre las llagas, sobre esas heridas, levantarlo, subirlo a su propia cabalgadura, llevarlo a su propio hotel, o a su propio hospital  –por decirlo de alguna manera–  involucrar a otros que ayuden, que colaboren, que se ocupen de él, sacar dinero, darlo, recomendarlo, no poner límite de gastos y decir: seguiré respondiendo, seguiré atento, pagaré lo de él.

 Queridas hermanas, ustedes y yo hoy, en esta sagrada, en esta hermosa eucaristía pidámosle a Cristo que nos regale ese corazón, que nos regale esas actitudes, que nos regale esa luz, que nos regale esas motivaciones, que nos acompañe, que no nos deje solos ni un instante, porque con una sola cosa que rompamos ya no damos camino al amor. Y les dije, hay una palabra que yo quiero usar con un amor muy grande, honrando a Cristo y a la Iglesia, y decir: ′solo la Iglesia de Cristo ha dado estos signos de buen samaritano a lo largo de la historia′; ahí están las enfermerías de los Monasterios, ahí están los trivios y cuadrivios de las Catedrales, ahí están las Posadas para los caminantes y peregrinos, y ahí están toda la serie de servicios que la Iglesia, ha ido ofreciendo al hombre que ha caído en manos de salteadores.

 Hoy el mundo ha caído en manos de sinvergüenzas, hoy al mundo herido, lo ven  y  pasan de largo los que pueden ayudarlo, los que deben ayudarlo; el hombre de hoy desde muchos aspectos está herido, está ensangrentado, esta tirado, está fuera del camino y no nos detenemos, faltan samaritanos; y la Iglesia hoy en su renovación  –yo he visto–  busca el amor verdadero, profundo, el amor de Cristo; hoy la Iglesia se dispone a convertirse para practicar este tipo de servicios, atenciones, apoyos al ser humano; hoy todos los creyentes  –como ya veíamos un poco en estos domingos–  la Iglesia quiere salir de sus nidos o de sus madrigueras; hoy la Iglesia quiere salir limpia, inocente, dispuesta, generosa, para identificarse con Cristo y acercarse al hombre de hoy,

 Y a este amor, les digo  –y creo que ahí debo callarme–  este amor que debemos nosotros practicar y buscar, es extravagante. Yo quiero aprenderme ese adjetivo de Cristo que solo Él tiene, solo Dios tiene, ′Cristo es extravagante′, no tiene leyes, no tiene corta pisas, no tiene condiciones, no tiene cálculos, no es calculador; ′su amor es extravagante′. Y hoy yo quiero pedirle a Él, que a mí y a todos los creyentes en Él, cristianos, en el asunto del amor, nos haga extravagantes; que nada ni nadie nos condicione cuando se trata de amar, que nada, ni siquiera lo sagrado, nos quite el gozo de amar y de servir a quien lo necesite. Así sea.

 

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