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LECTIO DIVINA

DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO

19 de junio de 2022

“En la Diócesis de Texcoco, nos reconocemos, valoramos y aceptamos como personas para ser casa y escuela de comunión”

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Señor, te pedimos que nos des entendimiento para saber reconocerte y valorarte, y a sí, poder amarte de verdad, con todo el corazón, y amándote, podamos amar a nuestros hermanos. Todo esto te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

LECTURA DEL TEXTO BÍBLICO (Lc 9, 18-24)

¿Qué dice el texto?

Un día en que Jesús, acompañado de sus discípulos, había ido a un lugar solitario para orar, les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos contestaron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías, y otros, que alguno de los antiguos profetas que ha resucitado”.

Él les dijo: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Respondió Pedro: “El Mesías de Dios”. Él les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie. Después les dijo: “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día”.

Luego, dirigiéndose a la multitud, les dijo: “Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga. Pues el que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, ése la encontrará”.

Palabra del Señor.

Contexto bíblico

El Evangelio de hoy retoma el mismo asunto de la opinión de la gente sobre Jesús. A partir de la opinión de Herodes: “Cuando el tetrarca Herodes se enteró de todo lo que sucedía, quedó muy confundido, porque algunos decían que Juan el Bautista había resucitado de entre los muertos; otros que se había aparecido Elías y otros afirmaban que había resucitado algunos de los antiguos profetas”. Herodes decía: “a Juan lo decapité yo”. Entonces “¿quién es este del que oigo decir todo esto?” Y trataba de ver a Jesús” (9, 7-9). Hoy es el mismo Jesús quien pregunta qué dice la opinión pública, y los apóstoles responden dando la misma opinión que Herodes.

La lectura de hoy encuentra un lugar clave en el Evangelio de san Lucas: el capítulo que concluye el ministerio mesiánico de Jesús en Galilea (Lc 4, 14-9,50), antes de la gran sección del camino a Jerusalén (9, 51-19, 27), que es el programa de formación de los discípulos en el Evangelio lucano. Este pasaje es clave, programático, para comprender todo el itinerario de discipulado que se realizará a lo largo de la subida a Jerusalén. En seguida viene el primer anuncio de la pasión, de la muerte y de la resurrección de Jesús.

Texto bíblico

A) ¿Quién dice la gente que soy?

La pregunta de Jesús después de la oración. Estando una vez orando a solas, en compañía de los discípulos, les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?” (v. 18). En el Evangelio de san Lucas, en varias oportunidades importantes y decisivas Jesús aparece orando: en el bautismo, cuando asume su misión (Lc 3, 21); en los 40 días en el desierto, cuando vence las tentaciones del diablo con la luz de la Palabra de Dios (Lc 4, 1-13); por la noche, antes de escoger a los doce apóstoles (Lc 6, 12); en la transfiguración, cuando con Moisés y Elías conversa sobre la pasión en Jerusalén (Lc 9, 29); en el huerto, cuando se enfrenta a la agonía (Lc 22, 39-46); en la cruz, cuando pide perdón por el soldado (Lc 23, 34) y entrega el espíritu a Dios (Lc 23, 46).

La opinión de la gente sobre Jesús. Ellos respondieron: “Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, algunos de los antiguos profetas han resucitado.” (v. 19). Al igual que Herodes, muchos pensaban que Juan Bautista hubiera resucitado en Jesús. Era creencia común que el profeta Elías tenía que volver (Mt 17, 10-13; Mc 9, 11-12; Mt 3, 23-24). Y todos alimentaban la esperanza de la venida del profeta prometido por Moisés (Dt 18, 15). Respuestas insuficientes.

B) ¿Y Ustedes quién dicen que soy yo?

La pregunta de Jesús a los discípulos. Después de oír las opiniones de los demás, Jesús pregunta: Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?”. Pedro respondió: “¡El Mesías de Dios!” (v. 20). Pedro reconoce que Jesús es aquel que la gente está esperando y que viene a realizar las promesas. San Lucas omite la reacción de Pedro tentando de disuadir a Jesús a que siguiera por el camino de la cruz y omite también la dura crítica de Jesús a Pedro (Mc 8, 32-33; Mt 16, 22-23).

La prohibición de revelar que Jesús es el Mesías de Dios. “Pero les mandó enérgicamente que no se lo dijeran a nadie” (v. 21). Les está prohibido el que revelen a la gente que Jesús es el Mesías de Dios. ¿Por qué Jesús lo prohibió? Es que, en aquel tiempo, como ya vimos, todos esperaban la venida del Mesías, pero cada uno a su manera: unos como rey, otros como sacerdote, otros como doctor, guerrero, juez, o ¡profeta! Nadie parecía estar esperando al Mesías siervo, anunciado por Isaías (Is 42, 1-9). Quien insiste en mantener la idea de Pedro, esto es, del Mesías glorioso sin la cruz, no va a entender nada y nunca llegará a tomar la actitud del verdadero discípulo. Continuará ciego, como Pedro, cambiando a la gente por un árbol (Mc 8, 24). Pues sin la cruz es imposible entender quién es Jesús y qué significa seguir a Jesús. Por esto, Jesús insiste de nuevo en la Cruz y hace el segundo anuncio de su pasión, muerte y resurrección.

