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Homilía Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo De Texcoco

02 de julio de 2017

El que ama padre o madre sobre mí, no es digno de mí. Queridos hermanos demos gracias a Dios por la luz del evangelio; cuantas veces el evangelio nos convulsiona el alma, nos cuestiona. Yo les confieso que a mí, durante toda mi niñez y juventud este texto me confundía, no me gustaba, ¿cómo voy a querer yo a alguien más que a mi mamá o a mi papá? Con el paso de los años queridos hermanos, creo que por la misericordia de Dios, he entendido que el amor humano existe, es bueno, lo necesitamos, pero es muy chiquito, es imperfecto, tiene áreas que no descubre.

Pongo el caso de los papás, basado en el evangelio, que muchas veces por amor a sus hijos los empujan a la venganza, a la violencia, ¡no te dejes! ¡Tú dale! ¡Tú no te fijes! cuantas veces, incluso, a cosas más graves; se de papás que le han comprado una pistola a su hijo porque se siente inseguro, y bueno, no creo que eso sea bueno, que un padre defienda a su hijo con un arma.

Bueno que nos quede claro, Jesucristo nuestro Divino Señor, esta con su amor perfecto, infinito, con su sabiduría amorosamente infinita está por sobre todos. Y vean hermanos como todo esto responde a la naturaleza del pueblo de Dios. El pueblo de Israel nació del amor, “amarás al Señor tú Dios sobre todas las cosas” En la primera alianza, le llamamos antiguo testamento, la ley suprema: “amarás a Dios sobre todas las cosas”. Ahora que ha llegado Jesús, su hijo, con una fuerza y desde una intimidad preciosa, el primer mandamiento será: Amar a Jesús por sobre todas las personas, a Dios sobre todas las cosas, a Jesús sobre todas las personas. Y en realidad de esta manera, el amor humano se perfecciona, se purifica, se engrandece, alcanza su plenitud.

Cómo nosotros pues, podemos amar a Jesús, él en el evangelio nos explica. Hoy quiero referirme a estos datos que siempre son muy importantes; se trata de amar a Jesús, servir. Y hoy junto con ustedes quiero descubrir un matiz, “recibir a las personas”, eso también es amor, eso es amor. Durante esta semana me toco estar con muchos laicos comprometidos en la visita pastoral, y como me gusto que nuestros agentes de pastoral están preocupados, están comprometiéndose a aprender a recibir, que volvamos a ser acogedores, que volvamos a ser receptivos de las personas, que la iglesia, que los creyentes valoremos una mirada, un saludo, una presencia, y que nos dé gusto recibir a las personas, que nos sintamos felices, honrados por recibir a las personas.

Nuestro Señor nos indicó con mucha claridad esto “el que recibe hoy a este chiquito, al más chiquito, al que sufre, al que pasa, al apóstol, a mi discípulo a mí me recibe”. Junto con ustedes mis queridos hermanos quiero re aprender yo también, a recibir a las personas, saber recibir a las personas, recibirlas en nombre de Dios, recibirlas con delicadeza, recibirlas con humildad, recibirlas con interés. Así, tenemos que revertir la dureza y la violencia del mundo que está cayendo incluso en crueldad.

También hermanos quiero asomarme a la última partecita del Santo Evangelio, a nosotros se nos invita, a los cristianos se nos enseña a disfrutar lo pequeñito, lo sencillo, lo modesto. Cuantas veces en el sistema americano, en el sistema del mundo, está: el puente más grande del mundo, el monte más alto, la carretera más transitada o más bella, la ciudad más esplendida, el sitio turístico más visitado, lo más grande, el artista más grande, el más poderoso, la más poderosa del mundo, los grandes ¡en las finanzas, en la política estos son los grandes! estos son los que cuentan.

Nosotros tenemos que decir: vale más una mamá, una maestra, una catequista escondidita en su cocina o debajo de un arbolito, una sombrita, sentada en unas piedritas enseña, motiva, acompaña, acaricia; eso vale más para la humanidad que las obras de los grandes.

Pero junto con ustedes quiero otra vez sentir el gozo del evangelio, lo chiquito, lo insignificante, los chiquitos, los insignificantes, un valor infinito, valor divino, vasito de agua, la monedita, la barquita, pescadito, granito, y el más chiquito trigo, mostaza, pedacito de pan, una charolita otra vez, una ancianita, una monedita, un denario, la correa de las sandalias, el pajarito, los pajarillos, las florecitas del campo. Ya a nuestro nivel, pues, volvamos a trabajar el saludo, la sonrisa, una mejilla, vean como Cristo incluso decía “aunque no den a manos llenas” nunca nos dijo den a dos manos, no, dijo mira “con que des con tu mano derecha y que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha, con eso, Dios te vio, con eso, él te valoro; una ovejita, un pasito que demos, una palabra.

En la fiesta de san Antonio a mí me impresionaba como todo un texto de san Pablo, decía: “Cristo es la palabra más chiquita de Dios, y lo traducían “si”, en Cristo Dios dijo ¡sí!, ese si de Dios es salvación universal, salvación perfecta, ya con que Dios, a nosotros los hombres, nos haya dado el , tenemos acceso, horizonte de vida, de felicidad. Que tú palabra sea sí, recomendaba él mismo, nuestro Divino Señor. Ayer en el evangelio, una palabrita tuya, aquí también pues, nosotros hermanos, muchas personas necesitan nuestra sonrisa, nuestro sí.

No lo escondamos, no nos neguemos a buscar, a ofrecer esa pequeña palabra que hace agrado a Dios, salvación para nuestros hermanos. Así sea.

 

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