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HOMILÍA MONS. JUAN MANUEL MANCILLA SÁNCHEZ, OBISPO DE TEXCOCO

29 diciembre de 2019

“Se le llamará Nazareno”.

Hoy los judíos a nosotros nos llaman “del Nazareno”, los que siguen, creen en el Nazareno; se cumple la escritura, los profetas, y también la terminología moderna que a nosotros nos conoce como los Nazarenos. Queridos hermanos, asomémonos a este tema precioso de la familia, que así como la persona, ese espacio sagrado, es un lugar bendecido, es proyecto de Dios. 

Recordemos que los grandes de la tierra siempre han estado pegándole a la persona, a los niños, a la familia, a los pueblos y comunidades, como que les molesta ver la paz, el candor, las relaciones humanas constructivas, y por eso vemos ese historial tan triste: los Faraones, Herodes, y hoy, el nuevo orden mundial que tiene que meter abortos y divorcios, y descomposiciones sociales para no dejarnos ser imagen de Dios, ver la alegría de Dios en cada persona y en cada espacio por chiquito que sea, como es la familia.

Pero bueno, el texto del Sirácides nos habla de que cuando está el papá, cuando está la mamá, cuando están los hermanos, cuando están los hijos, el Señor da honor; esto ya no lo conocemos casi, que pena, los cristianos sí. Todo cristiano es una persona digna, es una persona honorable, es una persona honesta, y le estamos pidiendo al Señor que así siga siendo en todas las familias cristianas; el honor, se honra al papá, se honra y se respeta a la esposa, a los hijos, y eso trae pues, una experiencia muy bonita de alegría, encontrará alegría en sus hijos, y su oración será siempre escuchada, viene todo en relación a los hijos, en relación a la esposa, en relación al marido, pero todo se resume en el gran vínculo del amor.

El Salmo es muy bello porque tiene la sencillez de la enseñanza en los pueblos; una familia va a tener su parcela, su viña, su labor, sus arbolitos, -el olivo, la parra- va a tener también los frutos, los frutos de su trabajo, de su sudor y todo desemboca en la casa –la esposa, los hijos– y la mesa, el progreso de la ciudad. Por eso hoy nosotros hacemos tanta oración por nuestras familias, para que no se pierdan todos los elementos constitutivos de la paz, de incluso, progreso que puede tener una familia.

En lo que se refiere pues a la Sagrada Familia, hoy aparece protagonizando mucho el caminar, el esquema de la familia, José. Como necesitamos en México insistir en las figuras fundamentales ~el papá, la mamá~ que no se nos dispare, que por decir, la mamá lo es todo, o que tampoco en un momento el esquema patriarcal, papá sea el que predomine; son equilibrios queridos hermanos, se trata de hacer un equilibrio muy bello del Plan de Dios.

Pero quiero fijarme en san José, junto con ustedes, como, en pocas palabras fue una persona muy noble, fue una persona muy humana, sensible, capaz de descubrir los caminos de Dios, pues hasta en sueños; su delicadeza de persona fue tan grande que con una señita de Dios, él tomaba al niño, a su madre, los protegía, los conducía, los escondía en el momento en que, y esta es una imagen muy bonita, porque hay veces que quisiéramos estar en el candelero, en el centro a toda hora, y pues hay momentos, como decía el salmista “A la sombra de tus alas escóndeme”, hay momentos en que vale la pena vivir con modestia, resguardarse y resguardar a los demás. 

En una familia se tiene esa sabiduría tan bonita, cuando hay que, por decir en un bautizo pues presumir al niño, tres años, XV años, que bonito que los papás presumen, presentan a sus hijos; ahora ya estamos viendo que también los jóvenes, hombres, varones den gracias porque llegan a una etapa pues bonita, de juventud, ir saliendo de la niñez, consolidando la niñez para llegar a la juventud; las bodas, los matrimonios tenemos que presumirlos, tenemos que dar gracias a Dios porque no se ha acabado el amor. Y entonces también cuando una persona tiene alguna pena, que muere, pues en público decir –nos duele, nos pega el que en este momento ya no puede estar con nosotros un ser querido– y entonces la iglesia entra, te consuela, intercede y sigue valorando la vida de las personas que han muerto.

Bueno, quedémonos con esta imagen preciosa del Padre. En México vamos a tener que trabajar más por los equilibrios, que no todo se descargue y también pues digámoslo los aplausos san para la mamá, sino que el papá entre, que el papá cuide, que el papá esté presente, que el papá abrace al niño, a su madre, que el papá se plante, que el papá no se vaya, y que el papá sea una señal de la Providencia de Nuestro Divino Señor.

En lo que se refiere pues a este viaje a Egipto, les comparto ojalá brevemente, hay un cuadro muy bello de Lico Lidiemerson en donde aparece la Santísima Virgen en Egipto, aparece abrazando al niño junto -allí en las Pirámides- junto a la Esfinge, y el resplandor del niño ilumina el rostro de la Esfinge; ustedes saben que sobre todo la Esfinge es un emblema egipcio, es un símbolo de Egipto, al final un símbolo de la condición, de la naturaleza humana; todos sabemos que la Esfinge es mitad –por decirlo– serpiente, pájaro de grandes alas, león y ser humano, esto como que es un emblema del ser humano.

Todos llevamos venenos, crueldades, ilusiones, alas o falsas ilusiones, grandezas, pero lo que más necesitamos “rostro humano” –humanos– Y todas estas contradicciones, tan absurdas a veces, quedaran iluminadas por el Mesías, por la inocencia, por la divinidad, por la sabiduría de Jesucristo. Pues que nosotros también acojamos, dejemos que Jesús se acerque a iluminarnos en todas nuestras grandezas y miserias, y Él nos transforme y nos redima. Así sea.

 

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