C) El Hijo del hombre debe sufrir

El segundo anuncio de la pasión. Y Jesús añadió: "El Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día.” (v. 22). La comprensión plena del seguimiento de Jesús no se obtiene por la instrucción teórica, sino por el compromiso práctico, caminando con él por el camino del servicio, desde Galilea hasta Jerusalén. El camino del seguimiento es el camino de la entrega, del abandono, del servicio, de la disponibilidad, de la aceptación del conflicto, sabiendo que habrá resurrección. La cruz no es un accidente de camino, sino que forma parte del camino. ¡Pues en un mundo organizado desde el egoísmo, el amor y el servicio sólo pueden existir crucificados! Quien hace de su vida un servicio a los demás, incomoda a los que viven agarrados a los privilegios, y sufre.

D) Si alguno quiere acompañarme, no se busque a sí mismo

“Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga. Pues el que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, ése la encontrará” (vv. 23-24). Toma tu cruz (cada día), esta frase está cargada con (comprensible), afecto alegórico y devocional. El problema radica en el hecho de que la cruz es la pieza central del plan de redención, la misión de Jesús en su primera venida y básicamente el centro de nuestras vidas.

El camino de la cruz es un camino a la perdición. Es una ruta, que una vez tomada no se puede revertir. Tú no agarras una cruz y la colocas en posición horizontal cuando te sientas cansado. Tú toma una cruz y estás en una marcha a la muerte. Y todo el mundo sabía eso. Y para ellos, la cruz aún no estaba cargada con sentimentalismo sino con repugnancia.

De esta manera el seguidor de Jesucristo debe empezar por negarse a sí mismo. Esto quiere decir renunciar a todas las malas costumbres, eliminar del corazón el apego a los bienes materiales (dinero, lujos, gloria entre los humanos, poderes y otros), no alimentar en sí malos deseos, aplastar los malos pensamientos, evitar situaciones conducentes al pecado, no hacer nada por terquedad o por amor propio sino hacer todo por amor a Dios y para la gloria de su santo nombre.

Llevar la cruz significa no solamente sobrellevar pacientemente todas las dificultades que nos suceden por circunstancias que no dependen de nosotros sino, además, imponernos tareas a nuestra medida en consonancia con la Palabra de Dios y necesarios para nuestro perfeccionamiento espiritual.

Preguntas para la lectura:

¿A dónde fue Jesús a orar?

¿Qué les pregunta a sus discípulos?

¿Qué contestaron los discípulos?

¿Qué les anunció a sus discípulos?

¿Qué le dijo a la multitud?

II. MEDITACIÓN (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)

  • ¿Trato de orar como oró Jesús?
  • Para mí, ¿quién es Jesucristo?
  • ¿Lo reconozco como mi salvador?
  • Cuando Cristo nos invita a seguirlo, ¿lo hago con amor?
  • Si tengo sufrimientos, ¿se los ofrezco a Dios?

 III. ORACIÓN (Qué le respondo al Señor, qué le respondemos al Señor)

Gracias Señor, porque nos invitas a seguirte y a ofrecer nuestra vida por Ti. Gracias por todo lo que nos regalas y nos das por amor, y por darnos la capacidad para reconocerte y amarte cada día más. Gracias por el amor de nuestras familias. Por eso te damos gracias. Gracias Señor, gracias Señor.

Perdón Señor, por no reconocerte como nuestro Señor, por llevar el peso de la cruz con dolor y no con amor como lo mereces. Perdón por las injurias, por no saber obedecerte, y por todos los momentos de desaliento. Perdón por las veces que hemos ofendido al prójimo, por eso te pedimos perdón. Perdón Señor, perdón Señor.

IV. CONTEMPLACIÓN ¿Cómo interiorizo el mensaje? ¿Cómo interiorizamos el mensaje?

  • A Jesús retirándose a orar a un lugar solitario.
  • A Jesús haciéndole preguntas a sus discípulos.
  • A Pedro respondiéndole a Jesús.
  • A Jesús anunciando su muerte.
  • A ti que eres invitado a cargar la cruz.

V. ACCIÓN ¿A qué me comprometo? ¿A qué nos comprometemos?

Intenciones del Santo Padre para el mes de junio

Por las familias

Recemos las familias cristianas de todo el mundo, para que, con gestos concretos, vivan la gratuidad del amor y la santidad de la vida cristiana.

Intención personal: Reconocer a Jesús como mi Señor, el motivo de mi existir, y que esto me lleve a entregarme más a Él con un corazón abierto siempre hacia a mis hermanos.

Intención comunitaria: Descubrir la figura de Jesús en mis pequeñas comunidades, dando siempre un buen testimonio cristiano ante mis hermanos.

 

 

Quiénes Somos:

La Diócesis de Texcoco es una Iglesia misionera, que fiel a Cristo y presidida por su Obispo, integra a través de estructuras de comunión y participación a todos los bautizados y hombres de buena voluntad, que con la riqueza de sus dones y carismas, evangelizan y hacen presente el Reino de Dios.

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