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Al avanzar el año de la Fe, el Santo Padre tuvo el acierto de convocar a toda la Iglesia a un Congreso Internacional de Catequesis. Allí se vio con agradable claridad que la palabra ofrecida en el albor de la vida a los niños es como la primera página de la historia de la Creación: “Hágase la luz”.

Y el mismo Dios que hizo ese regalo fundamental al universo ha hecho brillar su luz íntima en nuestros corazones mediante su lámpara incomparable -puesta en lo más alto de la Creación- que se llama “Jesucristo”.

De hecho, su misterio es tan rico y fascinante que no alcanza la vida para conocerlo y abarcarlo, pues como bien dijo San Agustín: “Sero te novi oh pulchritudo tam antigua et tam nova; y repetía: “¡Que tarde te conocí oh hermosura tan antigua y tan nueva!”.

Hoy la enseñanza de la Iglesia en todos sus niveles tiene que recobrar todo su esplendor y bastedad.

Nos contentábamos con ofrecer una catequesis para recibir algún Sacramento. Claro que todo Sacramento es una gracia increíble. Pero No. La Catequesis es para la vida, para la historia, para hacer historia personal y comunitaria. Y ciertamente, una historia que salve, que dé plenitud, nobleza, bienestar interior, esperanza, trascendencia.

Existe hoy tanto desconcierto y amargura. Porque se nos hizo fácil caminar sin Dios. Creímos poder organizar la vida sin su gracia, sin su verdad infinita y sin su sabiduría trascendente.

Creímos que el Espíritu no nos hacía falta, que podíamos vivir en un estado laico, con educación laica, familia laica y que no pasaba nada. Pues sí pasó: “Que la vida se desplomó y con ella la familia, y también la sociedad”.

Y como si estos problemas no fueran suficientes, en una legislación absurda e irresponsable, vamos por la legalización de las drogas.

Como si no nos interesara la salud, la sensatez, el bien de los niños, de las familias, de los jóvenes.

No fue suficiente tener hijos drogadictos, sino que ahora, para completar el paquete nos faltan niños, papás drogadictos que adornen el universo humano que tanto nos fascina.

El Congreso Mundial de Catequesis, el Santo Padre, los Obispos de todo el mundo, nos ofrecen un camino: “Recobrar, implementar la necesidad de la Catequesis y de toda su hermosura y verdadera actualidad”.

Sólo con la enseñanza de la Fe se puede encender la luz, la luz del alma, del amor, del respeto y de la sociedad limpia y constructiva.

En nuestra provincia eclesiástica, seguiremos luchando porque la luz y la gracia de la Fe se  enciendan desde la niñez.

Que desde niños aprendamos a amar. Aprendamos a vivir, a servir, incluso a adorar.

La Catequesis seguirá siendo la enseñanza más amable y confiable. En la Catequesis está el secreto de tanto bien, incluso, de todo bienestar.

Los y las Catequistas son una esperanza cierta para entregar el patrimonio espiritual y humano de Jesús.

† Juan Manuel Mancilla Sánchez
Obispo de Texcoco
Presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral Profética

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